miércoles, 21 de junio de 2017

Camino de Santiago desde Madrid en bici. Capítulo 1º. Antecedentes.

21 de junio.

He hecho dos veces el camino de Santiago, las dos en bici.  La primera desde Pamplona con David,  en julio de  1993.  Aquel fue un viaje intenso, mi primera gran aventura.  No todo salió bien, pero creo que así son las auténticas aventuras. Nos sobraba el tiempo, pero no podíamos relajarnos ni un segundo porqué no teníamos ni un duro. Dormimos bien, mal y muy mal, comimos alternando los bocadillos de salchichón con los de mortadela y pasando a veces hambre.  Mi bici, mi primera mountain bike era una BH Alu 500... Yo  adoraba aquella bici.  Llegamos al Monte del Gozo, me emocioné al ver las torres de la catedral y sobre todo al volver a ver a David que se había accidentado la mañana de ese mismo día. Al día siguiente, juntos de nuevo, rodamos hasta entrar en la plaza del Obradoiro. Por supuesto, acudimos a la misa del peregrino y no nos planteamos ni por una décima de segundo si eramos o no congruentes con nuestras propias convicciones religiosas. El Camino de Santiago empieza siendo un viaje de aventura, y acaba siendo un viaje espiritual  se quiera o no.

El segundo Camino, lo hice años más tarde, no podría precisar cuando, pero es posible que aun fuera universitario.  Lo hice con Marce, también en bicicleta, de hecho a Marce le conocí montando en bici y fuimos amigos mientras mantuvimos la pasión por las dos ruedas y los pedales. En aquella ocasión hicimos el "Ramal Aragonés" que va desde Somport a Puente La Reina, y allí, como estaba previsto, pusimos fin al mismo.  De este viaje, a pesar de ser más reciente en el tiempo, mantengo unos recuerdos más difusos... Recuerdo la belleza decadente de la estación internacional de Canfranc, el albergue Pepito Grillo y el enfado (con razón) de su dueño que nos insistió en que no metieramos las bicis dentro de la cabaña y al que no hicimos caso. Recuerdo sentirme avergonzado porqué le dimos nuestra palabra y luego no le dimos valor.  Recuerdo vagamente la Foz de Lumbier porque mientras la recorríamos tenía muy presentes en mi cabeza la noticia del tiroteo entre ETA y la Guardia Civil sucedida allí unos años antes, recuerdo rodar horas bajo la lluvia y, raro en mí, no acabar constipado.  Recuerdo un camino mucho más solitario y en el que apenas nos relacionamos con nadie...  También recuerdo percibir cierta hostilidad hacia nosotros en Puente la Reina.

Ahora que escribo estas líneas, me doy cuenta que un Camino de Santiago que no tiene como objetivo llegar a Santiago (se logre o no) no es un Camino de Santiago en absoluto, es simplemente una ruta cicloturista lo cual no es malo ni mucho menos, pero sí que es diferente.

Este año es posible que me embarque en mi tercer Camino de Santiago, así parece que será si nada se tuerce.  Ayer, acompañado por Gema y Pepa acudí a la calle Carretas a la Asociación de Amigos del Camino de Santiago para adquirir la credencial del peregrino, el listado actualizado de albergues y sobre todo la guía.  A Pepa no la dejaron cruzar la puerta de la asociación, nos pidieron que la dejáramos atada en el descansillo, ésto, en la práctica, hizo que  cruzara solo el umbral de aquellas oficinas y que sintiera el primer momento de zozobra emocional que enseguida pasé a mezclar con la percepción del estómago dando saltos ante la mera posibilidad de materializar una vivencia así.

Esta vez, el plan es ir sólo.  Gema no pude venir, Pepa tampoco y de no poder ser un viaje con ellas no soy capaz de imaginar un viaje con nadie más. Si esto sigue adelante, saldré el 11 o el 12 de agosto y espero llegar a Santiago el domingo 20 lo más tardar. No se que tal llevaré lo de estar sólo, no se si lo soportaré o si no, no se si llegaré en un estado de forma ciclista aceptable a la fecha de la partida y tampoco se si tendré algún problema físico o mecánico que me impida llegar a mi destino.  Esto es exactamente lo que es una aventura y yo, desde que volví junto a Gema de Nepal, tengo una gran necesidad de volver a vivir una.


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