jueves, 6 de agosto de 2015

Peña Rueda

Después de Dios, la casa de Quirós.

Existen otros lugares bellos en el mundo, pero el nuestro es éste.  No nacimos aquí y tampoco vivimos en este valle, ni siquiera tenemos escriturado a nuestro nombre un trozo de tierra, una casa, un establo o una cabaña. Lo único que podemos alegar es que las cosas pertenecen a quien más las quiere, pero nuestro título de pertenencia no está depositado en ningún registro de la propiedad... Más bien el valle nos posee a nosotros, primero me embrujó a mí en aquel primer viaje con Omar y Jonás... y luego, yo he intentado atraer a él a las personas que más he querido... Conmigo en sus vidas Gema y Pepa no tenían ninguna oportunidad de escapar a su hechizo.

Hechizados y seducidos nos hemos mantenido constantes año tras año desde el momento del primer flechazo, pero  la idea de que  poco podía sorprendernos ya del concejo de Quirós empezaba a germinar en nuestras cabezas,  si bien, las ideas equivocadas no deberían echar raíces muy profundas y en este caso, tardamos poco en descubrir que el camino no acaba donde pensábamos y que razón tenía Sócrates cuando en boca de Platón nos hizo saber que no sabemos nada.

No es la primera vez que, en vez de mirar hacia las paredes rocosas de El Llano, al girarnos para contemplar el embalse de Valdemurio y su entorno,  nuestros ojos se detienen en una montaña de cima  plana y alargada que, imponente domina  el horizonte. No, no era la primera vez, pero en esta ocasión  algo la pone en el radar, y como si todo estuviera escrito, diversas conversaciones cruzadas a pie de "El Escalón" parecen hacerse oír con el único propósito de empujar la ascensión de "El Alpamayo asturiano" a la cabeza de nuestras obsesiones realizables.



A veces las señales del destino son tan abrumadoras que hasta pueden hacer dudar, pero el destino también tiene recursos  para dar empujoncitos sin que se note, su recurso en  nuestro caso, es un miembro de una cordada próxima que, al referirse a Peña Rueda, dice las tres fases que terminan de hacer virar nuestro rumbo en su dirección: "Está en Quirós, se sale desde Lindes y en esta época se sube andando".

Peña Rueda  se puso así por delante de nuestro regreso a Picos o de la visita a Peña Ubiña con quien en algún momento llegamos a confundirla.

Al día siguiente, decidimos acercarnos a  Lindes sin prisas y con la única intención de reconocer el terreno que íbamos a pisar. Lindes es uno de los dos pueblos más apartados de Quirós, y así, un viejo dicho, se refiere a su antigüo aislamiento de esta manera: "Lindes y Cortés de Quirós, la última palabra de la voz".

La carretera parte de Santa Marina, y tras atravesar 11 Km de bosque y minúsculas parroquias, llega a Lindes, atraviesa el pueblo hasta el final y muere junto al camino que cogeremos para ir a Peña Rueda.

Allí mismo, junto a la estética iglesia de Santo Tomás (1930), existe una pradera en la que se puede aparcar.  A pesar de ser un pueblo "semiabandonado" como lo describe alguien en Internet, no somos el único vehículo estacionado allí.   
Iglesia de Santo tomás

Son las dos de la tarde, el sol aprieta desde lo más alto de su trayecto y las sombras donde cobijarse escasean.

Dos tipos van y vienen ocupados en sus tareas. Nos relajamos cuando se toman con tranquilidad la obsesión de Pepa por incordiar a los gatos. Quieren conversación y nos abordan con un saludo,  antes de preguntar, nos facilitan información sobre la ascensión donde iniciar la ruta y la dirección buena a tomar tras la primera bifurcación del camino; también nos recomiendan no hacerla esa tarde, dormir allí y madrugar para evitar la exposición al sol y también, que al bajar nos tomemos la cerveza de celebración en su bar.

La información es útil y bien recibida pero ¿Hay un bar? Pues sí, Lindes cuenta con una pequeña "cantina" que ocupa el edificio de la antigüa escuela y descubierto este hecho no creemos necesario esperar a la ascensión para tomarnos ya una cerveza. El hombre al que seguimos dentro es el "barman" y el otro  le estaba echando una mano  con la reconstrucción de la chimenea.

Los bares, independientemente de su tamaño, son siempre origen de encuentros y de información interesante. Allí nos enteramos de que Lindes, incluyendo todos sus edificios, la iglesia, ese bar y los terrenos que lo rodean incluyendo Peña Rueda, pertenece desde muchos años atrás a una misma familia de antigüos "señoritos", y que de hecho, nuestra visita coincidía con la presencia de uno de ellos en la parroquia.

Tras una fase de tanteo con respecto a las diferentes opiniones que nos sugieren las fotos antigüas de las paredes del bar, con el cadáver de algunos osos y sus felices "abatidores", llegamos a la conclusión de que, es posible el encuentro entre posturas diferentes siempre y cuando se cumpla en tiempo y forma lo comprometido por todas las partes.

Por hacer tiempo y por quitarnos del castigo del sol, tomamos el mismo camino que nos llevará a Peña Rueda pero en sentido descenso, que atravesando un hayedo, nos deja en 20 minutos en un río con caudal escaso, pero suficiente para refrescarse y meter las piernas hasta las rodillas. El agua fría las dejará perfectas para exigirlas al día siguiente.

El lugar es solitario y Pepa está inquieta, pero al mismo tiempo es bonito y agradable. Comemos allí y nos entretenemos despejando una zona del río de piedras.  Cuando las nubes cubren el poco sol que se filtra hasta allí nos retiramos sobre nuestros pasos dispuestos a cenar pronto y prepararlo todo para el día siguiente.

Peña Rueda tiene 2.152 metros, el camino a la cima no es evidente y ocupamos parte de la tarde en descargarnos de Wikiloc una ruta fiable que copiar al GPS del móvil, lo logramos aquí: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=10100155.  Por cierto, hay poca cobertura en Lindes, el único lugar con buena recepción está en una especie de escombrera junto a la fachada izquierda de la iglesia, para acceder a ella puede ser necesario reiniciar el móvil un par de veces, pero en el lugar adecuado, se pilla hasta 3G.


No os dejéis fiar de aquellos que os digan que el trayecto es muy fácil de seguir y que está muy marcado, no es así, sin conocer la zona y sin mapa no lo hubiéramos logrado sin el track.  No hay marcas de PR, GR o similar. Un primer poste en el pueblo indica el sentido en el que hay que tomar el camino y un segundo poste a unos 20 minutos desdobla el camino, hacia la cima de Peña Rueda hay que tomar el de la derecha que es difuso al principio, luego quizás haya alguna zona sin hitos  y senderos que a veces se difuminan justo antes de un giro de 90º.

Con el track descargado en el móvil desde wikiloc y el GPS con pilas por si nos quedásemos sin batería, cenamos tranquilos y nos recogemos pronto. Ponemos el despertador a las 6 de la mañana. 
No somos muy de madrugar, cuando suena la alarma aun es de noche, nos retorcemos y nos concedemos media hora más de sueño.  A la segunda sí va la vencida nos despertamos, hacemos café y tomamos un par de sandwich casi sin hambre, pero por tener las pilas bien cargadas. 

El camino siempre va en ascenso, y casi lo agradecemos. A la salida del pueblo hay un abrevadero y una fuente, pero vamos hasta arriba de agua (3 litros cada uno), así que no nos detenemos y seguimos cogiendo ritmo.  

Esta primera parte discurre en medio de un bosque, el sendero es bonito de andar, no comprendo como Sito pudo decir que esta ascensión no merece la pena.

Atravesamos un primer enclave ganadero, y poco más tarde otro.  Tenemos precaución por Pepa, las vacas asturianas están muy escamadas con el tema de los lobos y la consideran una amenaza.  Pedro Yubero, su veterinario y también un gran aficionado a Picos, nos ha advertido varias veces del asunto.  Un par de vacas salen al paso a pesar de que Pepa va atada, blandir un buen palo al aire y un par de voces en tono pastor las hacen cambiar de idea.

 Llegamos a una falsa planicie y el camino, que ya se había convertido en sendero desaparece. Veo los picos de mi alrededor e imagino que Peña Rueda es uno de los de la izquierda, Gema cree que hay que seguir de frente.  Recurrimos al track, y es justo la opción que ninguno de los dos había considerado, hay que hacer un giro de 90º a la derecha e ir campo a través hasta recuperar el sendero que hemos perdido unos cincuenta metros atrás.   Con la dirección clara y ya en una resoyante ascensión, volvemos a perder el camino en un nuevo giro, pero ganada la meseta es fácil retomarlo gracias al track.

A partir de aquí los hitos siguen la cornisa de la montaña en dirección lógica de ascenso, ya no necesitamos consultar más el track pues es evidente, pero si miramos ciertas referencias como distancia y altura, para controlar nuestras fuerzas.

La cornisa se vuelve a veces más pina, para relajarse y volver a ponerse pina... Es evidente que estamos cerca, y así es, por fin llegamos al vértice geodésico de la cumbre.  Hemos tardado algo menos de 3 horas.
Autofoto de cumbre
 
Restos del vértice Geodésico de la cumbre
Bajo nuestros pies, un mar de nubes no nos impiden disfrutar de una buena vista de cumbre, podríamos seguir el track haciendo la circular, pero nos inquieta ir a ciegas por un terreno no registrado por el track log, tampoco queremos andar por andar sin visibilidad alguna, y nuestras piernas y patas, simplemente con el hecho de volver por donde hemos venido, ya se van a llevar un buen tute, así que decidimos esta opción tras tomarnos una barrita y visitar la cercana trinchera de la Guerra Civil.

Cima de Peña Rueda desde la trinchera de la Guerra Civil

Bajamos a buen paso, y cuando el terreno lo permite trotamos, Pepa disfruta como una cachorrita y se la ve comandar la bajada con un extraño movimiento circular de rabo... su máxima expresión de felicidad.

5 horas y media después de haber iniciado la excursión, retornamos a Lindes, nos cambiamos la camiseta por una seca de algodón y las zapatillas five ten por nuestras crocs, ya solo falta tomarse la cerveza de celebración.  

En el bar nos reciben con alegría y nosotros nos alegramos un montón de celebrar con ellos nuestra aventura.  Nos sugieren repetir visita en invierno cuando la nieve llega en el pueblo a más de un metro de altura y no decimos que no, por qué ¿y si sí?

Por nosotros encantados. De momento nos vamos a Caldas a darnos un homenaje de despedida en su balneario de aguas termales.

Gema contempla la cima de Peña Rueda desde el mirador de La Cobertoria

2 comentarios:

Anónimo dijo...

De vez en cuando releo esta entrada, me transporta a esos días que ya forman parte de los buenos recuerdos...una frase revolotea en mi cabeza como un mantra: "y no decimos que no, porque ¿y si si?"

Free dijo...

Gracias anónima por visitarme y por colaborar tanto a las vivencias como a la redacción/correción de las mismas. A mí, echando la vista atrás a aquella semana en Quirós me ha venido como un flash, la escena de los jabatos saliendo a la carrera por la senda que une Las Agüeras con Aciera y la Pepa primero huyendo despavorida y luego intentando perseguirlos.