sábado, 14 de mayo de 2011

...De lo de que también monto en bici...

Antes de que me picara el bicho de la escalada ya lo había hecho el gusanillo de la Mountainbike... y aunque latente, mi pasión por las bicis, nunca desapareció del todo.

Hace un mes rompí la hucha y con un poco de allí y un poco de acá y algo de remordimiento de conciencia, me decidí a pillarme un maquinón con el que volver los senderos.

Después de algunos paseillos por la Casa de Campo para poner algo a tono mis piernas, hoy me ví con ganas de ir hasta El Pardo.

Disponía de tiempo y la lluvía que amenizó mi de dedicación a la Ley de Procedimiento Administrativo había marchado a otro lugar.  En casa, Gema me liberó de toda obligación doméstica y Pepa sólo puso la cara de pena justa cuando se percató de que me iba sin ella.

Al principio note frío a pesar de la térmica y los manguitos...  La humedad estaba en el ambiente y las ruedas levantaban el agua del suelo...   pensé que quizás debería haber cogido el Buff para el cuello.

Lo de Madrid Río es impresionante... Mejorable sin duda, pero indudablemente un "obrón".  Los defectos son de diseño, y también de ejecución.   Una sola calzada asfaltada de unos cinco metros de ancho une en el mismo espacio a paseantes, patinadores, ciclistas, skaters... El conflicto y los accidentes están asegurados.

Hubiera sido fácil reducir la anchura de la calzada y añadir, en la misma medida un carril bici, separando los distintos tipos de usuarios... También se podían haber trazado uno o varios senderos por la zona arbolada... Las prisas por terminar han llevado a una anárquica distribución de los árboles, haciendo imposible imaginar un trazado lógico que los atraviese y descongestione el "tráfico" del pasillo asfaltado.   Otras zonas, inaguradas más tarde, presentan numerosos claros de tierra sin nada sembrado...   Y sin embargo, la ciudad ha salido ganando,  sin duda.

Entro en la Casa de Campo por la entrada del Puente del Rey.   Esta vez continuo por asfalto... Tengo la bici impoluta... pero esa no es la razón.   El barro de la Casa de Campo es muy viscoso y difícil de quitar, pero sobre todo, muy duro de ciclar y yo no se de cuantas fuerzas dispongo.  Decido que más vale ser ciclista conservador que ciclista apajarado.

Bordeo el muro de la Casa de Campo siguiendo un rumbo paralelo al río. Después de pasar bajo el Puente de los Franceses tomo el anillo ciclista que por una pasarela me hace sobrevolar la M-30... A partir de aquí no conozco nada.


El Carril bici discurre por la orilla izquierda del Manzanares (en sentido inverso a la corriente)... El río corre sucio y sin embargo, sigue habiendo mucho de bello en él.  Quizás un día el hombre aprenda a gestionar su convivencia con el resto de elementos de la naturaleza sin agredirla y defendiéndola como a una parte de si mismo.  De otra parte, ya se ve como nos luce el pelo.


Vuelvo a cruzar por otra pasarela, esta vez sobre la A6 y de nuevo el río por  un viejo y señorial puente...El de San Fernando... Una última pasarela, de nuevo sobre la M-30 me deja junto a un muro de ladrillo rojo que me acompaña unos metros.  Marca el límite de un Campo de Golf.   Pienso durante unos segundo que se le dedican demasiados metros cuadrados a un deporte que practican muy pocos y que consume recursos de todos.

Calle Arroyo del Fresno...  sigo el carril bici aunque se que me estoy separando de la carretera del Pardo y del lugar por donde quiero entrar... sin embargo algo he leído en Internet de lo que he deducido que ya no se puede entrar por ahí.

Después de una larga subida cruzo la M-30 por un tunel que tiene un ojo peatonal, algunas señoras a las que interpelo, me ofrecen amables sus explicaciones.

Ahora cruzo Herrera Oria... Cada vez estoy menos convencido de lo que estoy haciendo pero sigo el carril como si se tratase de un camino enlosado con baldosas amarillas rumbo a Oz.


En el Parque Gabriela Mistral doy la vuelta... Ahora, camuflado entre los coches, sigo su rumbo Herrera Oria abajo, en busca de más carteles que señalen la tierra prometida.

En cinco minutos estoy en la carretera del Pardo, un minuto más tarde, mi memoria reconoce  al instante un diminuto sendero que se pierde entre el arbolado... lo tomo.  Es el inicio de la montaña rusa por la que decidí volver a montar en bici.  Uno de los senderos más divertidos de Madrid.  Aquí aprendí hace tiempo a domar una BH Top Line 500, luego una Grisley y ahora me propongo  hacer lo mismo con mi flamante Giant Trance.

Me siento torpe... La bici está muy por encima de mis capacidades actuales. Sin embargo la tecnología ha evolucionado a mi favor y mi bici es un Pepino.   El sendero obliga a trazar... y mi máquina corrige parte de mis errores.  De repente aparece un tobogán más serio y clavo los frenos de disco... vamos a intentar no rompernos la crisma el primer día.

El terreno está blando y mis calas se embozan de barro, un árbol me ayuda a detenerme sin sacar los pies de los pedales.  Al forzar el gesto las calas se giran y me veo obligado a limpiarlas y desmontarlas para colocarlas rectas.

Se me hace tarde, decido tomar la primera variante que enlace con la carretera y dar media vuelta.   Lo hago justo a la altura de un puente ferroviario.   De repente, como un flash, me vuelve a la memoria la caída de un colega de la facultad... Sergio Abajo Durán derrapó justo en esa curva hacia 1994 haciendose una preciosa brecha en la barbilla.   Unas risas, tres o cuatro puntos y una regañina materna zanjaron el asunto.

No fue el único flash que tuve durante la ruta. Al volver por la orilla de la carretera recordé nitidamente un día en el que Marce y yo perforamos nuestras ruedas con decenas de pinchos de abrojo.  Imposible cualquier intento de reparación.  Llenamos las cámaras a tope en la gasolinera y salimos por piernas para intentar llegar lo más cerca posible de Madrid.   El resto fue un bonito paseo andando.

Mis piernas, de momento, no son capaces de mantener aquellas cadencias de pedaleo pero el terreno ayuda y le doy duro a los pedales... Tras un momento de confusión y gracias a unas pintadas en el suelo doy con la Senda Real o GR 124 y acabo enlazando de nuevo con el anillo ciclista.   No quiero llegar tarde y mantengo, en la medida de lo posible, un alto ritmo de pedaleo.

Cuando por fin llego de nuevo a Madrid disfruto de un "Madrid-Río" semi desierto a causa de la hora y de la lluvia. Aprieto los dientes y le doy caña a los pedales.   Estoy eufórico.

2 comentarios:

Pep dijo...

...
- ¿Qué defiende usted?
- El derecho a destruirme.
- ¿Qué es usted capaz de rechazar?
- Todo lo que se me quiera imponer por la fuerza.
- ¿Qué ha sido usted capaz de hacer por amor?
- Todo. Cuando se está enamorado,el noventa y ocho por ciento del cerebro no funciona.
- ¿De qué le sirve el arte?
- Para esperar a que caiga la noche.
...
...
Los ojos amarillos de los cocodrilos.
Katherine Pancol
La esfera de los libros




HeKAtomB mAN

Free dijo...

Gracias por pasarte por aquí Pep... Un abrazo.