jueves, 22 de julio de 2010

Trail Running II

Es posible, que Antonio no sepa aun que a aquella Ascensión a la Maliciosa, le han seguido otras hasta coger ritmo de una a la semana... Es posible.

Probablemente, a Antonio, al que no consigo imaginarme tirado en la playa, le importe un pimiento si subo o no subo y a donde... Y sin embargo, yo no logro ni quiero quitarme esa incipiente rutina que una vez a la semana me lleva a agarrar el Camelbak, las zapatillas Salómon, el GPS, el cronómetro y salir disparado una jartá de kilómetros rumbo a la urbanización Vista Real de la que hasta hace un mes, no había oído ni hablar, para atacar los 1.150 metros de desnivel que me separan de la cumbre.

Al igual que la escalada, esta actividad me permite soñar despierto o más bien "jugar", y más aun tras los estímulos que se despiertan con la reciente lectura de "Bajo los cielos de Asia" de mi escalador/escritor favorito, el desaparecido Iñaki Ochoa de Olza.
A esta distancia, la cumbre ya no parecía tan inalcanzableCronómetro en mano y apretando los dientes, tiro para arriba imaginando que la modesta cima madrileña es en realidad una lejana cumbre himaláyica y que mi ascensión es el "ataque a la cumbre definitvo" De mi sueño, despierto pronto, a 200 metros de la cumbre, el cielo se oscurece y caen cuatro gotas... Ni himalayista, ni alpinista, ni montañero... Ahora soy una bala que corre hacia el coche disfrutando de los saltos entre piedras, del aire en el rostro, de los pequeños derrapajes de mis zapatillas que disparan la adrenalina... De la compañía de Pepa, que se desespera intentando adelantarme de todas las maneras posibles...

...Para todo lo demás...Mastercard.

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