martes, 23 de agosto de 2011

Vacaciones 2011 - Parte III - Picos de Europa

Antes de continuar con nuestras aventuras por Picos, un poco de antecedentes:  En la última feria del libro nos habíamos hecho con  un ejemplar de "Alta ruta de los Picos de Europa" de Luis Aurelio González Prieto y Loli Palomares editado por Desnivel. De tiempo atrás ya contábamos con el mapa de Adrados del Macizo Central y Oriental. En ambas herramientas nos apoyamos para configurar una ruta de 3 ó 4 días no demasiado cerrada en su itinerario ni demasiado ajustada a un margen temporal en la que la única condición "intocable" era la der empezar y acabar en el lugar donde hubiéramos aparcado el coche.

Después de darle algunas vueltas comenzamos nuestros pasos en la etapa de la Alta Ruta "Bulnes-Refugio de los Cabrones" a la que habíamos añadido los 4 kilómetros del sendero que nos separaba de Poncebos, localidad de partida o destino de la Ruta del Cares.

Elegimos "Alta ruta" por varias razones: La principal es porque sus etapas se internan en lo más interesante de los tres macizos que conforman los Picos, también porque es una obra moderna de la que se puede esperar unas referencias actualizadas y por último y no menos importante, porque además de explicar cada jornada "al método tradicional", dichas explicaciones se hacen acompañar de sus correspondientes waypoint (punto geográfico referenciado por coordenadas),  lo cual nos otorgaba a priori ciertas garantías de alcanzar con éxito nuestro objetivos de cada jornada.

No tuvimos demasiado tiempo para preparar las cosas bien en Madrid, ni para contrastar adecuadamente que todos los datos que íbamos incorporando al GPS eran correctos al proyectarlos sobre el terreno en Google Earth, y tampoco lo tuvimos para investigar si existían tracks (huella digital de la ruta grabada por alguien que la ha hecho previamente) de esas etapas en internet y descargarlas para mayor seguridad. Todo lo que pudimos hacer fue ocupar unas horas en traspasar las coordenadas al GPS y tirar líneas rectas entre los waypoint a fin de configurar la ruta.   Con eso hecho, el apoyo del mapa, una brújula y preguntando, esperábamos no tener problemas. Sin embargo y en medio de las prisas ya habíamos detectado un par de errores en las coordenadas de un par de waypoint.  Cruzando los dedos no pudimos hacer otra cosa que desear que no hubiera más.

Volviendo a Cabrones, antes de cerrar los ojos y dejarnos vencer por el sueño, ya habíamos decidido algunas cosas respecto a la etapa del día siguiente.  En vez de ir hasta Collado Jermoso en una etapa de más de 9 horas (Que nos superaba en preparación), nos quedaríamos en la zona de Cabaña Verónica a unas razonables 6 horas, y desde allí, ya decidiríamos si continuar en otra jornada hasta Collado Jermoso y luego volver a Poncebos por la ruta del Cares  o bien, si las fuerzas escaseaban tomar rumbo al Urriellu (Naranjo) y desde allí de nuevo a Bulnes y Poncebos por terreno "turístico" ya conocido.

Nos pusimos en marcha a las diez de la mañana, fuimos los últimos en salir de Cabrones, pero también eramos los únicos en ir con tienda, y no tener más prisa que la de llegar con tiempo de sobra a nuestro destino para procurarnos un buen descanso y disfrutar del entorno.
Jou de Cerredo

Indicados por otro de los guardas del Refugio, tomamos el sendero que sube hasta el Collado de las Agujas de Cabrones. Los GPS,  no señalan la dirección correcta hasta que no te encuentras en movimiento y la calidad de la recepción puede hacer que esto se retrase unos minutos...  La razón técnica no la se, pero el hecho es que una buena indicación para ponerse en marcha en una zona que desconoces por completo, es siempre bienvenida.

Atravesamos completamente el Jou de los Cabrones y tras subir al mencionado collado ya estábamos jadeantes y totalmente cubiertos de sudor.  Eran las once de la mañana y el sol atizaba ya en lo alto, una vez más pasó por mi cabeza que,  quizás poniéndonos antes en marcha, las cosas nos podrían además de ser más llevaderas requerir menos esfuerzo.

Ascensión al Collado de las Agujas de Cabrones

Seguimos nuestro sendero por el borde izquierdo del Jou Negro, el último reducto del hielo que cubrió los Picos de Europa durante la última glaciación del Cuaternario.
Jou Negro

Sin dificultad, alcanzamos el borde superior del Jou de Cerredo, estamos en un terreno inhóspito pero no estamos solos, resulta que el Torre Cerredo, la cumbre de mayor altura de los Picos de Europa, se encuentra aquí y esto convierte a este desolado enclave  en un singular cruce de caminos.
Jou de Cerredo
Jou de Cerredo

Según el libro, hay que ganar la Collada de Don Carlos accediendo desde "su parte baja"... no nos da mucha más información, así que, aprovechando la coyuntura, preguntamos.  Como no terminamos de convencernos volvemos a preguntar... Todos tratan de ayudarnos, pero no tenemos la suerte de dar con quien ya haya hecho ese camino.   El GPS parece marcar la dirección lógica y al fondo del Jou nos parece ver un sendero que asciende por un pedrero nos dirigimos hacia el.


Estamos solos por el interior del Jou caminando por un terreno sin señalizar al que no estamos habituados y nuestro nivel de atención se eleva considerablemente.   El sol arrecia con fuerza dentro de esa caldera y tengo ganas de salir de ella.   Gema propone avanzar hacia el collado por la base de las paredes rocosas de nuestra izquierda y a mi me parece una buena idea a pesar de no llegar a tomar el sendero que creíamos haber visto desde lo alto del Jou.  Pisar un terreno lo más compacto posible parece, en ese momento, una buena decisión.

A medida que avanzamos, el terreno se va inclinando más y más.   Nuestras mochilas se van volviendo cada vez más pesadas y no podemos evitar desprender algunas piedras al avanzar.  En este sentido, Pepa se convierte en una auténtica amenza al corretear despreocupada pedrero arriba y abajo, desprendiendo piedras sin control que nos meten el miedo en el cuerpo pero que, por suerte y de momento, nos caen a una distancia prudencial.

Yo voy más o menos bien, pero cuando el terreno por el que avanzamos llega a su máximo punto de inclinación y descomposición, Gema entra en pánico.    Nuestra marcha que ya era lenta, acaba por detenerse.  Después de tranquilizarnos un poco, intentar usar la cabeza y agudizar los sentidos, parece que vemos un hito a unos cien metros en dirección al Collado.

Dejo a Gema en un lugar seguro y me acerco a inspeccionar... Lo que veo puede ser un hito o dos piedras una encima de otra... Es difícil de decir cuando estás metido en un pedregal lleno de piedras como esa.  Sin embargo, el supuesto hito está sobre una lengua de roca plana y compacta que se prolonga unos metros en la dirección que nos interesa.

Dejo mi mochila y vuelvo a por la de Gema, su crisis de pánico es tal, que acabo por permeabilizarme a ella y perder la convicción de que la situación está bajo control.  Las sencilla operación de traspasarme su mochila en ese estado de tensión resulta  peligrosa y la hacemos despacio y con pies de plomo...
Liberados del peso de las mochilas, vuelvo una vez más junto a Gema. Juntos, llegamos a la altura de las mochilas, pero para llegar a ellas, aun hay que hacer una travesía hacia la derecha por un pedrero donde ya no hay nada a lo que agarrarse.

Convenzo a Gema que a pesar de las apariencias es una zona mucho más segura que de donde venimos y pasito a pasito, cruzamos a terreno seguro.

Desde donde estamos vemos el Collado cerca, pero no tenemos total visibilidad para asegurarnos de no encontrarnos algún cortado que nos impida llegar a el.  

Empezamos a relajarnos cuando damos con lo que parece ser un sendero desdibujado, luego con hitos y finalmente con el sendero de verdad que viene desde donde creímos haber visto su inicio desde la parte alta del Jou.   A unos 150 metros de la cumbre vemos que por detras de nosotros nos gana terreno un montañero que viene en nuestra dirección desde el fondo del Jou. Su ritmo al lado del nuestro, es meteórico.  

Dejo a Gema a pocos metros de la Horcada y bajo a por las mochilas, quedamos en que cuando éste llegue a su altura, se pegará a él hasta la cumbre y allí me esperará hasta que yo llegue.

Bajo a por la primera de las mochilas... Parece mentira que las hubiéramos dejado tan abajo... Poco antes de llegar a su altura me cruzo con el montañero, un palentino muy majete al que pongo en antecedentes.    Se ofrece a ayudarme con las mochilas pero le indico que me basta con que acompañe a Gema hasta el collado.
Cuando por fin llego arriba compruebo que además de Gema y el chico de Palencia allí se han ido juntando más gente.  Siento que la situación ha vuelto a estar bajo control.

Bajo una vez más, esta vez  a por mi mochila y cuando la voy a levantar no veo el GPS. Me dan ganas de gritar de frustración... ¿Y ahora qué? La sensación de derrota es sólo pasajera ya que al colocarmela en la espalda veo que el GPS estaba debajo vivito y coleando.  La montaña rusa emocional por la que atravieso está a punto de fundirme los plomos..

Desde la Horcada de Don Carlos nos indican el camino y la ubicación de la Horcada de Caín sobre la que tenemos contacto visual.   Nos separan alrededor de  400 metros  y el sendero es por falso llano descendente.   Hemos recuperado nuestra autoconfianza y con ella nuestras fuerzas... 

Una vez en la Collada de Caín, el GPS indica que aun nos faltan 150 metros para llegar a ella... A pesar de la información recibida verbalmente hace 20 minutos, pienso que he cometido algún error de interpretación y continuamos hasta desesperarnos tratando alcanzar el waypoint marcado.

Hartos, dejo la mochila en el suelo junto a Gema y, pegado a una pared rocosa asciendo solo por un pedrero más descompuesto aun que las laderas del Jou Cerredo en la dirección que indica el GPS...  Cuando llevo la mitad y mi destino no está nada claro, la distancia  al objetivo en vez de seguir decreciendo vuelve a incrementarse dejándome atónito...   Acabo tirando la toalla.

Pepa ya lo había hecho, después de tratar inutilmente de seguirme en mi descompuesto camino hacia ninguna parte, había regresado junto a Gema y se había tirado al suelo reventada.

Cuando retorno junto a Gema y Pepa, estamos mucho más agotados psicologicamente que físicamente... son las cinco de la tarde y a pesar de contar con horas de luz suficientes para intentar nuevas opciones no tenemos nada claro que hacer.


Después de reflexionar, respirar hondo unas cuantas veces, consultar el mapa y a nuestro sentido común concluímos que la Horcada de Caín es el collado que acabamos de cruzar, tal y como se nos había indicado desde la Horcada de Don Carlos, y que lo que sucede con el GPS es simplemente un error en las coordenadas.  Error que confirmamos, es tipográfico, del libro "Alta Ruta" y no de nuestra transcripción.
Vivac de la Horcada de Caín con el Naranjo (Urriellu) al fondo



Pepa está muy mal, a parte de su extenuación física, arrastra desde Madrid lo que parece un golpe en un ojo, que tratábamos de acuerdo con su veterinario con antiinflamatorios.

En el momento de decir basta, la inflamación había crecido desproporcinada hasta casi no dejárselo abrir.  Ante el temor de  de que no se pueda valer por si misma, decidimos pernoctar en el vivac de la Horcada y garantizarla y garantizarnos el máximo descanso posible.  Montamos la tienda, cenamos un sandwich y nos aseguramos de que Pepa coma y beba...  Por una vez y sin que sirva de precedentes, la comida le fue servida sin restricciones cualitativas ni cuantitativas.

El plan es madrugar mucho, intentar ir a Cabaña Verónica por el Jou de los Boches cuya travesía presumimos más transitada y corta que la prevista inicialmente y que además también recoge la "Alta ruta" como alternativa. Tenemos el agua justa para no pasarlo mal si no fallábamos y un perro agotado con síntomas de estar enfermo que no sabemos lo va a poder aguantar.  En el lado positivo el itinerario comienza en un sendero muy evidente que queremos pensar se mantiene así hasta nuestro destino.

A pesar de tanto discurrir somos conscientes de que el mejor plan hubiera sido seguir el itinerario previsto, por el que sólo nos separan 6 kilómetros de Cabaña Verónica y donde tenemos varios waypoint marcados... El problema es que habíamos perdido la confianza en el libro, sus waypoint y sus explicaciones sobre el camino..

El día comienza temprano para nosotros, quizás las 6 de la mañana, Pepa no puede abrir el ojo.  Intentamos no pensar en ello mientras desayunamos un sandwich rápido.  Recogemos los bártulos y en una hora estamos en movimiento.  Pepa parece que aguanta.

El libro describe la variante "a pelo" sin waypoint ni explayarse mucho,  dice que hay que recorrer el sendero al otro lado de la Collada de Caín en dirección al Jou de los Boches... (lo cual ya era un dato ambigüo pues antes de el está el Jou sin Tierre)   Otra indicación era "llega un momento en que el sendero se bifurca [...] dónde hay que coger el de la derecha que está menos marcado".

Llega un momento ¿qué quiere decir? 100 metros, media hora o un kilómetro...  Evidentemente, nosotros dimos por supuesto que sería más adelante y no a los cinco minutos de empezar a andar y eso, a pesar de que en un momento a Gema le pareció   ver un desvío... (Estamos hablando de senderos, que a veces desaparecen y de hitos que no siempre "estan")  a mi no me pareció más que una variante del que llevábamos "Porque no podía ser tan pronto" y continuamos...

Finalmente el camino desaparece en un punto donde no teníamos claro si debíamos destrepar al Jou sin Tierre o atravesar por unas gradas rocosas a nuestra derecha y tomar la dirección en la que suponíamos que debía estar el Jou de los Boches...

Nuevamente nos separamos circunstancialmente, trepo hasta el paso y cruzo al otro lado, allí tampoco veo nada claro, parece que se puede seguir por una ladera pero habría que acercarse y no quiero estar demasiado tiempo separado de Gema, sopeso los riesgos y vuelvo junto a ella, juntos decidimos dar media vuelta y volver a la Horcada de Caín, y allí definitivamente, consensuamos volver a Cabrones...   Lo mejor era no complicar las cosas aun más.   Pepa iba a nuestro paso y eso no era buena señal.   El agua, empezaba a escasearnos y en previsión de posibles penurias rellenamos dos botellas con agua de un nevero.

Lo mejor de estos fracasos es poder contarlos.  Con esa idea clara, volvimos a la Horcada de Don Carlos y nos volvimos a internar en el Jou de Cerredo, esta vez sin dejar el camino más claramente dibujado sobre el Pedrero.

En un sitio de gran inclinación pero de fácil transito Gema vuelve a bloquearse y estallo... Nos damos unas cuantas voces y tras desahogarnos un poco, dejo mi mochila y desando el camino hacia ella, vuelvo a hacerme cargo de la suya y de Gema.  Juntos logramos superar el tramo y ganar otro de menos inclinación... pronto estamos en el fondo del Jou... Somos un desastre como montañeros, pero bueno,  también tenemos nuestro puntillo.

Durante 5 minutos perdemos de vista a Pepa... Tengo un mal presentimiento.  La llamo y no acude, Gema hace lo mismo.  Tememos que se haya podido caer en alguna grieta o que haya desfallecido...  No tenemos fuerzas para ir a buscarla y seguimos andando hacia la salida, quizás desde el otro lado del Jou tengamos más perspectiva y logremos verla o ella pueda oirnos, o ladre... o algo.


Una vez más, subidos en primera clase a la montaña rusa de las emociones,  vemos aparecer a Pepa tras unas rocas.  Está bien y nosotros al verla mucho mejor.   

Cruzando el Jou nos cuesta situarnos sobre la huella grabada por el GPS cuando vinimos desde Cabrones, siguiendo la lógica y unos hitos que nos salen al paso, cruzamos el Jou hasta su salida, luego recordamos unas rocas a lo lejos, donde estaban sentados los montañeros que iban a hacer el Cerredo, luego vemos un sendero muy definido que lleva la dirección adecuada... luego estamos ya sobre el Track y luego vemos gente...  yo que tengo un puntillo asocial, me alegro como nunca de ver a los de mi especie...

Finalmente no nos hace falta preguntar nada, llegamos al collado y por el GPS comprobamos que estamos sobre nuestros pasos de venida...   ahora sólo se trata de no perder el track.

Camino al Jou de Cabrones somos neutralizados por el grupo, inmersos entre sus integrantes deshacemos el camino hasta el Refu... Es increíble que hubiéramos pasado por aquí el día anterior ya que apenas recordábamos nada del trayecto desde el Jou Negro.
Refugio de Cabrones

Ganamos la fuente, bebemos hasta saciarnos y con un último empujon subimos la cuesta hasta el Refu.  Poco más tarde tres cocacolas, una cerveza y unos tallarines para cuatro personas que engullimos en cinco minutos nos hacen sentir mucho mejor.

Pepa está cansada y tuerta pero le cuesta sentarse a ver como hacemos desaparecer la comida prefiere quizás irse a "trabajar a otros" con manjares más apetitosos...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Sonrisas y lágrimas....leo ahora lo vivido y parece mentira la intensidad que tuvo cada minuto de nuestra ruta, en todos los sentidos y en todo momento, me invade la nostalgia...