Había oído hablar de esta escuela con comentarios siempre apasionados pero no siempre positivos. Había oído denostarla por los alejes entre sus chapas y por lo desfasado de su grado (dicen los que la frecuentan, que un quinto en Montanejos podría perfectamente equivaler a un 6a+ en otra escuela). También por la peculiar idiosincrasia del antigüo gerente del Albergue (según algunos, un tocapelotas, según otros, sin él no habría escuela de Montanejos). Tambíen había oído hablar con admiración, que en cuanto a vías, había de todo: placas, desplomes, vías largas.... Que contaba con un sector de iniciación que por si solo merece una visita, que se trataba de un sector potente en cuanto a calidad de itinerarios, bien graduado y bien chapado. Que ni mucho menos la mayoría de las vías eran expuestas y que contaba con un entorno de ensueño bañado en aguas termales.
Como ambos argumentos eran buenos, la partida quedaba en tablas y la visita seguía quedando pendiente, hasta que una mañana, como no, en Cuenca, en un agradable encuentro a pie de vía con un matrimonio de escaladores valencianos, él, "el Litri" nos la vendió de tal forma, que ese mismo día dejamos cerrada la reserva para el fin de semana siguiente, el del puente de agosto.
Entre los argumentos sin contestación, el de lo acogedor que resultaba el refugio, el entorno, la posibilidad de bañarnos en pozas de agua caliente naturales en el río Mijares y la calidad de las vías de toda la escuela y en especial del sector de iniciación que además contaba con vías de varios largos. Pero sobre todo, lo que nos convenció, fue el entusiasmo con el que ambos nos hablaban de la escuela.
Tras 4 horas y media de coche llegábamos al Albergue rotos de cansancio por el viaje y el madrugón del día de trabajo y enseguida la primera sorpresa positiva, Pep y Pablo ("El Capitán Bultaco") estaban de camino con las mismas intenciones que nosotros de apurar el puente en Montanejos.
El Albergue de Montanejos tiene sus pros y sus contras, lo mejor desde luego es su ubicación a la salida del barranco de la Maimona, al ladito de las vías, a 5 minutos del centro del pueblo y de la zona más popular de baño del Mijares. También es de destacar su gran terraza, donde servían cenas y donde cenamos todas las noches (eso sí al ritmo de nuestro camping gaz), en el refugio se está ciertamente a gusto y eso es al 100% obra de sus gerentes Pascal y Alexandra. Por contra, solo cuenta con tres baños y una ducha que además está dentro de la habitación común, con lo que las colas y los ruidos son inevitables. El tema no es baladí y está en vías de resolverse con el antigüo responsable de la explotación y todavía dueño del inmueble (Ernesto López).
El Barranco de la Maimona es mucho más bonito de lo que hubiéramos podido imaginar, a lo largo de los dos días en los que escalamos en él, no dábamos crédito al lugar tan hermoso en el que nos encontrábamos y dimos por hecho que volveríamos más veces, quizás convirtiendo la escuela en un destino recurrente para los puentes y vacaciones cortas.
El primer día, escalamos en el Sector iniciación e hicimos la "Kombinado Komekakas" una vía de 4 largos con dureza media de V y un último largo de 6a. Era la primera vía de varios largos con Gema, así que las emociones estaban ahí y las ganas de vivir la experiencia juntos también. Me acordé con fuerza de María, también ella hizo cordada con nosotros, pero iba de primera dentro de mí.
Ensayamos el primer largo hasta la reunión, para repasar conceptos, maniobras y aclarar dudas, pero sobre todo para que Gema se convenciese de que nada de lo que íbamos a hacer era una temeridad y de que ella era capaz de hacer su parte y disfrutarla. Así, tras ese primer asalto, nos metimos en serio y largo a largo nos fuimos merendando la vía sin incidencias hasta que a partir del 2, el sol, que hasta ese momento solo se había mostrado tímido, se despojó de sus vergüenzas y arremetió con fuerza recalentando la roca hasta casi achicharrale los pies a Gema a través de la goma de sus gatos. Gema las pasó canutas en cada largo con el tema de sus pies, pero nunca sugirió retroceder, en el fondo no quería rendirse y eso la engrandecía ante mis ojos. Finalmente ganamos la última reunión y en tres rápeles volvíamos junto a nuestras mochilas con la espalda torrada y satisfechos con la experiencia. En una sola ruta, Gema aprendió a asegurar desde una reunión, a escalar de segunda asegurada desde arriba, a organizar los rápeles y a rapelar. Por mi parte yo confirmé lo que ya sabía, que tengo una estupenda compañera de cordada y que su techo en este juego está por ver.
Comimos con Pep y Pablo, al Capitán Bultaco no le conocía y al cabo de 5 minutos fue como si los 4 lleváramos toda la vida siendo colegas. La cosa acabó en el río, de termales las aguas tenían poco (de hecho se las califica de hipotermales) pero el baño nos dejó como nuevos, listos para visitar la Fuente de los Baños y más tarde el pueblo de Montanejos. Entre medias otro encuentro, Ramón (Mad Climber), su chica y otros amigos, hacían parada en Montanejos en su camino a Frankenjura. Todos juntos, acabamos compartiendo la espumosa bebida amarilla en una terracita junto a la plaza del Ayuntamiento.
El sábado nos pusimos en manos de Pep, quien al menos ya había hecho 10 visitas anteriores a la escuela y nos guío dentro del

El domingo Gema y yo decidímos no escalar, dos días consecutivos está más que bien y planificamos volver a pasear por el pueblo, comprar en la famosa panadería (Todo lo que os digan de ella es cierto) y bañarnos de nuevo en el río. Finalmente acabamos compartiendo el día con Pep y Pablo con los que nos fuimos a bañar y comer. Tras una larga sobremesa, nos despedimos y tomamos rumbo a Madrid con la sensación de haber pasado un fin de semana que tardaremos en olvidar.