jueves, 4 de octubre de 2007

El mundillo colateral de la escalada

Cuando llevas un tiempo en esto, si de verdad te apasiona, hay ciertos temas de conversación, lugares, personajes... que empiezan a formar parte de la vida "civil" de un escalador. Así, poco a poco, el cochazo de tus sueños va incrementando su carga aerodinámica, su tamaño y pasa a incluir cama, calefacción electrostática, cocina... y ya no anhelaremos tener un buga pintón, sino una Vito Marco Polo, o una California, diremos incluso, por esos bares de Dios, que nos conformaríamos con una Traffic Generation o una Transporter Multivan y que en el peor de los casos podríamos llegar a ser felices con una Kangoo, Berlingo o similar...

Decathlon, pasará a convertirse en nuestra gran superficie favorita y en nuestro principal proveedor oficial, llegaremos incluso a controlar de precios y las esporádicas ofertas de pies de gato, sobre todo del modelo Anasazi de Five Ten, serán comentadas a nuestros colegas como si se tratara de una información valiosísima.

Los escaladores también tenemos nuestros bares, no sé sabe a veces muy bien porqué se empezó la tradición de ir a esos en concreto y no a otros que casi están pared con pared, pero esas son cuestiones que nadie comenta en voz alta. El Manolo y La Chopera en Patones y Casa Manín en Manzanares, constituyen la reunión final y común a todas las vías de escalada de sus respectivas escuelas... (Siento, a cuento de lo anterior que deje el bar de La Chopera la familia que, hasta el último domingo de septiembre, lo gestionaba... encantadores, amables, serviciales, con una comida casera excelente y unos bocadillos generosos... una pena)

La zapatería de Domingo, en la calle Alcántara, es otro de esos sitios en los que por narices un día acabas cruzando por la puerta para recauchutar los maltratados gatos... No es barato, más menos lo que otros, pero es muy rápido y tiene ese regusto auténtico y artesanal que no tiene el resto, pues en ningún otro establecimiento van a coincidir gente tan dispar como los escaladores y las señoras que quieren cambiar las tapas de sus zapatos... todos vamos allí, y nos sentimos en nuestro territorio.

Al año más o menos de escalar, lo normal, es que todos huyamos del gimnasio tradicional y acabemos siendo habituales de otro lugar de entrenamiento más específico... Los Rocódromos, allí se entrena, se establecen contactos y una vez más estamos entre nuestra especie... si bien es verdad, que también se cuelan algunos elementos que hay que echar de comer aparte.

Por último y para acabar con la metamorfosis que conlleva la transformación en escalador, otra cosa que cambia y mucho, y que además es de la que más engancha, es nuestro concepto de unas vacaciones... Dejaremos de identificar viaje con sobre esfuerzo económico y así, huiremos de los hoteles y las pensiones y en sustitución entrarán en juego las furgonetas, las tiendas de campaña o simplemente una colchoneta bajo el cielo estrellado. Está al alcance del bolsillo más anoréxico, y lejos de ser incómodo, estos "alojamientos" forman una parte importante de los placeres de nuestro viaje, una pieza más del todo que nos hace volver con ganas de más. El destino puede ser cualquier lugar, y la decisión de a donde ir tendrá que ver bastante con la estación del año en la que nos encontremos, buscando el Norte durante los rigores del estío y el Sur cuando tiritemos de frío en el invierno... Experiencias que nos ampliaran horizontes, abrirán nuestras mentes y terminan de de "convertirnos" en lo que somos.

1 comentario:

Fer dijo...

Muy bueno lo de la zapatería Domingo.
Hace tiempo escribí sobre ella:

http://skyrun.blogspot.com/2006/12/gatos-kilmetro-cero.html

Slds