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Gema, Pepa y yo camino de la casa de Campo |
Me refiero a los Land Rover fabricados por Santana, a los Seat 1500 y por supuesto los 600, a los Citroën dos caballos y sobre todo, y especialmente a los Volkswagen escarabajo y a los Renault 4.
De los cuatro latas me gustan todas las versiones, pero pudiendo elegir, me quedo con los fabricados en España, y de entre ellos, por aquello de las prestaciones, con las últimas series, cuando ya contaban con el motor de 1.100 centímetros cúbicos, alternador y algunas comodidades "lujosas" como los limpia parabrisas eléctricos, los reposacabezas, la luneta térmica y el radiocassete.
Mi chica ya sufrió junto a mí de esta enfermedad en la que recaigo cíclicamente y que me lleva a apurar los últimos momentos de consciencia antes de caer dormido, en rebuscar en las web de segunda mano el cuatro latas adecuado para adoptar. Abro paréntesis, este es el momento de reconocer que no tengo conocimientos mecánicos, ni ningún instinto ni intuición innata para atinar con mis arrebatos cuatrolateros. Sigamos con la historia. Así que, arrastrada por mi locura, Gema se embarcó junto a mí en 2014 en la compra de un viejo R4, ni más ni menos que en Lugo.
No fue esta la primera vez. Poco antes, acompañados por nuestra amiga Zulema, tentado estuve de comprar un cadáver de 4 latas que reposaba en Muñopedro. La cosa acabó en excursión y comida en un chino en Segovia. En resumidas cuentas, un buen día.
Tampoco guardo un mal recuerdo de un R4 amarillo con franjas negras que creímos tener comprado, esta vez en La Coruña. Hasta allí fuimos en un viaje de fin de semana acompañados de mis padres y por supuesto Pepa... El coche estaba bien. Mi padre y yo le dimos una vuelta y no supimos encontrarle ningún defecto, pero... a la hora de pagar, resulta que el coche no estaba a nombre del vendedor. Saltan las alarmas, es fin de semana, Tráfico y gestorías cerradas y el dueño legal no aparece... Abortamos misión, coitus interruptus. Casi me sale una úlcera. Gema, y mis padres establecen la atmósfera propicia para digerir la experiencia como un viaje familiar, que por otro lado, salió francamente bien salvo por una mala noticia laboral que por casualidad coincidió en el tiempo.
Como iba contando, aquellas idas y venidas acabaron llevándonos de nuevo a Galicia, y finalmente sí, en una aldea de Lugo, la tierra de mi abuelo Román, compramos un 4 latas de color rojo, el que más me gustaba entonces, una unidad del año 1988. Aquel coche, de nombre LUKas no lo hemos llegamos a disfrutar (aún); llegó muy malito mecánicamente y además sufrió la fiebre "Gas Monkey Garage" mezclada con "Joyas Sobre Ruedas" que me llevó, junto a mi colega y vecino Richar, a desmontarlo casi en su totalidad. De eso hace ya 4 años, y así sigue. Richar tuvo que emigrar y me quede sólo ante un proyecto que exige más de dos manos para salir adelante. El resultado es un puzle mecánico esperando una nueva oportunidad.
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LUKas con la carrocería separada del chasis |
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Cuando MIHail conoció a LUKas |
Así pues Gema y yo, cuatro años después, volvimos a comprar un cascajo, que sabe Dios como, había pasado la ITV el día anterior. Dice el informe técnico que el coche no emite humos y que frena de puta madre. Es difícil mentir tanto en tan pocas palabras. Un amigo del alma o un familiar del vendedor, es nuestra apuesta.
A pesar de todo, si hubiéramos sido advertidos de todos y cada uno de los innumerables problemas que arrastraba el coche, igualmente lo hubiéramos comprado, y es que el trasto nos encantó y pide a gritos volver a la carretera y que lo quieran un poco. Luego esta aquello de que en la vida cada uno elige su estilo y eso que también cuentan de lo que pasa con el karma.
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MIHail recién llegado al barrio. Si se observa bien el tubo de escape está colgando del vacío porqué falta un silentbloc. |