domingo, 17 de septiembre de 2017

Camino de Santiago desde Madrid en bici: CapítuloV. El Viaje. Etapa IV: Alcazarén - Medina de Río Seco 81 Kms.

Lunes 14 de agosto de 2017 - Cuarta  etapa:  Alcazarén-Medina de Río Seco

 

 Distancia 80,95 Kms. (293,52 desde Madrid)  Tiempo de pedaleo 5 horas y 50 minutos. (21,50  horas desde Madrid) Velocidad media 13,9 Km/h  (14,10 Km/h desde Madrid) Velocidad máxima 43 Km/h 

 

Desnivel acumulado subiendo: 775 m.  (3.043 desde Zamarramala)-- Desnivel acumulado bajando: 739 m. (3.788 desde Zamarramala)

 

Los Peregrinos de "a pie" madrugan mucho y sus movimientos al margen del despertador, marcan el príncipio del fin de la estancia en la cama. No viene mal, porque El Camino tiene sus propios horarios no escritos y yo voy progresivamente ajustándome a ellos.  A pesar de todo, a las 9:15 cuando dejo la llave del Albergue en el buzón, soy el  el último en abandonarlo.

 

Me he despegado de las sábanas a las 8 de la mañana y  he sido todo lo lento que he podido ser a fin de que el factor humano se fuera dispersando. Cuando sólo quedábamos a bordo Pepe y yo, ya tenía todo listo y sólo quedaba pendiente reparar el pinchazo que detecté la tarde anterior. 

 

Con la cámara en la mano el pinchazo era inapreciable así que, en la pila de la cocina y por el sistema de inmersión y observación de las burbujas de aire,  localizo el poro, lo marco y lijo la zona a cubrir con el parche. 

 

Cuando voy a utilizar el pegamento, resulta que lo tengo seco.  Me quedo con cara de gilipollas. Debí usarlo una única vez, porqué el bote estaba sin espachurrar pero abierto.  En Madrid quedó conscientemente el recambio que compré uno o dos días antes de la partida.

 

No me da tiempo a lamentarme, Pepe saca el suyo y resuelve el problema.   No es un favor pequeño ni tenía porqué hacerlo. El pegamento de los parches, una vez abierto se volatiliza pronto, y aunque ambos llevamos cámaras de repuesto, una mal día de abrojo nos puede complicar muchísimo la vida.

 

En Alcazarén la vida de bares y comercios empieza a las diez de la mañana y no podemos esperar a que abran para desayunar. Pepe empieza su jornada mientras, aun en el albergue, doy buena cuenta del trozo de empanada que me quedaba tras mi paso por la panadería ArteSano de Nava de la Asunción

 

A estas alturas, y con las etapas de la guía descabaladas por el cierre del albergue de Coca, mi planteamiento consiste en intentar hacer jornadas de mínimo 70 kilómetros y, si es posible, confluir con la planificación de Pepe que tiene un calendario similar al mío. Al mismo tiempo, si por la razón que sea tengo algún problema, tengo un bonus de 30 Kilómetros para recortar de alguna etapa y seguir contando con los días necesarios para llegar a Santiago.  El contratiempo de ayer en Coca hace que, además de haber incluido Alcazarén en mi historia personal,  las cuentas cuadren mucho mejor.

 

A las 9:15 comienzo mi andadura en la puerta del Albergue con destino Valdestillas a 20 Kilómetros de distancia.  Allí, con un café en el cuerpo, espero verlo todo con más claridad.

 

9:15 horas. Albergue de Alcazarén. Comienzo de etapa.

Como siempre, nada más dejar atrás la última casa del pueblo, pierdo la flecha amarilla. Tampoco tiene mayor trascendencia, en estos casos la dinámica consiste en retroceder hasta la última indicación y desde allí reemprender el camino en la dirección correcta.  En esta ocasión se trata de coger la calle Larga, y seguirla hasta cruzar la N-601.

 

Al otro lado de la carretera la calle se transforma en una pista que vuelve a introducirme en los pinares.  En esta ocasión voy advertido por la guía de que el suelo es ciclable, lo cual es de agradecer, pero no me quita el miedo a los pinchazos. He arrancado el cuarto día con una media de 0,5 pinchazos por jornada y  ahora mismo sólo llevo una cámara de repuesto. El tema me tiene algo tenso y, le pido a Santiago, que ya que le voy a hacer una visita, me permita al menos recorrer los 20 kilómetros hasta Valdestillas sin pinchar.

 

10:19 horas. El Camino sigue el curso del río Eresma.  Por más que lo intento, mis fotos no logran reflejar la belleza del paisaje. La Foto está tomada desde un puente. El terreno es lo suficientemente compacto como para pedalear sin problemas.

La pista acaba encontrándose de nuevo con la carretera, en esta ocasión la VA-404, que tomamos hacia la izquierda para cruzar el Eresma e inmediatamente volvemos a abandonar para tomar una pista a la derecha que Google Maps identifica como "Vereda del Camino de Olmedo" .  La flecha amarilla resolverá los cruces para mantenernos en ella hasta llegar a Valdestillas. De todas formas, y aunque en la bici no se es consciente por la vegetación que tapa la visión,   lo único que hemos hecho desde que tomamos el puente de la VA-404 y cogimos la nueva pista, es cambiar de orilla del río.

 

10:40 horas Desayuno en Villacastín.
10:41 horas. Villacastín. Bar Plaza.

Celebro con alegría la llegada a Valdestillas sin incidentes y, como polilla volando hacia la luz, ruedo hacia el primer bar abierto .  

 

Hoy inaguro yo la terraza del Bar Plaza, junto a la Plaza mayor del pueblo. Los parroquianos la han dejado desierta al prefierir estar cobijados en su interior, debe ser por  la inercia de los hábitos generados por las temperaturas extremas castellanas. Sin embargo, la mañana es aun agradable y me siento un privilegiado desgustando tanto del primer café que me ponen en condiciones por sabor, textura y tamaño, así como de mis tostadas talla M.  

 

La verdad es que con lo bien que se come en Castilla y lo mucho que se trabaja en el campo, no deja de sorprenderme el tamaño tan reducido de la manduca matutina.  Lo anterior no quita para haber disfrutado de un buen desayuno y una atención amabilísima.

 

Pregunto en el bar por un taller de bicicletas y me derivan a "Buggy Sport" una tienda dedicada principalmente a las motos pero que tiene algunos recambios de bici. La atravieso con intención de proveerme de cámaras de repuesto y me pongo lívido cuando el tendero me informa que ya no le quedan porque ha pasado antes un "grupo de 10 ciclistas" y se las ha llevado todas.

 

Por suerte para mí, se refiere a las cámaras convencionales pero aun le quedan con líquido antipinchazos. Sí, son más caras, pero que le vamos a hacer, mi reino por un plato de lentejas y, en este caso no es un reino sino unos más que justos 8 euros los que entrego a cambio.  A la cámara sumo unos nuevos parches con su pegamento y salgo de allí con los deberes cumplidos.

 

Por cierto, dos cosillas, cuando el tendero de Buggy Sport me hablaba de un grupo de 10 ciclistas que se habían llevado todas las cámaras que le quedaban, yo sabía que en realidad solo habían sido 3, los madrileños que ocuparon las últimas camas (y el suelo) del Albergue de Alcazarén y que habían pinchado 5 ó 6 veces en Tierra de Pinos. Y por otro lado, hubo un momento de tensión en la tienda porqué se me ocurrió preguntar si estaba seguro de que la cámara que me estaba vendiendo era de la media de mi rueda, 26 pulgadas.  La respuesta fue un hosco "¿Pero qué crees, qué no se hacer mi trabajo? 

 En el primer caso me sonreí por dentro porqué no dejaba de ser una exageración inocente a las que yo soy muy dado y, en el segundo, todo quedó arreglado cuando le explique al tipo que era mejor preguntar a verme a 15 kilómetros del pueblo más cercano con cuatro abrojos en cada  rueda y descubrir una cámara de talla equivocada que no puedo usar. Todo esto adornado con que yo mismo no dejo de equivocarme en mi trabajo todos los días... lo cual no deja de ser otra exageración igualmente inocente.

 

Buggy Sport está en la Calle Real, construída sobre la calzada romana cuyo itinerario seguimos. Cuando llegamos a la altura de la estación de tren, nuestra calle muere en la Avenida de Valladolid que tomamos hacia la derecha, hasta que damos con el túnel que nos permite atravesar las vías del tren y nos deja en uno de los extremos de un puente romano, que también hemos de cruzar, para salvar el Río Adaja y así tomar hacia la izquierda la carretera VA-VP-9003.

La flecha amarilla reduce a cero las posibilidades de confusión.

 

Juanjo Alonso advierte en su guía de marzo 2015, que tras dejar atrás el puente romano, las flechas amarillas no toman la carretera sino un camino que discurre paralelo a su arcén derecho.  Yo no ví ese desvío, quizás hayan removido las viejas señales amarillas, pues ya entonces el antiguo sendero había sido cercenado por las vías del Tren de Alta Velocidad.  En su lugar, sí que es posible tomar la pista que discurre a la izquierda de nuestro sentido de marcha, por la carretera hacia Puente Duero, pero en en 2015 el Capitán pedales avisaba  de un firme no muy adecuado para la bici y a mí me pareció  que la cosa había cambiado poco.  Esta pista de la izquierda es la mejor opción para los peregrinos de a pie y es el itinerario al que se refiere la Guía de los Amigos del Camino de Santiago de Madrid (julio 2014). 

Resumiedo, no le veo mucho sentido a pasarlas putas sobre un firme malamente ciclable y con alta exposición al abrojo solo por evitar la carretera que discurre paralela dos metros a la izquierda. Así que elijo la opción cómoda y me decanto por continuar por el arcén hasta Puente Duero.

 

Entro en Puente Duero por la calle principal cuyo nombre, "Cañada de Valdestillas", es prueba de su  origen y función durante siglos. La calle nos conduce al puente de origen romano que atraviesa el Río que da nombre al antigüo Municipio, y desde 1960, barrio de Valladolid. La historia se muestra desnuda en cada metro de estos últimos kilometros de El Camino.  

 

En el puente me reencuentro con los tres ciclistas madrileños de Alcazarén.  Nos saludamos y me confirman su paso por Buggy Sport, de donde se llevaron la tampoco exagerada cantidad de  6 cámaras de repuesto.  El encuentro es breve, me  despido de ellos en dirección contraria a las flechas amarillas. He avistado una gasolinera y tras el pinchazo de ayer, quiero asegurarme de que llevo las ruedas con 3 kilos de presión. Llevar las ruedas tirando a duras, es una buena medida preventiva.

 

 Desde Puente Duero el Camino hacia Santiago ofrece dos variantes, una de ellas atraviesa la ciudad de Valladolid y la otra la de Simancas.  No conozco ninguna,  así que he de elegir y me decanto por Simancas.

 

 Las flechas amarillas me conducen por la Calle Real, que tiene un trazado y concepción similar a lo que debió ser Arturo Soria en su orígen y, desde ella tomo un carril bici en el margen derecho de la carretera CL-600 que me deposita, tras unas cuantas pedaladas a orillas del Pisuerga.  

 

12:39 horas. Llegada a Simancas.

Por tomar el carril bici, he renunciado a la pista que pegada al Río Duero cruza el último pinar de Tierra de Pinares, y me fastidia mucho, pero hoy no me encuentro físicamente bien, mi ritmo es malo desde el principio, estoy cansado y especialmente molesto por  rozaduras del culo con el sillín. 

Reconozco sin complejos que, el esfuerzo que exige atravesar los pinares de Tierra de Pinos me queda grande.

 

Cruzo el Puente medieval siguiendo el itinerario de la calzada romana "Vía XXIV" que traemos desde Cercedilla y entro en Simancas.  Cruzo su preciosa y, a estas horas, llena de vida Plaza Mayor y tomo la calle Salvador que me lleva a la Iglesia del mismo nombre. No es una iglesia más, no puedo evitar bajarme de la bici y contemplarla de manera tranquila.

 

12:55 horas. Simancas. Iglesia de El Salvador.  Dice la Wikipedia que aunque la torre del siglo XII es de estilo románico, el resto, construido en el siglo XVI se corresponde con un Gótico tardío con influencias renacentistas. La vieira de su entrada principal y el retablo de Santiago Matamoros de su interior no engañan respecto a su ubicación sobre El Camino de Madrid.

La Iglesia tiene una fachada realmente bonita, con un estilo que me recuerda al palacio episcopal de Gaudí en Astorga y está perfectamente integrada con la plaza desde donde la fotografío.  Lástima que el sol y la falta de sombra me obliguen a reemprender la marcha sin terminar de saborearla.  A esta hora y en agosto, este no es un buen lugar donde tomarse un respiro.

Las flechas amarillas me hacen bordear la Iglesia por la Calle Tercias, donde doy con una puerta abierta que deja entrever el atrio. No puedo resistirme y al asomar la cabeza, alucino con la elegancia  y lo especial de su belleza.  Desde el interior soy invitado a entrar a contemplarla de cerca. 

Un par de señores charlan, uno de ellos tiene una perra que se llama Pepa, como la mía, y no puedo evitar agobiarla con una ensalada de caricias y  arrumacos.  

El que me ha invitado a entrar se ofrece también a sellarme la credencial de Peregrino y a indicarme donde coger agua si lo necesito.

13:00 Iglesia de El Salvador - Atrio. A pesar de la belleza de este patio porticado, Internet no ha resuelto mis dudas sobre el significado de la pelota gigante de piedra que equilibra el conjunto.

Al poco se nos unen también los tres ciclistas de Madrid y, el tipo se ofrece esta vez, para enseñarnos la iglesia.

Resulta que el buen hombre, es también el cura de Simancas y está encantado de que la gente visite el templo.  Es sumamente extrovertido, entiende de bicis y hasta se atreve a intentar ajustar un freno de disco de uno los tres madrileños.

La visita guiada a la iglesia es sumamente agradable y su interior no defrauda en absoluto, está al mismo nivel que su fachada y atrio.

13:12 horas. Simancas. Interior de la Iglesia de El Salvador.
 
13:20 horas. Iglesia de El Salvador. Retablo -Santiago Matamoros.
Tras despedirme, recargo agua en el servicio y salgo en pos de la flecha amarilla.

El itinerario urbano me conduce junto a la fachada del Castillo de Simancas que Felipe II convirtió en Archivo General del Reino.  El edificio es imponente. En si mismo es suficiente motivo para una vísita turística desde Madrid, pero esto es una peregrinación con fecha de caducidad y se me ha acabado el tiempo aquí, tengo que conformarme con una vistazo general mientras ruedo por la Calle Miravete.  Desde ella  atravieso la autovía  A-62 por un túnel y me despido por fin del asfalto al tomar la pista que Google Maps identifica como "Camino Coronilla"

A estas alturas, el paisaje ha vuelto a cambiar radicalmente, los pinares han quedado atrás y me sumerjo de nuevo en una llanura ondulada alfombrada con campos de cultivo agostados, similar al paisaje que  encontré en la etapa con incio en  Zamarramala.

En Ciguñuela me desvío de la ruta jacobea guiado por la  torre de la iglesia de San Ginés.  A la sombra de la plazuela que la antecede recargo energía tomando un par de barritas energéticas, lo justo para recobrar el ánimo y proseguir.

14:07 horas. Ciguñuela Iglesia de San Ginés. A estas alturas estaba demolido. La plazuela bien merecía una foto con más campo de visión, en el que se pudiesen apreciar la iglesia y su entorno.  En su lugar, mientras tomaba la barrita, saqué la cámara y disparé sin más.
 Tras la parada técnica retomo la ruta jacobea camino de Wamba.  El Camino de Santiago es también una prueba de resistencia y hoy, eso es lo que hago a cada kilómetro: resistir.

Entre Ciguñuela y Wamba distan 7,5 Kilómetros en los que el paisaje se mantiene ininmutable mientras ruedo por pistas de concentración.

Ví la primera antes de cruzar el puente romano de Simancas y, a  la salida de Ciguñuela, empiezan ya a ser frecuentes en los cruces y desvíos: Las esculturas de forja dedicadas a los peregrinos ya sea a pie, en bici, solitarios o en grupos heterogéneos, todas ellas se constituyen en mis compañeros de viaje durante este tramo.  A parte de la función meramente artística  tienen otra  funcional, la de señalizar el camino y también suponen un reconocimiento a todos aquellos que me han precedido y los que me sucederan en este Camino de Madrid.


14:49 horas. Esculturas peregrinas entre Ciguñuela y Wamba.


14:49 horas. Camino de concentración parcelaria entre Ciguñuela y Wamba.  El paisaje sería hermoso si el sol no me estuviera calcinando.

Wamba presume de ser el único Municipio español que comienza con la letra "W" y se lo debe al rey godo del mismo nombre nacido aquí, y que sucedió a Recesvinto tras la muerte de éste, también en Wamba. 

Aquello sucedió en el año 672, en aquel entonces la localidad se llamaba Gérticos. Wamba fue uno de los últimos reyes cristianos antes de la llegada de los musulmanes y el último que dió esplendor a los visigodos.

Estatua del Rey godo Wamba. Foto obligada y acreditativa de nuestro paso por aquí.

 
15h02m. Wamba. Iglesía de Santa María
Las flechas amarillas me llevan ante la Iglesia de Santa María de la O. En este lugar hubo una iglesia previa visigoda sustituida por la actual de estilo Mozárabe o de Repoblación, que a su vez  fue modificada, ampliada y restaurada hasta verla como la vemos hoy.

 Por fuera es magnífica, pero su interior  guarda lo más interesante y de nuevo, me tuve que quedar con las ganas:  El famoso osario de Wamba, el principal y único visitable de España, en el que quedan a la vista las calaberas de más de 3000 monjes perfectamente ordenadas, que comparten lugar con otros huesos depositados allí entre los siglos XIII al XVIII. A modo de advertencia reza el epitafio escrito en uno de sus muros: "Como te ves, yo me ví. Como me ves, te verás. Todo acaba en esto aquí. Piénsalo y no pecarás"

El osario en la actualidad debe ser bastante espectacular, pero aun lo debió de ser más no hace mucho tiempo,  pues en los años 50, el Doctor Gregorio Marañón sacó de allí dos camiones repletos de huesos y calaveras para estudiarlos en la Universidad Complutense de Madrid, los cuales nunca regresaron al pueblo.  (Fuente: www.elrincondesele.com)

A su vera me reencuentro por última vez con los ciclistas madrileños, han preguntado el horario de visita y, su apertura a las cinco de la tarde, resulta ser incompatible con el ritmo de nuestro viaje. 

 Lo lamentamos muchísimo porque la visita promete ser inolvidable, pero no nos queda más remedio que seguir, eso sí,  tan sólo unas manzanas, porque callejeando por Wamba damos con un bar abierto y los cuatros cruzamos el umbral de su puerta.  Sólo estamos nosotros.  Supongo que el resto de la población "Wambesa" recupera fuerzas cumpliendo con el ritual de la siesta.  Allí me cuentan una última anécdota del cura de Simancas, por lo visto se lo encontraron en bici por la pista camino de Ciguñuela, al llegar a su altura les dijo algo así como "Bueno chavales, me voy ya, meto la directa y salgo corriendo" y al decirlo accionó el acelerador de su bici eléctrica  y no le volvieron a ver más el pelo.

Saboreo cada trago de mi bebida de Cola con auténtico placer, la sombra del bar, la cafeína y el azúcar me reconstituyen a unos mínimos. Es el momento de dejar atrás Wamba.   Mis colegas ciclistas alargarán un poco más la parada, han pedido unos bocatas y tienen la intención de comer allí.  Me despido de ellos, no les volveré a ver.

Pronto diviso en el horizonte Peñaflor de Hornija pero no termino de llegar.  El terreno entre mi posición y el pueblo parece llano, pero es un efecto óptico. El Barranco del Arroyo Valdemama interrumpe la planicie dibujando una abrupta "U" por la que he de rodar. Suelto el freno y bajo con alegría por la primera pata de la "U". Me quedan 50 metros de bajada cuando vuelvo a pinchar, esta vez la rueda trasera, probablemente a consecuencia de un llantazo.  Hace muchísimo calor y no hay ninguna sombra a la vista donde cobijarse y reparar la rueda.  Me toca apretar los dientes y salir del embrollo cuanto antes.

Supongo que estoy cansado y tenso porque me cuesta muchísimo sacar mi cubierta Vittoria Saguaro de la llanta.  El liquido lo ha pringado todo y su tacto pegajoso me estresa aún más.  Empleo toda el agua de una de las cacharras en dejar limpia la rueda y, apalancando al límite de la resistencia de los desmontables de nylon, logro poner la nueva cámara y reintroducir la cubierta en su sitio.  No ha sido mi mejor demostración  mecánica, pero al menos vuelvo a estar en marcha.

La subida a Peñaflor de Hornija es muy empinada y el terreno no muy compacto. Con el peso de las alforjas se hace especialmente dura pero apurando el desarrollo y con un poco de habilidad se puede hacer sobre la bici de principio a fin.

Las flechas amarillas son difíciles de seguir dentro del pueblo pero no es complicado llegar a la puerta del albergue.  A mí encuentro acuden dos de sus huéspedes, una chica francesa y un español.  Son muy amigables, la conversación es reconfortante. Tras cinco minutos de charla parte de mí quiere poner en este acogedor y espacioso albergue el punto y final a la etapa, pero la suma de kilómetros del día me disuade de ello.

Es a través de ellos por quienes me entero de que poco antes de mi llegada ha pasado el grupo de los tres ciclistas  madrileños, supongo que han debido venir hasta aquí tomando la carretera, de otra manera me los hubiera encontrado por el camino.

En el Albergue me deshago de la pringosa cámara antipinchazos y recargo las provisiones de agua. Antes de pensármelo dos veces y ceder a la tentación, reanudo la marcha.

La salida del pueblo es sobre una calzada de piedra que baja al Río Hornija, tiene algunos escalones pequeños que la ayudan a salvar el desnivel.  Después de mi reciente pinchazo soy mucho más conservador con el tren trasero y aunque no descabalgo de la bici, modero la velocidad y traslado todo el peso que puedo a la rueda delantera.


Por el camino la señalización Jacobea nos ofrece la posibilidad de desviarse al Monsterio de La Santa Espina, o continuar recto hasta Castromonte. No tengo fuerzas ni ánimo para planteármelo, en mi caso la única opción es dirigirme sin desvíos a Castromonte.

En Castromonte llamo a Pepe, me planteo seriamente quedarme aquí. Él acaba de llegar a Medina de Río Seco y ha elegido el Albergue del Convento de Santa Clara, me habla maravillas de el  y me anima a seguir.  No hace falta mucho más, mi cerebro da de nuevo la orden a mis piernas de que vuelvan a pedalear y reemprendo el camino.

Desde Castromonte Juanjo Alonso tuvo problemas para seguir el itinerario marcado por las flechas amarillas, parece ser que el paso por el Río Bajoz estaba lleno de maleza y tenía mal firme.  Esto ya no es así, el tramo es perfectamente ciclable y bastante agradable por los arbolitos que jalonan el camino. No dura mucho el descanso árboreo,  enseguida volvemos a una pista de concentración parcelaria que nos lleva hasta  Valverde de Campos.

Tengo esta foto de la Iglesia de Santa María, pero no recuerdo nada de mi paso por la localidad.  Estoy muy muy cansado y todo la energía que me queda está dedicada a no dejar de dar pedales.

18:25 horas. Valverde de Campos. Iglesia de Santa María.


Salgo de Valverde cogiendo el antiguo trazado del Tren Burra, que hacía su recorrido entre Valladolid y Medina de Río Seco. Aquel tren que dejó de funcionar en 1969 hoy es otra plataforma ferroviaria recuperada para uso ciclista.  Desde que lo tomo a la salida de Valverde de Campos me mantendré sobre su trazado hasta las puertas de Medina de Río Seco.


El Convento de Santa Clara del siglo XV sale a mi encuentro nada más entrar en el término municipal.  La entrada por la que accedo la constituyen dos puertas de hierro con arco de medio punto que dan a la calle del mismo nombre. La puerta está cerrada pero se abre al girar su pomo, al abrirla accedo a un patio agradable sobre el cual se reparten los distintos edificios del convento. A mis ojos es lo más parecido a un paraíso y las monjas clarisas franciscanas de clausura, tienen a bien compartirlo con nosotros, los peregrinos de  Santiago.


Entrada al Convento de Santa Clara. Foto tomada del Blog "Viajando tranquilamente por España", el enlace a la entrada es el siguiente: http://rutastranquilas.blogspot.com.es/2013/06/medina-de-rioseco-y-3.html

Pepe está fumando en un banco del jardín. Ahora que lo pienso, el tío siempre está fumando en un banco de alguna parte. Es como si lo movieran todo a su alrededor (incluso el banco) y el siguiera allí sentadito, echándose un piti y mirando el móvil.  Se le ve echo una rosa, y yo por el contrario vengo hecho una puta mierda, tengo algunos años menos y  ni fumo ni bebo.  Como en Zamarramala, me manda a por la llave a la recepción del convento y me dice que si espabilo, me espera para cenar. Digo a todo que sí y sigo el camino señalado por su índice.


19:05. Medina de Río Seco - Patio del Convento de Santa Clara
Tras tocar un timbre una monja aparece detrás de una celosía de madera, me sella la credencial y toma los datos de registro que necesita y luego, tras darme la llave, de la puerta del convento,  me explica que he de quitar las alforjas a la bici y dejarla en la puerta del garaje, que ella me la guarda a buen recaudo hasta que decida irme.   El uniforme de monja clarisa intimida en un primer momento, pero hay maneras de hacer y de decir las cosas, y en esta mujer todo es bondad y dulzura.  Le comento de broma que solo pienso en ducharme y tomarme una Coca-Cola helada y, a los dos minutos vuelve con una sonrisa y una botella de dos litros que les ha sobrado del cumpleaños de una hermana. La botella está fría pero además viene  acompañada de una bolsa de cubitos de hielo XL para que todo termine de ser perfecto.

Cuando se va la mujer, le suelto a Pepe, "Macho, esta tía es la bomba" y me dice que no lo se yo bien, que él ya había estado charlando previamente con ella y que además de ser una mujer alegre, simpática y con un buen karma del copón... resulta que es la que da la cara en el convento de clausura porqué está obligada a ir y volver del hospital para acudir  a sus sesiones de quimioterapia.

Pepe le da caña a la Wifi y al tabaco mientras yo me ducho, estiro y preparo mi litera. Después de hablar con Gema estoy listo y le recojo en su banco del jardín. Me regaña porque soy lento. Me descojono, Pepe siempre se está quejando de algo, pero lo hace de una manera muy entrañable y con mucho sentido del humor. El calvo empieza a caerme bien.

La monja nos ha recomendado ir al Bar Crisol para cenar, dice que ha mandado a gente allí antes y que todos han vuelto contentos. También nos asegura, por si hiciera falta,  que ella no recibe ninguna comisión.  Pepe y yo seguimos su consejo como si fuera un dogma de fé y nos plantamos a cenar en la terraza del bar.  Salimos bastante contentos, es comida de picoteo o de menú sencillo y el precio muy ajustado.




20:27 horas. Bar Crisol. Pepe y yo cenando en Medina de Ríoseco

Después de cenar dimos una vuelta por la ciudad.  ¿Cómo es posible qué no haya oído hablar jamás de éste sitio?  Medina de Ríoseco es un lugar increíble, obstenta los títulos de Ciudad, Muy Noble y Muy Leal y está cargada de historia, innumerables edificios monumentales entre los que no podía faltar una Iglesia de Santiago Apóstol, restos de una muralla y hastá tuvo un castillo que desgraciadamente no ha llegado hasta nuestros días. Sin olvidarnos de la maravilla que supuso en su día y aun hoy es el Canal de Castilla. También en Medina de Ríoseco se perdió una batalla decisiva que acabó con José Bonaparte en el trono de España.

Pero el mayor monumento de esta ciudad es la ciudad en si misma, que es preciosa de esquina a esquina y todo un ejemplo de buen gusto y conservación.
21:26 horas. Iglesia de la Santa Cruz. recrea el diseño del arquitecto italiano Jacopo Vignola para la iglesia del Gesù, de Roma


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