lunes, 25 de marzo de 2019

Bitácora Vertical en globo

 
Dicen que en esta vida hay que tener un hijo, plantar un árbol, escribir un libro y montar en globo... Que si no haces al menos estas cosas es como si no hubieras estado aquí.

Gema ha escrito una tesis. Yo, de cuando en cuando, tecleo cosas en Bitácora Vertical (el mejor blog de la historia) y, en nuestra terraza carabanchelera a falta de jardín, convivimos con una buena selección de árboles que hemos plantado en macetas.  Resumiendo: se puede decir que teniendo resuelto el tema del libro y el de los árboles, nos faltaba montar en globo y tener un hijo para certificar que estamos teniendo una vida, y que la disfrutamos todo lo que podemos. Lo del hijo... en fin, tampoco hay que creerse todo lo que dicen.

A veces las oportunidades llegan sin buscarlas, son pequeños regalitos de la vida en compensación por esos otros momentos en los que te endiña una buena bofetada a mano abierta.

Esa oportunidad llegó, se la ofrecieron a Gema y a mi me aceptaban a bordo como consorte. En esas, a ver quién le pone pegas a tener que estar a las 7 de la mañana en Segovia o a tener que levantarse a las 5 un sábado, cuando lo que tienes por delante es la posibilidad de dar un paseo por las nubes a bordo del invento que permitió al hombre volar por primera vez allá por 1783.  

A las cinco de la mañana, es bastante probable que en otra época hubiéramos estado aun dando botes en algún "pafeto" lleno de humo con una copa agarrada bien firme en la mano.  La vida es un viaje con estaciones que hay que saber disfrutar y de las que hay que saber despedirse. No añoro nada de aquello pero me alegro de haberlo vivido como lo viví. En realidad, lo más importante de las etapas que se van viviendo es con quien se vivan y yo en eso tengo desde hace unos años mucha, mucha suerte.

Como somos un desastre, salimos de Madrid bastante por encima del horario menos optimista y el GPS calculaba una hora de llegada a Segovia más allá del horario límite. Eso  me obliga a pisar el acelerador de La Fiera por encima de los legal y volar por el asfalto mientras el estrés diluye el sueño y se echa una carrera contra el minutero del reloj.
 


Cuando llegamos al campo de despegue apenas superamos en 8 minutos las 7 de la mañana, por suerte, los de la compañía globera saben de la impuntualidad endémica en esta piel de toro y convocan a los pasajeros con bastante margen de tiempo para asegurarse la presencia de todos en el momento del despegue.

De hecho, cuando llegamos, aun se están desplegando las telas de la mayor parte de los globos y sólo unos pocos están iniciando el proceso de inflado.

Nos reunimos en el campo de despegue con Paloma, compañera de globo y de trabajo de Gema,  con su hija y con su chico que han venido a acompañarla, y que nos harán el grandísimo favor de cuidar de Pepa mientras dure nuestro paseo por las nubes.

 Aun está amaneciendo pero ya no queda nada de sueño en nuestros cuerpos.

Segovia al amanecer desde el campo de despegue.
 
Pepa es muy afortunada de quedarse al cuidado de estos chicos tan estupendos.  Muchísimas Gracias Arancha y Toñín.

10 de los 12 pasajeros de nuestro globo, falta el piloto y el mecenas que estaba haciendo la foto  (gracias, gracias, gracias).
Paseando con Pepa por el campo de despegue.
 
De entre todos, por fin nos señalan la que será nuestra aeronave.  Poco a poco infla sus músculos y se prepara para acogernos.

Esta foto parece un pasada por Photoshop o sacada de un decorado, pero es tal cual, un disparo afortunado.

Se va acercando la hora.  Las máquinas aerostáticas están casi listas.

Por fin nos llega el turno de embarcar o englobar o como quiera que se diga.

Mientras embarcamos otros globos van izando el vuelo. Pronto nos uniremos a ellos.

Nuestro piloto ofreciendo las instrucciones de aterrizaje. Este caballero es un crack en lo suyo y el acto de aterrizar no fue más brusco que el de apoyar el pie en el suelo al dar un paso.

Primeros globos al aire... pronto nos uniremos a ellos.

¡Globo al aire!

Desde el aire vemos a Arancha y Toñín marchar a darse una vuelta con Pepa

Campo de despegue desde el aire

Poquito a poco nuestra vista no encuentra más obstáculo que el horizonte.  Alcazar de Segovia con Zamarramala al fondo.

Iglesia de la Vera Cruz.  La foto no vale nada, pero esta pequeña iglesia tiene una historia de lo más interesante.

Esto es la famosa "vista de pájaro" que ahora compartimos con ellos.

Muy al fondo y entre la bruma, se distingue perfectamente el acueducto de Segovia.  De haber tenido otros vientos nuestro rumbo nos hubiera llevado a cruzar la ciudad.

Desde la barquilla del globo particpamos asombrados de la magia de volar sin ruido y a perspectivas que normalmente no nos pertenecen.

Pronto llegará el momento de perder altura y volver a poner los pies en la tierra.

A la hora de aterrizar, los globeros buscan el sitio donde el impacto sea menor y no altere la paz con los propietarios de las tierras de cultivo.  En nuestro caso, el campo en barbecho que asoma a la izquierda de la imagen.

Llegado el momento, a tavés de una maroma, se descubre la cúpula del globo para permitir que escape el aire caliente.



Una vez aterrizados toca arrimar el hombro colaborando en el plegado del globo bajo las instrucciones de nuestro piloto y la asistencia de tierra que nos viene a buscar.
 
Como celebración del vuelo, y como manda la tradición iniciada tras el primer vuelo tripulado por Pilâtre de Rozier y el Marqués d’Arlandes, somos invitados a champán y a un pequeño tentempié que es bien recibido por nuestros estómagos vacíos.
 
Para completar la mañana, nos falta ser trasladados de vuelta al campo de despegue y reencontrarnos con Pepa, Arancha y Toñín. El indispensable paseo a pie por esta bonita joya castellana y terminar de rellenar nuestros vacíos estómagos con un buen desayuno en la plaza de la catedral.
 
Tienen razón quienes dicen que darse una vuelta en globo, es algo que no hay que perderse al menos una vez en la vida. Nosotros nos lo habíamos llegado a plantear cuando visitamos Capadocia, en nuestro viaje a Turquía, pero en aquella ocasión, nos acabamos conformando con disfrutar del también muy recomendable espectáculo de ver los globos despegar al amanecer.  
 
Quien nos iba a decir  que un día seríamos nosotros los pasajeros de una de esas barquillas, y que sería en Segovia donde nos daríamos nuestro primer paseo por las nubes.  Lo que está claro, es que nunca olvidaremos este día que ya forma parte de nuestra historia personal.
 

lunes, 21 de enero de 2019

Nuestro Renault 4 latas - "MIHail" - Presentación.

Gema, Pepa y yo camino
 de la casa de Campo
Me gustan los coches, podría decirse que igual que a mucha gente, pero a diferencia de la mayoría de los que suspiran por ingenios mecánicos a la vanguardia de la tecnología, a mi me gustan los coches a la vanguardia de lo espartano: mecánica pura sin electrónica (o casi) y rebosantes de personalidad estética. Esos que ya no existen, y de entre ellos, especialmente, aquellos que están en lo que mi colega Pachi denomina "paisaje de formación":  Los coches que en los 70, 80 y primeros 90 fueron los amos y señores de las carreteras españolas.

Me refiero a los Land Rover fabricados por Santana, a los Seat 1500 y por supuesto los 600, a los Citroën dos caballos y sobre todo, y especialmente a los Volkswagen escarabajo y a los Renault 4.

De los cuatro latas me gustan todas las versiones, pero pudiendo elegir, me quedo con los fabricados en España, y de entre ellos, por aquello de las prestaciones, con las últimas series,   cuando ya contaban con el motor de 1.100 centímetros cúbicos, alternador y algunas comodidades "lujosas" como los limpia parabrisas eléctricos, los reposacabezas, la luneta térmica y el radiocassete.

Mi chica ya sufrió junto a mí de esta enfermedad en la que recaigo cíclicamente y que me lleva a apurar los últimos momentos de consciencia antes de caer dormido, en rebuscar en las web de segunda mano el cuatro latas adecuado para adoptar. Abro paréntesis, este es el momento de reconocer que no tengo conocimientos mecánicos, ni ningún instinto ni intuición innata para atinar con mis arrebatos cuatrolateros. Sigamos con la historia. Así que, arrastrada por mi locura, Gema se embarcó junto a mí en 2014 en la compra de un viejo R4, ni más ni menos que en Lugo.

No fue esta la primera vez. Poco antes, acompañados por nuestra amiga Zulema, tentado estuve de comprar un cadáver de 4 latas que reposaba en Muñopedro. La cosa acabó en excursión y comida en un chino en Segovia. En resumidas cuentas, un buen día. 

Tampoco guardo un mal recuerdo de un R4 amarillo con franjas negras que creímos tener comprado, esta vez en La Coruña.  Hasta allí fuimos en un viaje de fin de semana acompañados de mis padres y por supuesto Pepa...  El coche estaba bien. Mi padre y yo le dimos una vuelta y no supimos encontrarle ningún defecto, pero... a la hora de pagar, resulta que el coche no estaba a nombre del vendedor.  Saltan las alarmas, es fin de semana, Tráfico y gestorías cerradas y el dueño legal no aparece... Abortamos misión, coitus interruptus. Casi me sale una úlcera. Gema, y mis padres establecen la atmósfera propicia para digerir la experiencia como un viaje familiar, que por otro lado, salió francamente bien salvo por una mala noticia laboral que por casualidad coincidió en el tiempo.

Como iba contando, aquellas idas y venidas acabaron llevándonos de nuevo a Galicia, y finalmente sí, en una aldea de Lugo, la tierra de mi abuelo Román, compramos un 4 latas de color rojo, el que más me gustaba entonces, una unidad del año 1988. Aquel coche, de nombre LUKas no lo hemos llegamos a disfrutar (aún); llegó muy malito mecánicamente y además sufrió la fiebre "Gas Monkey Garage" mezclada con "Joyas Sobre Ruedas" que me llevó, junto a mi colega y vecino  Richar, a desmontarlo casi en su totalidad. De eso hace ya 4 años, y así sigue.  Richar tuvo que emigrar y me quede sólo ante un proyecto que exige  más de dos manos para salir adelante. El resultado es un puzle mecánico esperando una nueva oportunidad.


LUKas con la carrocería separada del chasis
Pasó el tiempo y  me enfoqué en otras cosas, pero los humanos siempre volvemos al lugar del crimen y yo volvía a recaer en la fiebre de mirar coches decrépitos en webs de segundamano. Así, durante meses y más meses, hasta que un día, estando yo con un catarro del copón y la mente un poco confundida, vi un R4 azul por un dinero que me podía permitir, con la ITV pasada y  estado funcional, aunque muy necesitado de cuidados urgentes.  El virus me dio fuerte y como siempre, Gema no me dejó caer sólo...  De nuevo se subió al carro de algo que una mente racional y práctica como la suya no puede procesar,  y que no le llamaría la atención si no fuera porque es una cosa que quiere hacer conmigo. En su escala de valores ese es el único argumento convincente y aunque he tratado firmemente de disuadirla, a mí también me gusta que sea un proyecto de los dos.

Cuando MIHail conoció a LUKas
MIHail, que así se llama nuestro "nuevo" cuatro latas, estaba peor de lo que decía el anuncio, bastante peor de hecho, pero lo hubieramos comprado igualmente, fue un amor a primera vista.  Si esto hubiera sido algo racional, al menos podría haber negociado el precio a la baja, pero no pude. Fui 100% impulsivo.

Así pues Gema y yo, cuatro años después, volvimos a comprar un cascajo, que sabe Dios como, había pasado la ITV el día anterior.  Dice el informe técnico que el coche no emite humos y que frena de puta madre.    Es difícil mentir tanto en tan pocas palabras. Un amigo del alma o un familiar del vendedor, es nuestra apuesta.

A pesar de todo, si hubiéramos sido advertidos de todos y cada uno de los innumerables problemas que arrastraba el coche, igualmente lo hubiéramos comprado, y es que el trasto nos encantó y pide a gritos volver a la carretera y que lo quieran un poco. Luego esta aquello de  que en la vida cada uno elige su estilo y eso que también cuentan de lo que pasa con el karma.



MIHail recién llegado al barrio. Si se observa bien el tubo de escape está colgando del vacío porqué falta un silentbloc.

Presentación en sociedad en la Casa del Reloj, el lugar donde trabajó el padre de Gema, en una operación Kilo municipal, en la que había que llevar los alimentos a bordo de coches clásicos.
La chapa presenta varios problemas de bollos y decoloración de la pintura, este coche  parece no haber visitado al chapista en décadas.  Lo más sorprendente es la ausencia casi total de pintura en el techo y en la parte exterior del capot, casi parece como si lo hubieran estado lijando para pintarlo.  

Vista del motor desde detrás.  Tiene buen aspecto, está limpio y parece impoluto. Según el anuncio tiene el  "motor hecho".  Todo el anuncio es un cúmulo de mentiras. Lo sentimos más por el chaval que nos lo vendió que por nosotros, si da con otros hubiera tenido un serio problema. Sí se observa que el líquido refrigerante está al mínimo aunque según nos cuentan el circuito está limpio y el líquido recién puesto. Todo es pura apariencia: El coche no ha  hecho más que 140 kilómetros desde la ITV del 2017, fecha que curiosamente coincide con el día en el que se hizo la anterior compraventa. En cuanto lo movemos un poco, el color rosa se vuelve color tierra y detectamos una pequeña fuga en el manguito inferior. Los cables de las bujías van dando chispazos a quien osa tocarlos, los platinos quemados, el carburador, supuestamente nuevo, fuera de punto y lleno de mierda...  Y con todo, una vez arrancado y mantenido el ralentí con el estárter, el motor suena redondo. El corazón de este cuatro latas ruje con firmeza. Este coche pide a gritos una nueva oportunidad con unos nuevos dueños.  

domingo, 23 de diciembre de 2018

¡Silencio,... Sorrueda!. Escalada en Gran Canaria.



Algo se remueve dentro de mí cada vez que piso el suelo de Gran Canaria, algo muy emocional, algo bueno. Y sin embargo,  es un sentimiento que siempre me pilla por sorpresa y me cuesta procesar. 

Tampoco es la primera vez para Gema, en 2011 vinimos con ganas de disfrutar juntos de un territorio que hasta ese momento era patrimonio exclusivo de mis recuerdos y desde entonces forma parte del tablero de operaciones común.

Hemos alquilado un coche, queremos ser plenamente autónomos para ir a donde nos de la gana  sin  molestar a nadie ni depender de horarios, también es que La Sorrueda está donde "Cristo perdió el mechero" en una carretera que allí denominan "De los cuchillos" revirada y estrecha.  Después de mucho investigar la oferta, lo hemos alquilado con Autoreisen y a tiro pasado, creemos que hemos acertado de pleno: Buen precio, buenas coberturas y poco margen a la incertidumbre.  El único pero, es que tu reservas un determinado modelo de coche y ellos te entregan el que tengan libre.  Así, nuestro reservado Seat Ibiza de 5 puertas se transformó sobre el asfalto en un Citroën C3 Picasso, el coche más feo que mis ojos han visto (con permiso del Fiat Multipla). Un coche que bajo su capot guarda un motor de gasolina de 3 cilindros a los que extrae 100 cv mediante un turbo... un coche que jamás me compraría y que sin embargo resultó ser perfecto para alquilar y  moverse por Gran Canaria, por no hacer falta más prestaciones mecánicas en este contexto, por tener un buen maletero capaz de albergar equipaje voluminoso (como unas mochilas de escalada) y mucha altura y habitabilidad en las plazas traseras, suficiente para transportar a un colega local, "El Mario",  que "se ha puesto" grande de cojones.

11 diciembre 2018 - Parking de la zona de escalada de la Sorrueda.  En 5 minutos desde aquí, estaremos escalando. Nuestro primer día en la escuela y ya tenemos un nuevo amigo al que seríamos fieles en todas nuestras visitas, la gata Misifú. 
De las diferentes zonas de escalada de la isla de Gran Canaria, sólo conocemos La Sorrueda, o Sorrueda a secas, a la que ya dedicamos un par de días en 2011, lo suficiente para degustar un sitio especial, muy alejado de los paisajes en los  que solemos escalar, un lugar exótico, árido, con palmeras, cactus, cañas y juncos y sorprendentemente...  agua.

La roca

La escuela de escalada se encuentra  encañonada en un barranco jalonado por paredes de roca basáltica de color rojizo a la que se han extraído vías predominantemente plaqueras pero donde también es posible encontrar desplomes y techos en líneas que rondan alturas de entre 15 y 20 metros. La roca es generalmente compacta y de buena calidad, pero ojo, no es así en todos los casos y habrá que estar atento a lo que nos dicen nuestros sentidos y nuestro instinto, más vale ser conservador. Reconozco que en alguna sección de más de una vía se me pusieron los pelos como escarpias.


El entorno en el que se escala en Sorrueda tiene más de Africano que de Europeo, el contraste con los paisajes a los que estamos acostumbrados en brutal.
La Sorrueda - Sector Techo

Equipamiento

Las vías están equipadas mayoritariamente con  parabolt del 10 y chapas zincadas. Una gran cagada.  Una chapa de esas duraría en Madrid mucho tiempo antes de empezar a deteriorarse, pero el clima de aquí es bastante más húmedo y la corrosión las está devorando.  En climas como el canario nunca habría que salirse del guión  inoxidable en chapa, parabolt y tornillo, o mejor aun, tensor químico y resina adecuada.   Dicho lo cual tampoco quiero que se me entienda mal, que la corrosión esté haciendo mella en los seguros no quiere decir que la escuela sea insegura, lo que quiero decir es que habrá que reequipar antes de lo deseable o se perderá un trabajo que ha llevado ilusión, tiempo y dinero.

Asegurando a Gema en la vía Yambo 6a+


Cuanto se tarda en llegar, la "Carretera de los Cuchillos" (GC-65)

Nosotros nos quedábamos en Las Palmas, desde la casa de mi prima en el barrio de Escaleritas hasta la zona de escalada de La Sorrueda distan 56 Kilómetros. El tiempo que se emplea en recorrer esa distancia según el Google Maps es de una hora y cinco minutos.    Nosotros visitamos La Sorrueda cinco veces y lo que inicialmente nos parecía un horario sorprendentemente amplio, resultó ser  plenamente ajustado a la realidad porqué al abandonar la autopista del Sur (GC-01) en el desvío de Vencindario/Balos se toma una carretera de montaña que aquí llaman "De los cuchillos" en la que es difícil mantener medias superiores a los 40 kilómetros por hora.  Si te gustan las curvas y las carreteras estrechas como a mí, está es de las que dejan huella. Realmente espectacular, pero es terreno para moverse con prudencia.

Recorriendo la carretera de los cuchillos y poco antes de llegar al desvío para La Sorrueda (GC-651) encontraremos un lugar donde parar denominado "Mirador del Guriete", desde el se dispone de una espectacular vista al Barranco de Tirajana y a la peña conocida como "Fortaleza de Ansite", es un lugar con historia y con mucha fuerza. Allí fueron cercados los últimos aborígenes que se resistían a la conquista castellana, y desde allí sus dos jefes, Bentejuí y Tazarte se arrojaron al vacío al grito de ¡Atis Tirma! para no ser sometidos. 

Contra lo que pueda creerse, los antigüos pobladores de Gran Canaria no fueron aniquilados, la carta de Calatayud firmada por Fernando el Católico les garantizaba ser tratados por igual al resto de los vasallos de los distintos reinos hispánicos,  otorgaba tierras a los conquistadores y a los jefes aborígenes les concedía cargos políticos.  Los canarios actuales derivan del mestizaje que supuso el encuentro de dos mundos.

En el centro de la foto, la formación rocosa conocida como La Fortaleza de Ansite, lugar donde se arrojaron al vacío Bentejuí y Tazarte al grito de Atis Tirma, finalizando en ese momento la conquista de Gran Canaria por el ejercito castellano.

Guía de escalada

Existen dos guías de escalada en Gran Canaria, nosotros optamos por la más moderna denominada Guía de escalada deportiva de Gran Canaria de Climbo.  Nos costó 25€ en Mandala Climb, en la calle Manuel González Martín, 18, entre el antiguo Estadio Insular y la Avenida Marítima.  Recoge todas las escuelas (zonas) de escalada de la isla y está publicada en el 2015.

La guía tiene cosas muy positivas: las fotos sobre las que se dibujan los croquis son realmente buenas, explica de manera inmejorable el acceso a la escuela y junto a la explicación, con fotos incluidas, se añade un código escaneable QR mediante el que se traspasan las coordenadas del aparacamiento al GPS del móvil.  En cuanto a la información que aporta de las vías, se indica el número de seguros incluyendo el de la reunión, la longitud de cuerda necesaria para escalar en cada escuela, orientación, cuando da el sol o la sombra, si se trata de una vía de placa tumbada, vertical o desplomada o si estamos ante una vía atlética de techo o desplome. Se señalan las vías excepcionalmente buenas, el estado y el tipo de los anclajes y distintas alertas que haya que tener en cuenta.  

Toda esta información no es homogénea y en ocasiones tampoco muy exhaustiva... habrá que tomarla como orientaciones y de nuevo, estar despiertos y dar prioridad a lo que nos dice nuestros sentidos y experiencia a lo que pueda decir la guía. 


 
En algunas vías el primer parabolt puede quedar alto y los movimientos no ser nada fáciles, con la tramposa (Panic) y una caña seca salvaguardamos la integridad de nuestros tobillos.
Beatriz repasa el "8" bajo la supervisión de Gema
 
En nuestro paso por Sorrueda de este año, escalamos las siguientes vías:

1-Dencey (V).  Recomendada por la guía. Es interesante y tiene una entrada compleja. Grado apretado.

2-El Guiri Generoso (V). Agradable, grado ajustado.

3-Champú (6b). Más dura de lo que parece.

4-Principalmente (V). Pensé que se trataba de un bloque anecdótico para calentar y resultó ser más técnico y peleón de lo que cabría esperar.

5-Principialmiente (V+). Madre mía que paliza me dió esta vía.   En el primer pegue leí mal el desarrollo de la vía, en un segundo pegue me dí un buen vuelo y en el tercero era encadenar o abandonar la escalada para dedicarme a otra cosa.

6-Sumake de Sito (6b) No es difícil hasta el parabolt antes de la reunión pero desde ahí aun quedan un par de movimientos y muchos metros hasta la reunión.

Gema prueba al Tope Rope Sumake de Sito 6b
7-Tamarán (V) Estoy fatal, otra vía de Vº que no encadeno a vista.

8-Yambo (6a+) Sufrido encadene, una de las pocas vías con desplome de la escuela. Me resultó difícil dar con la secuencia adecuada, que incluye un buen arreón para superar el desplome, el resto es placa asequible.
Gema me asegura en Yambo un 6a+ con una entrada de armas tomar. Si me dicen que es 6b+ también me lo creo.

9-Primera Base (V) Vía recomendada por la guía. El grado es ajustado y está chapada para no sufrir.

10. Awen (6a) Grado suave y chapas cerca.

11. Pella Pintá (6b) *** Súper llamativa línea con una entrada desplomada, a superar mediante una bavaresa que te deja en la placa que se afina especialmente antes de la llegada a la reunión.

12- anónima - a la izquierda de "Cernícalo" (6a+) Más dura al principio que en su parte final. Bonita, merece la pena.

13- Cernícalo (6a) Tiene un paso duro .
en la llegada a la reunión, se resuelve por la derecha, se ve claramente desde el suelo, pero es difícil de ver la secuencia mientras se escala.

14-Betty Boop (6b+) *** La vía tiene una zona con bloques dudosos pegados con sika. Ahí encuentra su primer paso duro, pero el definitivo es el de la llegada a la reunión que es muy, muy duro.  Muy buena, pero para no repetir, la roca da miedito.

15-Margaret (6b). No encadenada.  Chapas muy oxidadas, reunión con una única chapa con argolla oxidada y con movimiento...  Pie de vía en equilibrio sobre el agua. Nada recomendable.

16-Doramas (6a+) No encadenada.  No supe escalarla, entrada con la chapa muy alta y con sección muy difícil o con truco.  La probé hasta con la cuerda pasada por el segundo seguro, montada desde la vía "Tamarán" y aún así no di con los movimiento de entrada a la vía.   No fui el único, vigilé de cerca a otro chico que la intentó al día siguiente y obtuvo el mismo resultado con las mismas triquiñuelas.

17-Cascarilla (6b) ***No encadenada.   Muy, muy buena, pero con roca dudosa en alguna sección.  Parabolts con óxido.  Da un poco de yúyu la salida del techo porque no se ve el parabolt.  No insití en ella porque fue la última vía del último día y las fuerzas y las ganas estaban mermadas.


Esto es todo amigos

jueves, 28 de junio de 2018

Escalando en Tailandia 2017. Regreso a la Península de Phra Nang (Parte V: Lopburi


Mientras el bote de cola larga navega dejando atrás la playa de Tonsai, cerramos el capítulo principal de nuestras vacaciones tailandesas, pero no esta todo dicho aún.




Krabi, es la localidad con los semáforos más frikis del mundo y también el lugar al que nos dirigimos tras desembarcar en el muelle de Ao Nang. Se trata de una ciudad pequeña y tranquila, con poca presencia de turistas y un ritmo de vida 100% tailandés. Buen lugar para hacer tiempo antes de coger el avión que nos devolverá a Bangkok.

Bitácora Vertical
Semáforo de Krabi
Llegados a Bangkok, al aeropuerto Don Muang, elegimos para dormir un hotel cercano, el BNR Resorts posicionándonos geográficamente de manera estratégica para el domingo, porque tenemos el plan de ir a la "guerra" de Chatuchack, el mercadillo de fin de semana  más grande del mundo, y abandonar esa misma tarde la ciudad para ir a conocer Lopburi  nuestra última parada en Tailandia.

El taxi desde el aeropuerto al hotel nos cuesta 120 bath incluyendo los 50 de tasa del aeropuerto. El servicio se contrata en el área de Taxis de la terminal con precios cerrados que imposibilitan la picaresca.  Nosotros añadimos a la tarifa 20 bath de propina para el conductor como gesto para agradecer su amabilidad y la carrera tan corta que le tocó en suerte.

Por continuar añadiendo datos que puedan ser de interés para futuros viajeros, desde el hostal, muy recomendable para una noche (600 bath la habitación) hasta el aeropuerto Don Muang, al que hay que volver para coger el autobús que lleva a Mo Chit 2, pagamos por el transporte colectivo en pickup roja 14 bath por los dos. Una vez en el aeropuerto, una de las pasajeras nos echa un cable a lo tailandés, guiándonos a través de los pasillos y corredores de una especie de hotel dentro del propio aeropuerto Don Muang, hasta el punto exacto desde donde sale el autobús A1, que por 30 bath por cabeza y tras recorrer unos 15 kilómetros, te lleva hasta la estación de autobuses de Mo chit 2 muy cercana a Chatuchack y desde donde sale entre otros el mini bus a Lopburi..

En Mo Chit 2 compramos un tercer billete para Lopburi, y es que habíamos anticipado la compra de dos a través de la web de 12Go Asia, pero caímos más tarde en que dado el volumen de nuestras mochilas y no teniendo los minibuses compartimento de equipajes, lo normal es que nos hicieran pagar por un asiento más. La jugada nos sale bien porque una vez en la taquilla se ofrecen a custodiarnos el equipaje hasta la hora de la salida sin coste adicional, una muestra más de la amabilidad tailandesa.

Solucionado el tema de los billetes y despojados de los mochilones, ya solo queda llegar a Chatuchack, para lo cual recorremos la distancia que nos separa andando. Esta decisión resultó ser un error, pues está mucho más lejos de lo que parece y no tiene sentido llegar agotados a disfrutar de nuestro gran objetivo del día.  Recomiendo encarecidamente llegar a Chatuchack en bus, si es que lo hay, en taxi o en tuk tuk y no hacer la tontería que hicimos nosotros.

Chatuchack: parada técnica para rehidratación urgente.
Chatuchack

Puede que tu rollo no sean las compras, puede que odies el regateo y puede que seas la persona que más odies lo material. Da igual, no hay excusa que valga: si estás en Bangkok durante el fin de semana y no vas desnudo por la calle, no puedes perderte  la visita a Chatuchack. La madre de todos los mercadillos tailandeses, el Rastro de los Rastros.

Nosotros tenemos señalada esta visita como una de las imprescindibles, porque aprendimos de nuestra anterior salto a Tailandia que es el lugar perfecto para comprar regalos a la familia y amigos cercanos, y también, gran parte de la ropa que usaremos durante el próximo par de años ya sean camisetas, sudaderas, calcetines, gayumbos, chanclas, crooks, bañadores...  Lo que quieras en textil, lo que quieras para tu mascota, lo que quieras en artesanía, menaje... cualquier cosa que pase por tu imaginación, si se vende en Tailandia estará allí, en una de sus 15.000 tiendas o en alguno de los puestos desmontables que rodean el área del mercado.

Chatuchak tiene también una zona de restauración de muy buena calidad y a precios súper asequibles, el mejor pollo frito tailandés, uno de mis platos Tais favoritos, lo comimos aquí. Solo por darse un homenaje de comida tailandesa ya merece la pena la visita.

Lo damos todo.  Cuando a las 19:20 de la tarde del domingo 22 de octubre cogemos el minibús que nos llevaría a Lopburi, no podemos ni con nuestras vidas ni con el equipaje añadido tras nuestro paso por Chatuchack. 

Lo que también agradecemos sobre manera es el par de horas de trayecto  en bus. Viajar es lo mejor de la vida, pero viajar de mochilero es VIAJAR con mayúsculas porque se vive plenamente enganchado al presente. Después de Chatuchack no estábamos precisamente "frescos" y aprovechamos el trayecto encajados entre nuestros mochilones  para reponer fuerzas y valorar las últimas experiencias,  también para tratar de anticiparnos a lo que llegará en cuanto lleguemos a nuestro destino.

De Lopburi no sabemos absolutamente nada más allá de que hay monos a punta pala y de que tiene una zona donde se puede escalar. Tampoco sabemos donde nos va a dejar el minibús ni como llegar a nuestro hotel.  Cuando se cambia de escenario sin móvil ni internet,  nos subimos a la tabla de surfear el presente donde no existe margen de anticipación a lo que tenga que venir, así que los sentidos se agudizan y los músculos se tensan. Un hormigueo en el estómago indica que los sistemas de alerta están activados.

Es de noche cuando el minibús nos deja en una glorieta bastante grande, somos los únicos pasajeros que quedan a bordo y no hay nadie por la calle a excepción de alguna que otra rata y los comensales que aun resisten en un restaurante que constituye una isla de luz en medio de la soledad que nos rodea. 

Según la Lonely Planet, el epicentro del turismo mochilero es el albergue/hostal Noom's Guest House, ubicado en la zona más céntrica de Lopburi.  Hasta allí probablemente hubiéramos podido llegar andando en un esforzado paseo con los mochilones a cuestas, pero no conseguimos habitación libre y nos vimos en la necesidad de escrutar la web de Booking hasta encontrar la  alternativa que nos pareció mejor, el hostal Farsay Homestay a tres o cuatro kilómetros del centro y al que no sabemos como llegar.

En el restaurante, hacen lo que pueden por ayudarnos, pero la barrera lingüística parece infranqueable y como además usan un alfabeto radicalmente diferente al nuestro, llega un momento en el que empezamos a preocuparnos de verdad. Finalmente se implica el encargado o gerente del restaurante, que aunque no ha oído hablar de nuestro hostal,  habla inglés y llama al Farsay Homestay para averiguar donde está. En estas para por allí un señor que dice ser taxista (ningún símbolo en el coche lo indica) y nos ofrece el servicio de transporte.   El gerente le dice como ir y nos hace de traductor. este señor del restaurante nos inspira la confianza suficiente para acabar subiendo a un coche sin identificación de taxi, sin taxímetro y sin saber el precio que nos va a costar la carrera. A veces, la necesidad obliga a hacer excepciones a lo que dicta el sentido común.

Durante el trayecto sigo el recorrido con la aplicación de android Maps.me para asegurarme de que no nos la cuelan con el recorrido o algo peor.   Diez minutos más tarde el amable conductor nos deposita en nuestro destino sin más historias que una tarifa razonablemente inflada. En la puerta de la casa nos reciben amablemente Farsay y su marido.

El alojamiento está genial y es absolutamente nuevo por estas fechas lleva sólo 5 meses en Booking y por eso no le resulta aun conocido a nadie.  Está decorado con un estilo art decó pelín cursi pero que no deja de ser agradable, con una habitación grande y cómoda y una piscina impecablemente limpia  de aguas azuladas que usaríamos esa misma noche animados  por Farsai.

Piscina en la entrada principal del hostal Farsay Homestay.
Gema a pie de piscina en el Farsay Homestay
El hostal es también la casa en la que vive el matrimonio.  Nuestra anfitriona es una mujer infinitamente amable, hospitalaria y servicial. De hecho, una vez instalados y a iniciativa suya,  nos llevó en su coche hasta un 7 Eleven para comprar algo para cenar y se ofrece, para en los días que estemos alojados allí, llevarnos y traernos de cualquier actividad que queramos hacer.

Nos sentimos de primeras un poco abrumados,  quiere saber los lugares que visitaremos y los horarios que llevaremos, pero es imposible que nosotros seamos capaces de organizarnos de esa manera  y de ninguna manera es lo que queremos para nuestras vacaciones, así que declinamos su ofrecimiento.  Necesitamos ser independientes y para ello sí que le pedimos ayuda para al día siguiente ir a la Noom's House a alquilar una motocicleta.    Al oir nuestra proposición se le ilumina la cara y acepta encantada. En realidad es una situación ideal para todas las partes, de esta manera ella y nosotros disponemos de nuestro tiempo como más nos convenga y no abusamos de su amabilidad

Hemos venido a Lopburi por dos razones, la escalada y los monos y nos vamos a llevar sorpresas muy agradables en ambos aspectos.
Gema en la puerta del Noom's Guesthouse
Realmente el Noom's Guest House es el centro neurálgico de una estancia mochilera en Lopburi, tanto si se viene a escalar como si no.  Su dueño, al que no tuvimos la oportunidad de conocer, fue el promotor de Lopburi como destino de escalada y aunque según nos contaron, lleva por estas fechas 6 años sin subirse ni a un taburete, en la Noom's se puede alquilar el material de escalada,  facilitan gratuitamente el plano para recorrer sin pegas los 22 kilómetros que distan hasta llegar a la zona de escalada del Khao Jeen Lair y disponen para consulta de los croquis de las vías de los distintos sectores, incluso nos los ofrecen para llevárnoslos a préstamo si los necesitamos. No es el caso y simplemente los fotografíamos por si encontramos discrepancias con nuestra guía de escalada.


Distribución de los distintos secotres de escalada y su descripción. Disponibles para consulta en la Noom's Guest House
Croquis de la ubicación de los sectores de escalada. Fuente Noom's Guest House


Ejemplo de los croquis disponibles para consulta en la Noom's Guest House
Ejemplo de los croquis que de la noom's Guest House


Probando la moto antes de embarcar a Gema y partir rumbo al Khao Jeen Lair
El plano que nos dan en la Noom's es bastante claro, pero está en nuestra forma de ser despistarnos y primero nos metemos en otro templo, el Wat Khao Chin Lae, que aunque relativamente cerca no es el que da acceso a la zona de escalada: el Khao Jeen Lair Temple. Un monje budista con mucha simpatía nos devuelve al "buen camino"

Las carreteras que vamos recorriendo apenas tienen tráfico y el paisaje entre campos de girasoles es simplemente espectacular, moverse en moto es divertido y a cada kilómetro vamos más acoplados y tranquilos.

Habíamos leído por distintas fuentes que, en el templo que hay que cruzar para acceder a la pared rocosa, los monjes no ponen más condición a los escaladores, que el  cumplimentar un registro con los datos de cada uno al entrar y salir así como vestir con cierto decoro, pero no hay un alma cuando nos detenemos ante la puerta de la verja que da acceso al complejo religioso. Tampoco hay candado ni nadie a quien preguntar. Algo tímidos abrimos la puerta y entramos.

A falta de monjes, el comité de bienvenida lo integra una manada de cuatro pacíficos y simpáticos perros infestados de sarna y pulgas que nos rodean al aparcar la moto, y que no nos dejan marchar hasta que hemos saludado a todos y cada uno de ellos con unas precavidas caricias.

Cumplida con la recepción y  sin entretenernos más  emprendemos camino afrontando los 298 escalones y el subsiguiente tramo de sendero que remonta la empinada ladera siguiendo la línea más recta posible hasta el pie del paredón rocoso. Cuando finalizamos la aproximación estamos empapados en sudor y algo mareados por la deshidratación.

Hay que ascender 298 escalones para llegar a los pies de vía del Khao Jeen Lair (o Khao Chin Lae).
El olor a sudor español debe resultar gloria bendita para los mosquitos "lopburisenses" porque en cuanto dejamos las mochilas en el suelo sufrimos un ataque masivo como no lo habíamos conocido en ningún otro lugar de tailandia.

Son grandes y lentos y los matamos por decenas en cuanto se nos posan en la piel, pero son muchos, muchísimos.  Movemos las cosas unos metros más para acá y luego unos metros más para allá, pero la cosa no cambia y nos siguen breando.   Sólo cuando se nos seca el sudor sobre la piel remite el ataque.

 La aproximación tan abrupta, la humedad y los mosquitos,  nos han dejado algo deshidratados mareados y sin ganas de escalar, tanto que nos tenemos que esforzar para escalar al menos una vía. Estamos dispuestos a dar por bueno el día con la mera localización del sector.  Influye mucho en el ánimo, el hecho de que no nos hemos acordado de traer comida.

Sin embargo, después de descansar un poco, probamos la roca y el cansancio desaparece al mismo tiempo que la desmotivación.  Sin complicarnos mucho nos ponemos manos a la obra y nos hacemos con  It Fits (6a) en mi guía denominada "It Fire", Arai Wa? (6a) y Night Vision (6a). Todas ellas buenas y agradables, sobre una caliza gris que exige pensar.

Pie de vía de It Fits,

Khao Jeen Lair con las últimas luces del día.
Ponemos fin a la sesión cuando aun nos quedan ganas, pero con la intención de regresar antes de que nos caiga la noche por carreteras que aun no dominamos.  

Cuando llegamos a la glorieta donde nos dejó el autobús que nos trajo desde Bangkok decidimos parar a cenar en el restaurante donde nos echaron una mano la noche de nuestra llegada.

La carta no está traducida al inglés y los empleados ni lo hablan ni lo entienden... Por suerte hay un cartel con la foto de un par de platos y esos son los que pedimos.

La verdad es que no se lo que comimos pero estaba bueno y nos quitó el hambre.





Con el estómago lleno emprendemos el camino de vuelta al Farsay Homestay.  Pero no reconocemos nada que nos ayude a encontrarlo. Desde la glorieta vamos y venimos intentando todas las opciones que se nos ocurren y luego trantando de seguir la ruta que nos marca la App Maps.me que usa el GPS del móvil sin necesidad de conexión de datos. Aun así, misteriosamente, cada vez que parece que nos acercamos al punto rojo que indica la situación del Farsay Homestay, el GPS se pierde conduciéndonos a la nada o a giros que no existen.  En un cruce en el que paramos para reconsiderar nuestras opciones nos ataca una manada de perros, huimos por los pelos.

Después de dos horas de reloj, muy cansados (Gema cargaba a su espalda la mochila con todo el equipo de escalada)  y muy desesperados, volvemos por enésima vez a la glorieta del restaurante,  esta vez paramos la moto, respiramos hondo y reflexionamos sobre lo que puede estar pasando: concluimos que si el hotel es nuevo puede que también lo sea la carretera que lleva hasta él y que por ello no esté aun recogida en la cartografía gratuita del Maps.me. De hecho, el camino más lógico hasta el punto rojo que simboliza el hotel en la pantalla del móvil sería en línea recta pero en el mapa no existe carretera que siga un trazado parecido y por eso la aplicación se lía elaborando la ruta.

En conclusión: pasando de cualquier tipo de indicación  dirigimos la moto  hacia el "punto rojo" que señala la ubicación de nuestro hotel utilizando las carreteras y tomando los cruces que mejor nos convengan  ¡Bingo! en 5 minutos estamos en la puerta del Farsay Homestay que nos parece hoy más que nunca el puñetero paraíso.

Como nos ha gustado mucho la zona de escalada, acordamos con Farsay prolongar nuestra estancia una noche más, no nos arrepentiríamos en absoluto.

Al día siguiente madrugamos bastante más y después de hacer unas primeras visitas turísticas y ubicar la estación de tren que utilizaremos para regresar a Bangkok volvemos a la carga pero esta vez

Conductor de rickshaw esperando clientes en la puerta de la estación de tren de Lopburi
conocemos el trayecto, llevamos provisiones y unas espirales que al quemarse desprenden un olor que repele los mosquitos.  Con la intendencia lista, emprendemos la aproximación por los 298 escalones que parten a pie de templo que  una vez más volvemos a encontrar desierto.
 
Khao Jeen Lair, vista de los campos de cultivo de alrededor desde una de las vías.
Vistas desde el Khao Jeen Lair
En esta visita nos lo pasamos pipa escalando y encadenando las siguientes vías: Low and High (V), Losanga (6a) y Anchor Spanker (6b+), todas ellas preciosas, aunque recuerdo especialmente la última como una placa finísima y elegante y a "Low and High" por el susto que se llevó Gema cuando al meter la mano en un agujero le salió un enorme búho blanco.

Nosotros dedicamos a la escalada dos días; sin ganas de tentar la suerte nos limitamos a abordar las vías de un largo mencionadas que, junto a otras del mismo estilo, conviven con rutas de varias largos equipadas en estilo deportivo y otras de perfil clásico. Pensábamos que Lopburi no daría para mucho más y nos equivocamos.   Si algún día volvemos a Tailandia, volveremos también a Lopburi y estiraremos nuestra estancia algún día más.  Yo creo que la zona da para 4 ó 5 días completos tanto por las posibilidades en cuanto a la escalada como por el resto de alternativas que ofrece Lopburi y sus alrededores

A Lopburi se la conoce como la ciudad de los monos por algo. Ya en el contrato de alquiler de la moto existe un cláusula que advierte de no aparcar dentro del entorno histórico por los posibles daños que puedan ocasionar los  macacos.  De primeras parece una medida extravagante pero no lo es en absoluto.


Monos cruzando un paso en la glorieta frente al Prang Sam Yot - Bitácora Vertical
Lopburi, grupo de monos cruzando la glorieta frente al templo Prang Sam Yot. 
Los monos campan a sus anchas por la vieja Lopburi hoy centro histórico de la ciudad, los hay por todas partes compartiendo el espacio con los humanos.   A pesar de que son un poco "enreda" y su curiosidad les lleva a ser algo ladronzuelos, la convivencia es pacífica.  Existe la creencia popular de que los monos traen suerte, creencia que mezclada con la tradición budista de respeto a todos los seres vivos y la muy influyente religión hinduista que venera a Hanuman, el dios mono, un avatar de Shiva hace comprender algunos ejercicios de paciencia que desgraciadamente serían impensables en España.


Los monos son en Lopburi casi ciudadanos de pleno derecho y tienen su propia fiesta la última semana de noviembre. Son curiosos y eso les lleva en ocasiones a arramplar con lo que no deben. 

Los tailandeses de Lopburi, conviven y dejan hacer a los monos, pero cuando enredan más de la cuenta se limitan a auyentarlos a golpe de tirachinas.   Los monos por su parte son mayormente pacíficos con los humanos (entre ellos si que son habituales las trifulcas), si se respetan las reglas de la prudencia es poco probable tener problemas.  Otro tema es que son unos descuideros avispados y si llevamos comida o algún objeto que les interese pueden intentar que "cambie de manos"


La visita al Prang Sam Yot un templo de arquitectura Jemer es obligatoria.  El viejo templo de montaña ha sido reconvertido por los monos en su cuartel general y junto a los valores arquitectónicos del templo nos dejará aun más huella la interacción con estos otros lopburienses que llevan aquí desde el principio de los tiempos.

Tal y como ley en otro blog, hay un momento de la visita en el que se accede al interior del templo, dicho acceso está vedado a los monos por puertas y ventanas enrejadas.  Desde el exterior, los monos nos observan con curiosidad, como si nosotros fuéramos los animales enjaulados.



Antiguo templo Jemer y actual cuartel general de los monos de Lopburi
El Prang Sam Yod es también conocido como el templo de los monos y es un ejemplo de la arquitectura religiosa Jemer y fue construido bajo el mandato del emperador Javayarman (1181-1221).  Los monos que ya han hecho suyo el centro de la ciudad, tienen tomado el edificio como su cuartel general. Es una visita imprescindible, nosotros lo visitamos dos de los tres días que estuvimos en Lopburi y hubieramos repetido, porque la interacción con ellos, me dejó una enorme huella que no olvidaré jamás.


Monita despiojando a su hijo.


Mono peluquero tratando mi cabello.
Wat Phra Si Rattana Mahathat -
Al lado de la estación de tren está el Wat Phra Si Rattana Mahathat, que también visitamos,el casco histórico es pequeño y te mueves sin problema a pie de un sitio para otro. Los monumentos son accesibles a cambio de una pequeña entrada y los más deteriorados son de libre acceso.

Este elegante pájaro nos acompañó durante la visita al Wat Phra Si Rattana Mahathat


Wat Phra Si Rattana Mahathat



Monos electricistas reparando un cuadro eléctrico en Lopburi


Un mono operario preparando las conexiones para instalar una farola

Monos valorando la compra de una moto.


Monos supervisando el tendido eléctrico


La vieja del visillo versión mona
Después de visitar por segunda vez el templo Prang Sam Yot,  sólo nos quedaba acudir a la estación para esperar el tren que nos devolvería a Bangkok esta monita fue la encargada de despedirse en nombre de la comunidad macaca.   La prometimos volver en cuanto nos fuese posible. Creo firmemente que habrá un tercer viaje a Tailandia, y Lopburi al igual que Railay no faltará en el itinerario.


"Adiós Gema y Alberto, volved pronto"
Recomendamos mucho la visita a  Lopburi  por ser un lugar tranquilo, alejado de lo turístico, barato y donde se vive y se come muy bien (visita imprescindible al mercadillo nocturno). Lopburi no sorprenderá en un primer vistazo pero te conquista minuto a minuto.  Esta muy cerquita de Bangkok y en la ruta hacia las más turísticas ciudades norteñas.  A nosotros se nos hicieron muy cortos los dos días y medio y sus tres noches, nos hubiéramos tirado aquí una semana muy agusto.

Lopburi fue la última estación de nuestro viaje por Tailandia, ya solo queda volver a Bangkok y pasar el día hasta que llegue la hora de ir al aeropuerto.   Tailandia tiene sus detractores, quizás haya países más bonitos, pero a nosotros nos encanta por lo bien  que se vive,  porque la gente de a pie de calle es generalmente muy buena, por la comida, por el color de su mar, su naturaleza, su escalada y las facilidades para todo.  El día que aprendan a cuidar y proteger eficazmente sus valores naturales, terminará de ser un país perfecto.

Estación de tren de Lopburi, llegada del tren que nos devolvería a Bangkok