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jueves, 28 de junio de 2018

Escalando en Tailandia 2017. Regreso a la Península de Phra Nang (Parte V: Lopburi


Mientras el bote de cola larga navega dejando atrás la playa de Tonsai, cerramos el capítulo principal de nuestras vacaciones tailandesas, pero no esta todo dicho aún.




Krabi, es la localidad con los semáforos más frikis del mundo y también el lugar al que nos dirigimos tras desembarcar en el muelle de Ao Nang. Se trata de una ciudad pequeña y tranquila, con poca presencia de turistas y un ritmo de vida 100% tailandés. Buen lugar para hacer tiempo antes de coger el avión que nos devolverá a Bangkok.

Bitácora Vertical
Semáforo de Krabi
Llegados a Bangkok, al aeropuerto Don Muang, elegimos para dormir un hotel cercano, el BNR Resorts posicionándonos geográficamente de manera estratégica para el domingo, porque tenemos el plan de ir a la "guerra" de Chatuchack, el mercadillo de fin de semana  más grande del mundo, y abandonar esa misma tarde la ciudad para ir a conocer Lopburi  nuestra última parada en Tailandia.

El taxi desde el aeropuerto al hotel nos cuesta 120 bath incluyendo los 50 de tasa del aeropuerto. El servicio se contrata en el área de Taxis de la terminal con precios cerrados que imposibilitan la picaresca.  Nosotros añadimos a la tarifa 20 bath de propina para el conductor como gesto para agradecer su amabilidad y la carrera tan corta que le tocó en suerte.

Por continuar añadiendo datos que puedan ser de interés para futuros viajeros, desde el hostal, muy recomendable para una noche (600 bath la habitación) hasta el aeropuerto Don Muang, al que hay que volver para coger el autobús que lleva a Mo Chit 2, pagamos por el transporte colectivo en pickup roja 14 bath por los dos. Una vez en el aeropuerto, una de las pasajeras nos echa un cable a lo tailandés, guiándonos a través de los pasillos y corredores de una especie de hotel dentro del propio aeropuerto Don Muang, hasta el punto exacto desde donde sale el autobús A1, que por 30 bath por cabeza y tras recorrer unos 15 kilómetros, te lleva hasta la estación de autobuses de Mo chit 2 muy cercana a Chatuchack y desde donde sale entre otros el mini bus a Lopburi..

En Mo Chit 2 compramos un tercer billete para Lopburi, y es que habíamos anticipado la compra de dos a través de la web de 12Go Asia, pero caímos más tarde en que dado el volumen de nuestras mochilas y no teniendo los minibuses compartimento de equipajes, lo normal es que nos hicieran pagar por un asiento más. La jugada nos sale bien porque una vez en la taquilla se ofrecen a custodiarnos el equipaje hasta la hora de la salida sin coste adicional, una muestra más de la amabilidad tailandesa.

Solucionado el tema de los billetes y despojados de los mochilones, ya solo queda llegar a Chatuchack, para lo cual recorremos la distancia que nos separa andando. Esta decisión resultó ser un error, pues está mucho más lejos de lo que parece y no tiene sentido llegar agotados a disfrutar de nuestro gran objetivo del día.  Recomiendo encarecidamente llegar a Chatuchack en bus, si es que lo hay, en taxi o en tuk tuk y no hacer la tontería que hicimos nosotros.

Chatuchack: parada técnica para rehidratación urgente.
Chatuchack

Puede que tu rollo no sean las compras, puede que odies el regateo y puede que seas la persona que más odies lo material. Da igual, no hay excusa que valga: si estás en Bangkok durante el fin de semana y no vas desnudo por la calle, no puedes perderte  la visita a Chatuchack. La madre de todos los mercadillos tailandeses, el Rastro de los Rastros.

Nosotros tenemos señalada esta visita como una de las imprescindibles, porque aprendimos de nuestra anterior salto a Tailandia que es el lugar perfecto para comprar regalos a la familia y amigos cercanos, y también, gran parte de la ropa que usaremos durante el próximo par de años ya sean camisetas, sudaderas, calcetines, gayumbos, chanclas, crooks, bañadores...  Lo que quieras en textil, lo que quieras para tu mascota, lo que quieras en artesanía, menaje... cualquier cosa que pase por tu imaginación, si se vende en Tailandia estará allí, en una de sus 15.000 tiendas o en alguno de los puestos desmontables que rodean el área del mercado.

Chatuchak tiene también una zona de restauración de muy buena calidad y a precios súper asequibles, el mejor pollo frito tailandés, uno de mis platos Tais favoritos, lo comimos aquí. Solo por darse un homenaje de comida tailandesa ya merece la pena la visita.

Lo damos todo.  Cuando a las 19:20 de la tarde del domingo 22 de octubre cogemos el minibús que nos llevaría a Lopburi, no podemos ni con nuestras vidas ni con el equipaje añadido tras nuestro paso por Chatuchack. 

Lo que también agradecemos sobre manera es el par de horas de trayecto  en bus. Viajar es lo mejor de la vida, pero viajar de mochilero es VIAJAR con mayúsculas porque se vive plenamente enganchado al presente. Después de Chatuchack no estábamos precisamente "frescos" y aprovechamos el trayecto encajados entre nuestros mochilones  para reponer fuerzas y valorar las últimas experiencias,  también para tratar de anticiparnos a lo que llegará en cuanto lleguemos a nuestro destino.

De Lopburi no sabemos absolutamente nada más allá de que hay monos a punta pala y de que tiene una zona donde se puede escalar. Tampoco sabemos donde nos va a dejar el minibús ni como llegar a nuestro hotel.  Cuando se cambia de escenario sin móvil ni internet,  nos subimos a la tabla de surfear el presente donde no existe margen de anticipación a lo que tenga que venir, así que los sentidos se agudizan y los músculos se tensan. Un hormigueo en el estómago indica que los sistemas de alerta están activados.

Es de noche cuando el minibús nos deja en una glorieta bastante grande, somos los únicos pasajeros que quedan a bordo y no hay nadie por la calle a excepción de alguna que otra rata y los comensales que aun resisten en un restaurante que constituye una isla de luz en medio de la soledad que nos rodea. 

Según la Lonely Planet, el epicentro del turismo mochilero es el albergue/hostal Noom's Guest House, ubicado en la zona más céntrica de Lopburi.  Hasta allí probablemente hubiéramos podido llegar andando en un esforzado paseo con los mochilones a cuestas, pero no conseguimos habitación libre y nos vimos en la necesidad de escrutar la web de Booking hasta encontrar la  alternativa que nos pareció mejor, el hostal Farsay Homestay a tres o cuatro kilómetros del centro y al que no sabemos como llegar.

En el restaurante, hacen lo que pueden por ayudarnos, pero la barrera lingüística parece infranqueable y como además usan un alfabeto radicalmente diferente al nuestro, llega un momento en el que empezamos a preocuparnos de verdad. Finalmente se implica el encargado o gerente del restaurante, que aunque no ha oído hablar de nuestro hostal,  habla inglés y llama al Farsay Homestay para averiguar donde está. En estas para por allí un señor que dice ser taxista (ningún símbolo en el coche lo indica) y nos ofrece el servicio de transporte.   El gerente le dice como ir y nos hace de traductor. este señor del restaurante nos inspira la confianza suficiente para acabar subiendo a un coche sin identificación de taxi, sin taxímetro y sin saber el precio que nos va a costar la carrera. A veces, la necesidad obliga a hacer excepciones a lo que dicta el sentido común.

Durante el trayecto sigo el recorrido con la aplicación de android Maps.me para asegurarme de que no nos la cuelan con el recorrido o algo peor.   Diez minutos más tarde el amable conductor nos deposita en nuestro destino sin más historias que una tarifa razonablemente inflada. En la puerta de la casa nos reciben amablemente Farsay y su marido.

El alojamiento está genial y es absolutamente nuevo por estas fechas lleva sólo 5 meses en Booking y por eso no le resulta aun conocido a nadie.  Está decorado con un estilo art decó pelín cursi pero que no deja de ser agradable, con una habitación grande y cómoda y una piscina impecablemente limpia  de aguas azuladas que usaríamos esa misma noche animados  por Farsai.

Piscina en la entrada principal del hostal Farsay Homestay.
Gema a pie de piscina en el Farsay Homestay
El hostal es también la casa en la que vive el matrimonio.  Nuestra anfitriona es una mujer infinitamente amable, hospitalaria y servicial. De hecho, una vez instalados y a iniciativa suya,  nos llevó en su coche hasta un 7 Eleven para comprar algo para cenar y se ofrece, para en los días que estemos alojados allí, llevarnos y traernos de cualquier actividad que queramos hacer.

Nos sentimos de primeras un poco abrumados,  quiere saber los lugares que visitaremos y los horarios que llevaremos, pero es imposible que nosotros seamos capaces de organizarnos de esa manera  y de ninguna manera es lo que queremos para nuestras vacaciones, así que declinamos su ofrecimiento.  Necesitamos ser independientes y para ello sí que le pedimos ayuda para al día siguiente ir a la Noom's House a alquilar una motocicleta.    Al oir nuestra proposición se le ilumina la cara y acepta encantada. En realidad es una situación ideal para todas las partes, de esta manera ella y nosotros disponemos de nuestro tiempo como más nos convenga y no abusamos de su amabilidad

Hemos venido a Lopburi por dos razones, la escalada y los monos y nos vamos a llevar sorpresas muy agradables en ambos aspectos.
Gema en la puerta del Noom's Guesthouse
Realmente el Noom's Guest House es el centro neurálgico de una estancia mochilera en Lopburi, tanto si se viene a escalar como si no.  Su dueño, al que no tuvimos la oportunidad de conocer, fue el promotor de Lopburi como destino de escalada y aunque según nos contaron, lleva por estas fechas 6 años sin subirse ni a un taburete, en la Noom's se puede alquilar el material de escalada,  facilitan gratuitamente el plano para recorrer sin pegas los 22 kilómetros que distan hasta llegar a la zona de escalada del Khao Jeen Lair y disponen para consulta de los croquis de las vías de los distintos sectores, incluso nos los ofrecen para llevárnoslos a préstamo si los necesitamos. No es el caso y simplemente los fotografíamos por si encontramos discrepancias con nuestra guía de escalada.


Distribución de los distintos secotres de escalada y su descripción. Disponibles para consulta en la Noom's Guest House
Croquis de la ubicación de los sectores de escalada. Fuente Noom's Guest House


Ejemplo de los croquis disponibles para consulta en la Noom's Guest House
Ejemplo de los croquis que de la noom's Guest House


Probando la moto antes de embarcar a Gema y partir rumbo al Khao Jeen Lair
El plano que nos dan en la Noom's es bastante claro, pero está en nuestra forma de ser despistarnos y primero nos metemos en otro templo, el Wat Khao Chin Lae, que aunque relativamente cerca no es el que da acceso a la zona de escalada: el Khao Jeen Lair Temple. Un monje budista con mucha simpatía nos devuelve al "buen camino"

Las carreteras que vamos recorriendo apenas tienen tráfico y el paisaje entre campos de girasoles es simplemente espectacular, moverse en moto es divertido y a cada kilómetro vamos más acoplados y tranquilos.

Habíamos leído por distintas fuentes que, en el templo que hay que cruzar para acceder a la pared rocosa, los monjes no ponen más condición a los escaladores, que el  cumplimentar un registro con los datos de cada uno al entrar y salir así como vestir con cierto decoro, pero no hay un alma cuando nos detenemos ante la puerta de la verja que da acceso al complejo religioso. Tampoco hay candado ni nadie a quien preguntar. Algo tímidos abrimos la puerta y entramos.

A falta de monjes, el comité de bienvenida lo integra una manada de cuatro pacíficos y simpáticos perros infestados de sarna y pulgas que nos rodean al aparcar la moto, y que no nos dejan marchar hasta que hemos saludado a todos y cada uno de ellos con unas precavidas caricias.

Cumplida con la recepción y  sin entretenernos más  emprendemos camino afrontando los 298 escalones y el subsiguiente tramo de sendero que remonta la empinada ladera siguiendo la línea más recta posible hasta el pie del paredón rocoso. Cuando finalizamos la aproximación estamos empapados en sudor y algo mareados por la deshidratación.

Hay que ascender 298 escalones para llegar a los pies de vía del Khao Jeen Lair (o Khao Chin Lae).
El olor a sudor español debe resultar gloria bendita para los mosquitos "lopburisenses" porque en cuanto dejamos las mochilas en el suelo sufrimos un ataque masivo como no lo habíamos conocido en ningún otro lugar de tailandia.

Son grandes y lentos y los matamos por decenas en cuanto se nos posan en la piel, pero son muchos, muchísimos.  Movemos las cosas unos metros más para acá y luego unos metros más para allá, pero la cosa no cambia y nos siguen breando.   Sólo cuando se nos seca el sudor sobre la piel remite el ataque.

 La aproximación tan abrupta, la humedad y los mosquitos,  nos han dejado algo deshidratados mareados y sin ganas de escalar, tanto que nos tenemos que esforzar para escalar al menos una vía. Estamos dispuestos a dar por bueno el día con la mera localización del sector.  Influye mucho en el ánimo, el hecho de que no nos hemos acordado de traer comida.

Sin embargo, después de descansar un poco, probamos la roca y el cansancio desaparece al mismo tiempo que la desmotivación.  Sin complicarnos mucho nos ponemos manos a la obra y nos hacemos con  It Fits (6a) en mi guía denominada "It Fire", Arai Wa? (6a) y Night Vision (6a). Todas ellas buenas y agradables, sobre una caliza gris que exige pensar.

Pie de vía de It Fits,

Khao Jeen Lair con las últimas luces del día.
Ponemos fin a la sesión cuando aun nos quedan ganas, pero con la intención de regresar antes de que nos caiga la noche por carreteras que aun no dominamos.  

Cuando llegamos a la glorieta donde nos dejó el autobús que nos trajo desde Bangkok decidimos parar a cenar en el restaurante donde nos echaron una mano la noche de nuestra llegada.

La carta no está traducida al inglés y los empleados ni lo hablan ni lo entienden... Por suerte hay un cartel con la foto de un par de platos y esos son los que pedimos.

La verdad es que no se lo que comimos pero estaba bueno y nos quitó el hambre.





Con el estómago lleno emprendemos el camino de vuelta al Farsay Homestay.  Pero no reconocemos nada que nos ayude a encontrarlo. Desde la glorieta vamos y venimos intentando todas las opciones que se nos ocurren y luego trantando de seguir la ruta que nos marca la App Maps.me que usa el GPS del móvil sin necesidad de conexión de datos. Aun así, misteriosamente, cada vez que parece que nos acercamos al punto rojo que indica la situación del Farsay Homestay, el GPS se pierde conduciéndonos a la nada o a giros que no existen.  En un cruce en el que paramos para reconsiderar nuestras opciones nos ataca una manada de perros, huimos por los pelos.

Después de dos horas de reloj, muy cansados (Gema cargaba a su espalda la mochila con todo el equipo de escalada)  y muy desesperados, volvemos por enésima vez a la glorieta del restaurante,  esta vez paramos la moto, respiramos hondo y reflexionamos sobre lo que puede estar pasando: concluimos que si el hotel es nuevo puede que también lo sea la carretera que lleva hasta él y que por ello no esté aun recogida en la cartografía gratuita del Maps.me. De hecho, el camino más lógico hasta el punto rojo que simboliza el hotel en la pantalla del móvil sería en línea recta pero en el mapa no existe carretera que siga un trazado parecido y por eso la aplicación se lía elaborando la ruta.

En conclusión: pasando de cualquier tipo de indicación  dirigimos la moto  hacia el "punto rojo" que señala la ubicación de nuestro hotel utilizando las carreteras y tomando los cruces que mejor nos convengan  ¡Bingo! en 5 minutos estamos en la puerta del Farsay Homestay que nos parece hoy más que nunca el puñetero paraíso.

Como nos ha gustado mucho la zona de escalada, acordamos con Farsay prolongar nuestra estancia una noche más, no nos arrepentiríamos en absoluto.

Al día siguiente madrugamos bastante más y después de hacer unas primeras visitas turísticas y ubicar la estación de tren que utilizaremos para regresar a Bangkok volvemos a la carga pero esta vez

Conductor de rickshaw esperando clientes en la puerta de la estación de tren de Lopburi
conocemos el trayecto, llevamos provisiones y unas espirales que al quemarse desprenden un olor que repele los mosquitos.  Con la intendencia lista, emprendemos la aproximación por los 298 escalones que parten a pie de templo que  una vez más volvemos a encontrar desierto.
 
Khao Jeen Lair, vista de los campos de cultivo de alrededor desde una de las vías.
Vistas desde el Khao Jeen Lair
En esta visita nos lo pasamos pipa escalando y encadenando las siguientes vías: Low and High (V), Losanga (6a) y Anchor Spanker (6b+), todas ellas preciosas, aunque recuerdo especialmente la última como una placa finísima y elegante y a "Low and High" por el susto que se llevó Gema cuando al meter la mano en un agujero le salió un enorme búho blanco.

Nosotros dedicamos a la escalada dos días; sin ganas de tentar la suerte nos limitamos a abordar las vías de un largo mencionadas que, junto a otras del mismo estilo, conviven con rutas de varias largos equipadas en estilo deportivo y otras de perfil clásico. Pensábamos que Lopburi no daría para mucho más y nos equivocamos.   Si algún día volvemos a Tailandia, volveremos también a Lopburi y estiraremos nuestra estancia algún día más.  Yo creo que la zona da para 4 ó 5 días completos tanto por las posibilidades en cuanto a la escalada como por el resto de alternativas que ofrece Lopburi y sus alrededores

A Lopburi se la conoce como la ciudad de los monos por algo. Ya en el contrato de alquiler de la moto existe un cláusula que advierte de no aparcar dentro del entorno histórico por los posibles daños que puedan ocasionar los  macacos.  De primeras parece una medida extravagante pero no lo es en absoluto.


Monos cruzando un paso en la glorieta frente al Prang Sam Yot - Bitácora Vertical
Lopburi, grupo de monos cruzando la glorieta frente al templo Prang Sam Yot. 
Los monos campan a sus anchas por la vieja Lopburi hoy centro histórico de la ciudad, los hay por todas partes compartiendo el espacio con los humanos.   A pesar de que son un poco "enreda" y su curiosidad les lleva a ser algo ladronzuelos, la convivencia es pacífica.  Existe la creencia popular de que los monos traen suerte, creencia que mezclada con la tradición budista de respeto a todos los seres vivos y la muy influyente religión hinduista que venera a Hanuman, el dios mono, un avatar de Shiva hace comprender algunos ejercicios de paciencia que desgraciadamente serían impensables en España.


Los monos son en Lopburi casi ciudadanos de pleno derecho y tienen su propia fiesta la última semana de noviembre. Son curiosos y eso les lleva en ocasiones a arramplar con lo que no deben. 

Los tailandeses de Lopburi, conviven y dejan hacer a los monos, pero cuando enredan más de la cuenta se limitan a auyentarlos a golpe de tirachinas.   Los monos por su parte son mayormente pacíficos con los humanos (entre ellos si que son habituales las trifulcas), si se respetan las reglas de la prudencia es poco probable tener problemas.  Otro tema es que son unos descuideros avispados y si llevamos comida o algún objeto que les interese pueden intentar que "cambie de manos"


La visita al Prang Sam Yot un templo de arquitectura Jemer es obligatoria.  El viejo templo de montaña ha sido reconvertido por los monos en su cuartel general y junto a los valores arquitectónicos del templo nos dejará aun más huella la interacción con estos otros lopburienses que llevan aquí desde el principio de los tiempos.

Tal y como ley en otro blog, hay un momento de la visita en el que se accede al interior del templo, dicho acceso está vedado a los monos por puertas y ventanas enrejadas.  Desde el exterior, los monos nos observan con curiosidad, como si nosotros fuéramos los animales enjaulados.



Antiguo templo Jemer y actual cuartel general de los monos de Lopburi
El Prang Sam Yod es también conocido como el templo de los monos y es un ejemplo de la arquitectura religiosa Jemer y fue construido bajo el mandato del emperador Javayarman (1181-1221).  Los monos que ya han hecho suyo el centro de la ciudad, tienen tomado el edificio como su cuartel general. Es una visita imprescindible, nosotros lo visitamos dos de los tres días que estuvimos en Lopburi y hubieramos repetido, porque la interacción con ellos, me dejó una enorme huella que no olvidaré jamás.


Monita despiojando a su hijo.


Mono peluquero tratando mi cabello.
Wat Phra Si Rattana Mahathat -
Al lado de la estación de tren está el Wat Phra Si Rattana Mahathat, que también visitamos,el casco histórico es pequeño y te mueves sin problema a pie de un sitio para otro. Los monumentos son accesibles a cambio de una pequeña entrada y los más deteriorados son de libre acceso.

Este elegante pájaro nos acompañó durante la visita al Wat Phra Si Rattana Mahathat


Wat Phra Si Rattana Mahathat



Monos electricistas reparando un cuadro eléctrico en Lopburi


Un mono operario preparando las conexiones para instalar una farola

Monos valorando la compra de una moto.


Monos supervisando el tendido eléctrico


La vieja del visillo versión mona
Después de visitar por segunda vez el templo Prang Sam Yot,  sólo nos quedaba acudir a la estación para esperar el tren que nos devolvería a Bangkok esta monita fue la encargada de despedirse en nombre de la comunidad macaca.   La prometimos volver en cuanto nos fuese posible. Creo firmemente que habrá un tercer viaje a Tailandia, y Lopburi al igual que Railay no faltará en el itinerario.


"Adiós Gema y Alberto, volved pronto"
Recomendamos mucho la visita a  Lopburi  por ser un lugar tranquilo, alejado de lo turístico, barato y donde se vive y se come muy bien (visita imprescindible al mercadillo nocturno). Lopburi no sorprenderá en un primer vistazo pero te conquista minuto a minuto.  Esta muy cerquita de Bangkok y en la ruta hacia las más turísticas ciudades norteñas.  A nosotros se nos hicieron muy cortos los dos días y medio y sus tres noches, nos hubiéramos tirado aquí una semana muy agusto.

Lopburi fue la última estación de nuestro viaje por Tailandia, ya solo queda volver a Bangkok y pasar el día hasta que llegue la hora de ir al aeropuerto.   Tailandia tiene sus detractores, quizás haya países más bonitos, pero a nosotros nos encanta por lo bien  que se vive,  porque la gente de a pie de calle es generalmente muy buena, por la comida, por el color de su mar, su naturaleza, su escalada y las facilidades para todo.  El día que aprendan a cuidar y proteger eficazmente sus valores naturales, terminará de ser un país perfecto.

Estación de tren de Lopburi, llegada del tren que nos devolvería a Bangkok

jueves, 26 de abril de 2018

Escalando en Tailandia 2017. Regreso a la Península de Phra Nang (Railay/Tonsai). Parte V: Escalada.





21 de octubre de 2017 8:57 horas último día en Tonsai

Cartel en la zona de escalada en Playa de Phra Nang

Enciendo la grabadora el último día de nuestra estancia en Tonsai, para registrar los recuerdos de lo vivido en la última semana. Hemos llegado al final de nuestros quince días  en "nuestra" península tailandesa, y estamos esperando el bote de popa larga que nos llevará de vuelta a Ao Nang, mientras apuramos el tiempo en el Legacy acompañados de nuestro segundo desayuno del día.

No se me dan bien las despedidas, ni pasar página, ni mirar hacia delante ni ostias de esas. Lo único que sé es que aquí he sido feliz, completamente feliz con Gema,  y que preferiría que en lugar de que las obligaciones laborales sean las que marquen los tiempos de nuestra vida,  fuese el próximo monzón el que nos echara de aquí.

viernes, 23 de marzo de 2018

Escalando en Tailandia 2017. Regreso a la Península de Phra Nang (Railay/Tonsai). Parte IV: Escalada.

Viene de aquí:  
    13 de octubre día de descanso.


    Se ha pasado la mayor parte de la noche jarreando agua y la previsión meteorológica no augura un día diferente. Sin embargo hoy nos dan igual las treguas que pueda dar el monzón, hoy lo que toca es descansar de la escalada y explorar el entorno.

    Salimos de la cama un poco antes de que suene el despertador alertados por unos extraños ruidos en el tejado de la cabaña. Tenemos visita, cojo la cámara, abrimos la puerta y nos encontramos a esta criatura maravillosa desayunando unas ramas de bambú junto a la ropa tendida del porche del vecino.

    Se trata de un langur obscuro o de antifaz, estos monos son completamente herbívoros y mucho más tímidos que sus vecinos los monos cangrejeros.  Para sacarles una buena foto hay que tener un buen zoom y ser rápidos, porque tienen pánico al ser humano y necesitan una amplia distancia de seguridad.

    Como dato anecdótico y relevante para los escaladores, la guía local  advierte que en caso de encontrarnos con ellos en una vía de escalada, hay que tener cuidado, pero no por su reacción agresiva, sino porque a este monito le hace gracia mear haciendo puntería con la cabeza de los escaladores.


    Visita de Langur obscuro o de anteojos a nuestra cabaña del Pasook

sábado, 17 de marzo de 2018

Escalando en Tailandia 2017. Regreso a la Península de Phra Nang (Railay/Tonsai). Parte III: Escalada.

Viene de aquí:  


 10 y 11 de octubre de 2017-( martes - miércoles)

Hemos desayunado en el Legacy bien temprano y nos hemos ido a escalar a la playa. Después de que  Gema se pelease con Schlingel Max y yo por última vez con Don Quijote de la Mancha,  nos terminamos de convencer que esa no es nuestra guerra y emigramos, aprovechando la marea baja, ha conocer la playa de Phra Nang al sur de la península.

Nos encanta el sitio, la playa es espectacular, el mar está límpio e invita al baño. En un extremo hay un par de pequeñas cuevas dedicadas a la Princesa de Phra Nang.  Estas dos cuevas son muy curiosas a los ojos de un occidental por estar repletas de ofrendas fálicas, pero también hay palitos de incienso, flores y hasta comida que los locales y los hombres de mar ofrecen a la princesa cuando se les concedidos sus ruegos.

Cueva de la princesa de Phra Nang (cavidad secundaria)

martes, 19 de diciembre de 2017

Escalando en Tailandia 2017. Regreso a la Península de Phra Nang (Railay/Tonsai). Parte II: Escalada.

Viene de aquí: Escalando en Tailandia 2017. Regreso a la Península de Phra Nang (Railay/Tonsai). Parte I: Turismo en el Norte Chiang Mai y Chiang Rai

7 de octubre - Chiang Rai-Krabi (sábado)

Nuestro avión de Nok Air
Nuestro vuelo desde Chiang Rai  aterriza sin retraso en el Aeropuerto Don Muang,  pero ni pretendemos quedarnos Bangkok ni tenemos los billetes para volar  hasta Krabi. Así que, en cuanto aparecen nuestras mochilas en la cinta transportadora de equipajes,  corremos hasta el mostrador de la Thai Lion Air.  Esta vez no nos falla la suerte y conseguimos plaza en el vuelo que queremos.

Los dos vuelos para llegar desde Chiang Rai hasta Krabi nos cuestan unos 90 euros por persona,  más de lo que esperábamos, pero dentro de un precio razonable por atravesar el país de Norte a Sur.

El vuelo Bangkok-Krabi tiene una duración estimada de una hora, pero el nuestro duró casi media hora más por problemas de saturación en el tráfico aéreo.  El piloto hace tiempo dándo vueltas en círculo  hasta que la torre de control autoriza la maniobra de descenso.

Al salir de la terminal, un microbús blanco succiona a los turistas según ponen un pie en Krabi y les lleva hasta la puerta de su hotel a cambio de 100 bath por persona (2,5 euros). Es todo tan fácil que es imposible oponer resistencia.

El A-Mansion, está a un paseo de gran parte de lo que merece la pena.  Parece mentira que vayamos a pagar por una habitación como esa menos de diez euros: Aspecto moderno y limpio, espaciosa, con buena cama, y un baño mejor que el de casa con gel y champú incluidos.  El hotel es un acierto total.

Después de instalarnos, nos vamos a cenar al "Food Market" que está en el paseo marítimo, junto al muelle Khong Kha.  Un Food Market es algo genuinamente tailandés, es como una feria de alimentación permanente, donde pequeños empresarios o familias empresarias, montan unos fogones y unas mesas donde recibir a los hambrientos clientes. Éste de Krabi está sin adulterar, y tanto la comida, como los precios, son 100% Thai. Nos encantó.


8 de octubre - Krabi - Tonsai (domingo)

Ir desde Krabi a Ao Nang para coger el bote que nos llevará de vuelta a Tonsai, requiere el ejercicio de esquivar a los taxistas piratas del muelle Khong Kha.  Lo de taxistas piratas no es sólo una expresión, además de serlo en el sentido legal del término, tampoco es que se molesten mucho en esconderlo: Uno de ellos con gran cara de truhán es la réplica viviente del capitán Jack Sparrow.

El "capitán" encabezando a su tripulación mafiosa nos aborda con el fin de intentar organizarnos el transporte, pero no cuela. En un buen gesto deportivo acaba señalándonos el lugar donde paran las Songthaews  (pick up rojas) que por 20 bath por persona te deja en el embarcadero de Ao - Nang

Compartimos la pick up con gente local y dos chicas chinas; una de ellas habla un español bastante aceptable que conserva de su estancia de un año en Barcelona. Mantenemos la charla hasta que nos  
Restaurante-Embarcadero de Ao Nang
 despedimos en el muelle de Ao-Nang, en el mismo lugar donde hace tan sólo tres años compramos los billetes para tomar el bote de popa larga que nos llevaría a descubrir Tonsai y  hacer realidad uno de esos miles de sueños que nos rondan en la vida.

Estamos muy cerca de regresar, exactamente a 15 minutos de navegacion y  las mariposas revolotean en nuestros estómagos mientras los recuerdos se superponen sobre el paisaje que ven nuestros ojos.

No hay tiempo para asimilar el cóctel de emociones, la marea está alta y los botes llegan casi hasta la misma terraza del restaurante que hace de sala de espera.

Cinco minutos más tarde estamos costeando el istmo de la Península de Phra Nang.  A lo largo del litoral vemos nuevos resorts y construcciones que avanzan como un tumor. El día que consigan meter una carretera será el fin de Phra Nang.

Gema y yo somos los únicos en desembarcar en Tonsai,  se nos congela la sonrisa en cuanto reparamos en un aberrante muro de hormigón que  rodea  todo el perímetro de la playa, encajonando contra los muros de roca de los acantilados, la pista asfaltada que lleva al Passook y al resto de alojamientos de Tonsai.

El muro, que es lo suficietemente alto como para tapar la vista a la playa, delimita el espacio que parece que pronto ocupará un nuevo resort de lujo que enterrará para siempre  las etiquetas de salvaje y hippi que caracterizaron esta playa durante décadas.

En 2014 nosotros llegamos justo a tiempo para disfrutar sin saberlo de el estertor de una época, y sin embargo ya habíamos sido avisados de que se cernían nubes muy negras sobre el futuro de Tonsai.
Antes de llegar, esas nubes urbanísticas ya habían barrido  las construcciones de la primera línea de playa,  pero el ambiente aun se mantenía en las que resistían y, especialmente, en las que te encontrabas según ibas subiendo la pista, hoy desaparecida, que partía del Freedom Bar.

Lo que está por venir en Tonsai parece que viene de la mano del grupo tailandés MBK y no del Sheratón como también se rumorea; a los efectos, da exactamente lo mismo.

En este interesante vídeo, Paraíso Difuminándose - Un documental de la escalada en Tonsai
se cuenta la versión más extendida entre los escaladores y locales con los que pudimos hablar allí: Sintetizando mucho, un Resort de 5 estrellas ocupará el lugar perimetrado por el muro. Dicho resort esquilmará el entorno natural y traerá de la mano un turismo que acabará arrinconando cada vez más al viajero de bajo presupuesto que podía permitirse aquí, disfrutar de un entorno paradisíaco con total libertad y en igualdad de condiciones.

En el mismo sentido se explica esta web, Lifegate - "Hotel desplaza a Pueblo de Tonsai separándolo del mar con un muro" pero aquí se hace hincapié en la población local que antes vívía y trabaja con los turistas en pequeños locales a la orilla del mar ha sido desplazada hacia la selva y que en lugar del mar, ahora sus ojos ven un muro de hormigón.

otros enlacevídeos interesantes que puedes consultar sobre es:

Tonsai 2015 - Lado oscuro (Dark Side)

Sin embargo, como suele ser habitual,  parece que  no es el único punto de vista bajo el que contemplar la situación. En la web Vertical Life, Un tal Derek Cheng, hace la réplica y defiende los cambios que vienen: según él la basura acumulada y que puede verse por todas partes en Tonsai y en otras zonas de la península de Phra Nang, fue producida por los propios escaladores y especialmente por los locales que regentaban esos negocios playeros que han sido desplazados por los nuevos propietarios. Cuenta Derek que el trato alcanzado ha sido muy generoso con los locales puesto que aunque estaban ilegales, se les ha indemnizado con una cantidad de dinero suficiente como para reconstruir sus negocios en otro sitio y que además se les ha legalizado, con lo que deberían tener mayor interés por cuidar sus negocios y el entorno del que viven.

Dice también, que no es cierto que esté previsto un resort de 5 estrellas sino que en una de las parcelas irá uno de una estrella y que el resto de parcelas serán alquiladas, pero que en cualquier caso, según las leyes tailandesas, no podrán superar los 6 metros de altura y tendrán que respetar sin construir la distancia de 20 metros sobre la línea del mar en marea alta.

Derek no ve porqué ha de quejarse ningún local puesto que se ha respetado como de libre tránsito la pista que ha quedado encajonada por el muro y que permite el acceso a los negocios que aun quedan en Tonsai y que forma parte también, de los terrenos vendidos al grupo MBK.

Por último, según Derek Cheng, los nuevos cambios traerán necesariamente un entorno más limpio porqué  los nuevos propietarios construirán una adecuada red de saneamientos que entre otras cosas permitirá ver un mar más limpio y hará más salubre el baño.
 
La verdad es que respecto a los comentarios de Derek Cheng  nunca he leído tanta tontería junta. Independientemente de si lo que viene es un resort de una estrella y de que el resto de los alojamientos que vengan tengan una altura determinada y se haga una red de saneamiento para ellos, la realidad, es que toda la jungla que se encuentra a la altura de la playa será destruída. También es cierto que los alojamientos que, bien por propia voluntad y a cambio de dinero, o bien porque no tenían más remedio se han desplazado al interior de la jungla, están causando un gran impacto en medioambiental, y el cuidado del entorno no es precisamente la característica que podría definirlos mejor.

Al final lo que ocurre que cada vez más jungla está siendo ocupada por edificaciones que no deberían estar allí, que los árboles que crean la jungla que llega hasta la playa serán cortados y sustituidos por resorts  que permanecerán cerrados la mayor parte del año.

También es cierto que sigue sin haber ninguna política de gestión de los residuos que o bien, son más o menos escondidos, quemados o vertidos directamente al mar.

El muro es una aberración, es un monumento al desprecio a la belleza de la naturaleza y una barrera física y visual que te expulsa  emocionalmente del lugar en el que estás. 

Lo que quiera que pase a Tonsai está por ver, pero comparto la opinión pesimista de la mayoría. No muy lejos de aquí está el  ejemplo de Phi Phi, el resultado del urbanismo sin control y el tipo de turismo que la visita ahora, mucho menos interesados en su belleza menguante que en la fiesta, el alcohol y en salir corriendo de allí un par de días después de haber llegado.

No olvidemos que  en Phi-Phi empezó la escalada en Tailandia y que hoy en día, nadie va allí con esa finalidad, de hecho, la guía de escalada que llevábamos con nosotros lo desaconseja totalmente.

Pero es que además, sin necesidad de salir de Phra Nang, tenemos el resto de playas, Railay Oeste y Este y Playa de Phra Nang.  Sucesión de resort de lujo a precios inalcanzables para la mayoría y el mismo montón de basura más o menos escondida que en Tonsai. Dejando ya el tema aquí, quiero concluir que ninguno de los resorts  repartidos por la provincia de Krabi ha traído de la mano un buen ejemplo de  respeto y cuidado por el medio ambiente.

Casi en Shock, seguimos andando por la pista asfaltada bordeando el muro hasta llegar al Passook,  sin preguntar otras opciones y reservando de semana en semana, conseguimos un precio de 9 euros al día por un bungalow de madera como el que tuvimos la otra vez:  limpio,  amplio, con cama de matrimonio defendida por una mosquitera taladrada con agujeros varios, sábana tamaño XS y, como extra con el que no contábamos, cobertura WiFi.

Nos dió pena ver que los dueños ya no eran los mismos, pero al menos, los que están ahora son igualmente amables y posiblemente lo lleven también un poco mejor.

El alojamiento estándar en Tonsai, era hasta no hace mucho como es este, con corriente eléctrica de seis de la tarde a seis de la mañana y sin agua caliente ni papel higiénico. Respecto a lo primero no se echa de menos mayor amplitud de horario porqué la electricidad abarca justo los periodos de oscuridad solar y porqué aquí no se viene a apalancarse en casa sino a escalar y a disfrutar del entorno y, respecto al agua, tampoco es algo dramático puesto que la temperatura media es alta y el agua tampoco está fría como la esperaríamos en Europa. El papel higiénico se compra en cualquiera de los mini markets que te encuentras en la orilla de la carretera por 20 o 30 bath el rollo.

He leído en otros blogs, que alojarse en Tonsai, quitando en los nuevos resorts venidos y por venir, es algo para lo que hay que tener estómago por ser lugares sucios y llenos de chinches y cucarachas,  y específicamente he leído estos atributos referidos al Pasook .  No estoy de acuerdo en absoluto.  El Bungalow nos fue entregado perfectamente limpio y una vez a la semana te avisan de que entrarán a cambiar sábanas y volverlo a dejar impoluto, y así fue.  Respecto a las chinches es simplemente falso.    Hay que recordar lo que se paga y donde se está, y se está en medio de la jungla, eso lo hace especial y evidentemente no inmune a los bichos: durante nuestras dos semanas aquí vinieron a visitarnos, monos, gatos, salamandras, escuadrones de mosquitos y también un par de cucarachas. Lo extraño hubiera sido lo contrario.

La realidad es que este tipo de alojamientos, permite que gente de todo el mundo  con todo tipo de situaciones económicas, se mezcle y disfrute de lo mismo y en las mismas condiciones.   Los de siempre parecen  convencidos de que crear un único tipo de alojamiento para un único tipo de bolsillo, el resort de lujo, atraerá más gente y les hará más ricos, y en este caso no les va a funcionar.

 La playa de Tonsai  es muy fotogénica pero no es ni de lejos una playa para el turismo típico de sol y playa,  debajo de esa primera capa de agua está llena de arrecifes de rocas afiladas que no hacen nada cómodo el baño; quizás sea esta la circunstancia que esté salvando por el momento la playa.  Hay quien dice que cuando vendieron los terrenos lo hicieron basándose en fotografías de Tonsai con la marea alta, y que los trabajos se detuvieron al constatar que no era una playa apta para el baño.
Ojalá tengan razón.
Nuestra cabaña del Pasook


Dormitorio del Pasook

Una vez instalados, cogemos el equipo de escalada y el bañador y nos vamos siguiendo el camino hasta el Freedom Bar, pero de nuevo un muro de cemento nos corta el paso.  Han construido un nuevo resort el "Tonsai Bay  Resort" sobre la antigua pista y ahora sólo los alojados en él pueden acceder directamente a la playa.


Nos toca desandar lo andado y volver hasta el embarcadero, atravesar la playa de punta a punta y por fin llegar al Freedom Bar.

Las lágrimas se asoman a mis ojos, el mar está completamente lleno de mierda porque todos los residuos se vierten directamente a la playa, el muro de hormigón me hace sentir en una cárcel y  hay basura por todas partes. Comparado con el 2014, la degradación de la playa es una auténtica aberración y da miedo pensar en lo que acabará convirtiéndose lo que hasta no hace mucho era un auténtico paraíso.

Cuando me empiezo a arrepentir de haber venido, Gema me dice lo que necesito oir, --Estamos aquí, y vamos a intentar pasárnoslo muy bien. Se están cargando Tonsai, sí, pero vamos a intentar sacarle todo el provecho que se le pueda sacar, las paredes siguen, la playa sigue... La jungla aún está.

No queda otra. Compramos un par de esterillas de ratán para la cuerda, nos ponemos los arneses y los pies de gato y nos ponemos a repetir las vías más asequibles del sector Dum's Kitchen Wall de la playa de Tonsai.    El ambiente de escaladores es bueno, muy cosmopolita, son chicos de todas las partes del mundo,  en su inmensa mayoría mucho más jóvenes que nosotros, pero todo el mundo está con ganas de conocer a todo el mundo, los engranajes de nuestro inglés oxidado son inmediatamente estimulados para ponerse a girar.

A media que repetimos algunas de las vías de 2014, voy sintiéndome más animado, la escalada ha sido mi mejor medicina en épocas de mucho estrés y aun hoy, sigue produciendo el efecto de tirar de mi ánimo hacia arriba, para empezar el tratamiento me bastan tres pastillas de lo suiente:

-Schlingel Max (Paan Ta-Rhod) 6a+
-Schlingel Moritz (Rod Yaak) 6b
-y pruebo "Don Quijote de la Mancha" el proyecto que dejé inconcluso en nuestro viaje anterior.   Ésta vez no le veo color y no vengo con ganas de dedicar mi estancia aquí a una sola vía.

9  de octubre (lunes)


Durante los siguientes días jugamos al gato y al ratón con las lluvias monzónicas, y a pesar de que llueve todos los días,  siempre lográbamos encontrar el momento para escalar y saciarnos. Lo que no hacemos es apalancarnos en la  playa de Tonsai: nos hace falta más que un buen encadenamiento, muchas  nuevas vías y metros de escalada, metros que vamos a ir devorando en otras playas de la península, especialmente en los sectores, One, Two, Three Wall y Mua Thai, de Railay Este  y Playa de Phra Nang en el Sur-Oeste.

Sin embargo, antes  de emigrar a conocer la roca de otras playas de la península, conocimos a Paloma, una gallega afincada en Singapur con la que nos encordamos para pelear la roca de Tonsai en una sesión de última hora antes de la caída del sol.

Gema asegurando a Paloma en la playa de Tonsai

Escalar no es que escalaramos mucho porque el ocaso por estas tierras cae de repente sin demasiada transición, pero lo pasamos bien, tuvimos buen ambiente a pie de vía y fuimos observadores y observados por la naturaleza local, los auténticos "tonsianos" un lagarto enorme (varano) y un centenar de monos que volvían de sus correrías por la península de Phra Nang.

Ver a todos esos monos atravesando la playa es un auténtico espectáculo al que tuvimos la suerte de asistir en primera fila.

Ambiente en el Dum's Kitchen Wall de la playa de Tonsai

Varano Tailandés



Monos cangrejeros recorriendo la playa de Tonsai.  Son cientos, la foto recoge unos pocos y a duras penas porque la luz está en retirada.  Vímos este tránsito dos veces y las dos acabamos maravillados.  Ojalá nunca destruyamos del todo su hogar.

Continuara... 


miércoles, 15 de noviembre de 2017

Escalando en Tailandia 2017. Regreso a la Península de Phra Nang (Railay/Tonsai). Parte I: Turismo en el Norte Chiang Mai y Chiang Rai


2017 estaba destinado a ser el año de conocer Chamonix y regresar a Frankenjura, septiembre era el mes elegido y Almudena, Antonio y Cora nuestros compañeros de viaje.

Una semana antes de partir una mala noticia lo cambia todo: Nuestros amigos ya no pueden viajar. Sin ellos, Chamonix deja de interesarnos y Frankenjura puede esperar. Esa misma tarde compramos los billetes de avión a Tailandia sin estar seguros de si hacíamos bien, mal o todo lo contrario.

30 de septiembre, sábado 

Es 30 de septiembre, mi cuñada Pilar y mi sobrina Gema nos acompañan al aeropuerto, Pepa se ha ido a la playa con Almudena y Cora.  Ni pagando todo el oro del mundo hubiéramos conseguido dejarla en mejores manos.
Barajas

15 ó 16 horas después de despegar de Madrid nuestro vuelo de Qatar Airwais aterriza en Bangkok en el Aeropuerto Suvarnabhumi, son las 7 de la tarde.  A pesar de pisar terreno conocido siempre existe el vértigo de si sabremos o no apañarnos bien.   El Airport Train link nos deja en la estación de Phaya Thai y desde allí un taxi y 150 Bath nos conducen a la  intersección de Chakrabongse Road con Soi Rambuttri.  A pie recorremos lo que nos separa del Lampuhouse Hotel (18 euros la noche). Lo hemos conseguido.

Nos despojamos de las mochilas y en cinco minutos estamos de nuevo en la calle, en el corazón del Bangkok mochilero y a tiro de piedra de Khao San Road su epicentro.   La encontramos  tal y como la recordábamos: estruendosa y vital. Hay como cinco bandas tocando en directo en cinco locales contigüos, relaciones públicas tratando de atraerte hacia unas cervezas, gente que va y viene, animadas terrazas, camisetas, bañadores, insectos...  quizás son muchas sensaciones para recién aterrizados como nosotros.

Soi Rambrutti mantiene la tónica pero dos o tres pasos más relajada, la elegimos para nuestra primera noche en Tailandia. Con nuestro primer Pad Thai callejero (45 bath por plato) inaguramos también el viaje por la exquisita gastronomía local. En Tailandia se puede comer tan bien, tan sano y por tan poco dinero, que es en si misma, una razón lo suficientemente sólida como para justificar una visita a este país.   Aquí Master Chief te lo encuentras en los fogones callejeros a 2 euros el plato.

Soi Rambutri la mañana del 3 de octubre

2 de octubre (lunes)

Nos levantamos convencidos de que esta vez no nos quedaremos sin visitar el Gran Palacio y  el Wat Phra Kaew (Templo del Buda Esmeralda), pero las vacaciones se nos están mostrando impredecibles y juguetonas, tanto que un día como hoy deberíamos estar volviendo a España desde Alemania y, sin embargo, caminamos de nuevo hacia el Gran Palacio Tailandés.

Por el camino nos aborda un local, "Si vais al Gran Palacio sabed que está cerrado". Me río en su cara descortesmente, esa ya me la sé,   En el 2014 nos desviaron de este mismo camino tres individuos que nos salieron al paso con el mismo argumento.  Resumiendo: nos hicieron el lío y acabamos dando una tonti vuelta por un canal para ver un muñeco de escayola, tras volver a tierra con 40 euros menos y cara de gilipollas, nos volvió el buen humor y aceptamos con deportividad el engaño. Tropezar dos veces con la misma piedra, sin embargo, ya no tendría nada de cómico.

Pero se nos vuelve a quedar cara de gilipollas porqué esta vez es verdad.   El Gran Palacio estaba cerrado al turismo por los funerales del rey Tailandés, que si bien fue llamado a dejar este mundo el 14 de octubre de 2016, los designios humanos decidieron que los funerales y su incineración tuvieran lugar un año más tarde, precisamente durante este mes de octubre de 2017 .

De nuevo las vacaciones toman decisiones por nosotros, el viaje nos viaja desde el Gran Palacio hasta  la Golden Mountain o Montaña Dorada, uno de los dos monumento que visitaríamos en Bangkok y al que fuimos principalmente por las anunciadas vistas de 360º de la ciudad.  El aspecto monumental tailandés es interesante, pero no es lo que nos ha hecho regresar.


Golden Mountain bajo el monzón de octubre


El autobús 53 nos deja cerca de la estación de trenes, donde dejamos las mochilas en consigna y, como estamos a las puertas del barrio chino, hasta allí vamos dando un paseo para para comer y visitar su  templo del Buda de Oro (Wat Traimit) que como su propio nombre indica alberga una estatua de tres metros de buda  realizada en oro macizo.

Wat Trimit - Buda de Oro
Después de la visita y cansados de la arquitectura religiosa tailandesa damos un golpe de timón y cambiamos el rumbo vía Metro, para visitar uno de los monumentos  capitalinos que Sí nos interesan, que ya conocemos y en cuyo conocimiento no descartamos seguir profundizando, el MBK Center.  De esta visita me llevo mi primera camiseta de la temporada.

Buda de Oro

Buda de Oro, tres metros de estatua de Oro macizo

Barrio Chino de Bangkok



Sky Train o BTS, el la vía más rápido para moverse en Bangkok. Al fondo la parte más moderna, donde se encuentra el MBK

Cuando la luz del día ya se ha batido en retirada y rondan las 9 de la noche, nosotros y nuestras mochilas andamos por la estación de Hua Lamphong, donde un tren que parece una  maqueta, nos dará cobijo en un viaje nocturno hasta Chiang Mai, la llamada capital del Norte.  Buscamos la esencia Thai, y hay quien dice que para dar con ella hay que visitar las ciudades de Chiang Mai y Chiang Rai

Estación de trenes de Hua Lamphong
  El tren mola, nuestras camas molan y la experiencia es absolutamente recomendable.  Viajamos en el presente a bordo de una máquina del pasado. El itinerario dura catorce horas para recorrer algo menos de 700 Kilómetros. ¿Quién tiene prisa en llegar cuando lo que prima es viajar con clase?

Litera del tren nocturno a Chiang Mai


3  de octubre (martes)


Estamos despiertos cuando nos traen el desayuno, en un plis plas nuestras camas se han transformado en dos cómodos sillones y por 360 bath nos tratamos con reyes, mientras por la ventanilla del tren, contemplamos como  la lluvia riega un paisaje cada vez más verde.


Cuando nos apeamos en la estación de Chiang Mai una pick up roja (songthaew) nos lleva hasta la intersección de Moon Muang Road donde nos espera el Jaidee Bamboo Huts, nuestro hotel.

Estamos dentro de la vieja ciudad amurallada de Chiang Mai, donde está todo el cotarro histórico.  Un plano y buenas piernas es todo lo que se necesita para recorrerlo.  No me dentendré en detallar nuestra visita a los típicos templos intra- muros, baste con recordar que vimos dos, el Wat Phra Singh y el Wat Chedi Luang y que las visitas a ambos son algo obligado de hacer en Chiang Mai.

Wat Phra Singh
 Wat Chedi Luang


4 de octubre (miércoles)  Doi Suthep


Antes de partir hacia Tailandia, buscando información sobre qué hacer en Chian Mai, dimos con el blog "viviralmaximo.net",  en la entrada que enlazo, se cuentan las vivencias de Ángel Alegre, que fue a pasar allí 3 días y acabó viviendo tres meses.


Nos gustó mucho leerlo, nos dió un poquillo de envidia y nos apetecía experimentar algo de lo que el sintió durante su estancia aquí. Para ello nos levantamos con ganas de desayunar en su bar de referencia, el Bird's Nest Café y tras un paseo de 15 minutos y un par de idas y venidas dimos con él, aunque no pudimos pasar de su puerta, pues por algún problema en la cocina que no supe entender, iban a permanecer cerrados durante todo el día. 


De vuelta a nuestro hotel gestionamos el alquiler de una moto por 200 bath y nos fuimos a visitar el Wat Phra Doi Sutep uno de los templos más sagrados de Tailandia ubicado en una montaña a 14 kilómetros de Chiang Mai.


Junto al Palacio Bhubing
Era la segunda vez en nuestra vida que montábamos en moto, la anterior  fue también en Tailandia y la recuerdo como una de experiencias más entrañables que he vivido  con Gema.  Esta vez no tenía porqué ser menos y, tras darme un par de vueltas por la calle  para pillar  el truco a la máquina, se montó Gema y nos pusimos en marcha.

Ni que decir tiene que ninguno de los dos pasaremos a la historia del motociclismo,  tardamos lo nuestro en conseguir salir de Chiang Mai y tomar el camino correcto hacia el Doi Suthep, y si lo conseguimos fue gracias a la amabilidad y paciencia infinita de los tailandeses; sin su ayuda aun estaríamos dando vueltas a las murallas de la ciudad.


Una vez en el camino correcto, se desató el monzón y empezó a llover como si no hubiera mañana, pero una vez orientados, hacen falta mucho más que unos cuantos cientos de litros de agua de lluvia para detenernos. Curva curva y kilómetro a kilómetro, acabamos llegando ante la escalinata de acceso al Doi Suthep.

Escalinata de acceso al Doi Suthep

Tuvimos suerte, al aparcar la moto volvía a lucir el sol y pudimos disfrutar la visita a este templo que nos recordó, salvando las diferencias,  al Templo de los Monos  de Katmandú.  El sitio es espectacular, y por muy cansado que se esté de ver templos y Budas, esta visita es  algo que no hay que perderse.
Wat Doi Suthep

Acabada la visita y después de comer retomamos la carretera en sentido ascendente para echar un vistazo al Palacio Bubhing, pero una vez llegados a su puerta, no nos sedujo lo suficiente como para dedicarle tiempo, e iniciamos el camino de vuelta con la intención de utilizar nuestra última bala cultural en el  Wat U Mong Thera Jan.  Acertamos de pleno.

De camino al Wat U Mong Thera Jan nos calló un auténtico diluvio


Llegamos al templo con las últimas luces del día y con la lluvia de nuevo presente. No había nadie y la atmósfera del lugar nos resultó muy especial.  El templo fue construido en 1380 por "el monje loco", que por alguna razón en lugar de construir un templo al uso,  se dedicó a escabar túneles a los que dotó de algunas imágenes de buda y de murales de los que hoy apenas queda rastro.


Wat U Mong Thera Jan - Túneles del monje loco

En la actualidad parece que sus sucesores se dedican a criar vacas, ciervos, pollos y "bull terrier" pero nosotros no los vimos. Lo que sí vimos fue una imágen de buda tallada en  piedra de color negro, muy diferente a todas las que habíamos visto antes.

Wat U Mong Thera Jan - Cheddi


 La imágen, casi de tamaño natural, representa un buda muy delgado, incluso famélico, cuya piel deja a la vista  todos y cada uno de los huesos del cuerpo. Una figura casi siniestra,  que ya con la noche ganándole la partida al día y a la  vera de una enorme chedi, termina de conformar un lugar lleno de carisma.

17:41 Wat U Mong Thera Jan - Estatua de Buda estilo birmano



Este templo no será tan lujoso ni está tan recargado como otros más típicos, pero tiene un montón de personalidad y fue el que más nos gustó.


Atravesamos la entrada de nuestro hotelito derechitos a la ducha de agua caliente que nos devuelve a la vida y nos repone para la segunda visita al  Mercado nocturno de Chiang Mai, echo por y para turistas a precios por y para turistas. Allí cenamos y apuramos unas cervezas al ritmo que marcaba una banda local de blues.


No era la primera noche en Chiang Mai, que habiendo iniciado el camino de regreso, reculábamos en pos de los acordes musicales de una banda en directo: La de la noche mencionada contaba con un guitarrista/cantante veterano, que se las sabía todas y dominaba el estilo.  La de la noche anterior, la voz desgarrada de una cantante Tai al compás del rock and roll, en lo que era una especie de recreación particular de Janis Joplin y los Big Brother, acabó con nosotros, birra Chang en mano, celebrando el arte de la música junto a otros muchos hechizados por la misma magia.


5 de octubre (jueves) Visita al Karen Elephant Experience - Banpakangdoi



 5 de octubre de 2017 - Karen Elephant Experience (Satélite del Nature Elephant Park)

Queríamos visitar el Elephant Nature Park;  de las posibilidades que nos ofrecía Chiang Mai, ésta era una que no nos queríamos perder bajo ninguna circunstancia.   Sabíamos que era caro (2500 bath, unos 65 euros por persona) y también sabíamos que nos podía decepcionar.  Equivocarse era en este caso algo aceptable, pues el dinero que el turismo se deja en esta actividad sirve para financiar un uso bastante más sostenible de los recursos naturales, sobre todo si lo comparamos con la tradicional  industria turística depredadora.

Karen Elephant Experience - araña
Pero las visitas a el Elephant Nature Park estaban copadas hasta una semana más allá del momento en el que intentamos hacer la reserva y nos tuvimos que conformar como alternativa con el Karen Elephant Experience una especie de satélite del primero.

Son las ocho y diez de la mañana cuando pasan a buscarnos a la recepción del Jaidee Bamboo Huts,  no hemos podido desayunar y Gema lo lleva mal.

De momento somos los únicos pasajeros del microbús, pero tras ponerse en marcha y hacer sucesivas paradas, lo acabamos ocupando 13 personas, incluyendo al conductor y el guía. 

Según iba  subiendo la gente a bordo nos saludamos con un "hi o un hello" dando por supuesto que cada uno era de su padre y de su madre y así nos mantuvimos  hasta que una voz femenina lanza una batería de preguntas desdes el  fondo del autobús  ¿Sois españoles?, para mi sorpresa gran parte del autobús dice que sí --¿De dónde sois? -- Algunos responden que de Cataluña, --Anda, como nosotros, dice la mujer, y así sin vaselina ni rodeos lanza la pregunta bomba ¿Y Sois independentistas?

Es todo tan directo que hasta a mí que soy bastante claro,  me parece una forma de romper el hielo algo radical, pero la naturalidad acaba siendo bien recibida y más cuando de los 11 pasajeros, 6 somos españoles y ninguno resulta ser una oveja negra indepe.  El resto del pasaje lo componen un matrimonio mejicano acompañados por su suegra (de él) y  una pareja de holandeses. En el microcosmos del autobús, sentimos lingüisticamente lo que debe sentir un anglo parlante cuando viaja por la mayor parte del mundo.

El grupo es majo y rápidamente iniciamos una animada conversación a varias bandas que corta el guía de raíz, interrumpiendo nuestra charleta con un vídeo del Elephant Nature Park, el parque que no íbamos a ver. Creo que lo pone para que nos callemos.

En un momento dado cambiamos de transporte, del microbús a una pick up todo terreno con la caja trasera adaptada para transportar viajeros en asientos corridos. Se acabó el asfalto, lo que queda  hasta llegar al Parque lo recorreríamos por una pista de tierra.


Una vez en la entrada del Karen Elephant Experience vemos 5 elefantes adultos que salen a recibirnos, doy por hecho que es una especie de comitiva, pero en realidad son todos los que son. Es una pena que no haya ninguna cachorrito, tuvimos la suerte de ver de cerca un bebé elefante en Ayutthaya en 2014 y nos hubiera gustado repetir.

Karen Elefant Experience - recibimiento "elefantil"

A partir de aquí lo esperado: les damos de comer, les acompañamos en un mini paseo por el bosque en el que siento que no hay un objetivo ni un rumbo definido, es como que estamos cumpliendo un programa establecido del que hay que salir airosos con el entusiasmo justo.

Dando de comer a los elefantes


Paseando con los elefantes
 Durante el paseo algunos de nuestros compañeros hacen preguntas a los cuidadores sobre la procedencia de los elefantes. Todos ellos vienen de situaciones difíciles, unos trabajaban en el circo y otros porteando turistas de sol a sol. Por lo visto los rescatan precisamente pagando su rescate, por el último en llegar pagaron una cantidad, que al cambio superaba con creces los 100.000 euros, un fortunón para Tailandia.
 
Karen Elephant Experience - Los elefantes son extremadamente inteligentes y en general, tiernos.

El día está lluvioso y el paseo se acaba mucho antes de lo que nos hubiera gustado. Nos llevan a comer antes de tiempo, el trato en el campamento es muy amable, pero da la sensación de que no saben que hacer con nosotros.


La comida está rica, caliente y apetitosa
Este fruto está realmente bueno



La comida está rica, es abundante y está  caliente. Después de una larga sobremesa llega el turno del baño de barro, está cayendo agua a mansalva pero nadie se lo quiere perder. Los elefantes son encantadores, al menos los que nos traen para este nuevo punto del programa. Hay dos que han desaparecido y por los cuales nadie pregunta ni recibimos explicación.

Karen Elephant Experience - Elefante dirigiéndose al baño de barro bajo la lluvia monzónica. Pronto iríamos a su encuentro.

Después del barro llega el aclarado y para ello vamos a unos rápidos del río cercano en el que de nuevo todos acabamos en el agua disfrutando del proceso.  Es realmente gozoso tocar esa piel rugosa y su pelo duro y ralo.  Creo que los elefantes  también se lo pasan bien en esta especie de "Circo sostenible"

Es el último acto del programa, la vuelta a Chiang Mai es lo más cerca de vivir al filo que he experimientado:  La forma de conducir absolutamente irresponsable con todo un repertorio de  adelantamientos sin visibilidad, maniobras bruscas y falta de cualquier prudencia sólo puede tener la finalidad de deshacerse cuanto antes de nosotros, y confirma mi impresión inicial sobre la poca motivación de los locales por la actividad y la sensación en este caso de ser vistos  y tratados como billetes con patas.

Por fin, poco más allá de las 16 horas nos dejan en la calle de nuestro hotel , dos horas antes de lo previsto.

Comparto impresiones con Gema y a los dos nos ha parecido haber participado en un Circo; queremos creer que al menos se trata de un Circo Bueno.  La experiencia no ha estado mal, de hecho lo hemos pasado muy bien gracias a los elefantes y al grupo con el que hicimos la visita, pero ni de lejos hemos asistido a algo natural o creado de una manera ajena al turismo. También echamos de menos algo más de calor humano de la parte Thai.

 El precio es muy alto, lo pagamos con gusto pero quizás el Elephant Nature Park ofrezca más cosas y la experiencia con animales sea más completa pues además de un número elevado de elefantes tienen rescatados a más de 400 perros, a búfalos y algún que otro ejemplar desvalido de otras especies. A su favor tiene además, que el precio es el mismo y que es la fórmula original.


6 de octubre de 2017 (viernes) - Chiang Rai


No se nos ocurrió pensar que comprar los billetes de autobús para Chiang Rai de forma anticipada era una buena manera de asegurarnos plaza en el primer autobús de la mañana. No lo pensamos porque estábamos empanados y porque el tránsito de autobuses entre una ciudad y otra es constante.

Lo que no se puede hacer ni aquí ni en ningún otro lugar del mundo, es plantarse en la estación a las 9:12, pretendiendo tomar el autobús de las  9:15. No lo conseguimos, evidentemente, y pudimos darnos con un canto en los dientes por conseguir  plaza en el de las12:15.

Teniendo en cuenta que el trayecto dura más de 4 horas y que los museos cierran a las 17:00  acabábamos de tirar un día a la basura.

Hay días en los que uno, o incluso dos, se levantan espesos y es mejor que no tomen decisiones que impliquen consecuencias irreversibles. Nosotros seguimos adelante en nuestro empeño de meter la pata hasta el fondo y lo conseguimos comprando un billete de avión a Bangkok para el día siguiente a las tres de la tarde.

Nunca, pero nunca, hemos considerado los viajes, como un periplo en el que acumular cuantos más destinos mejor, ni tampoco un período en el que coleccionar fotos de mil lugares a los que no se les ha dado tiempo para dejar un mínimo poso.  Pero eso es exactamente lo que hicimos en Chiang Rai,y todavía hoy, no alcanzamos a entender las razones de porqué lo hicimos.

Al menos acertamos con el hotel el Tourist Inn:   Céntrico, en la calle Jetyod, la de los bares de Chiang Rai. Aun así,  tranquilo, habitación cómoda y limpia, baño decente con una ducha con mucho caudal de agua ,  desayuno incluido y personal muy amable. El precio, la guinda del pastel: menos de 10 euros por noche.


Nos habíamos propuesto visitar el Templo Blanco (Wat Rong Khun) y la Casa Negra ( Baan Dum) como único contenido de nuestra visita a Chiang Rai sin dar ninguna oportunidad más a la ciudad, y nos equivocamos de lleno.  Chiang Rai se merece un par de días enteros,  lo que hicimos fue una estupidez.


Tras un primer intento frustrado de visitar el Templo Blanco la misma tarde de nuestra llegada y llegar allí sólo para que nos cerraran la puerta en las narices,  regresamos a Chiang Rai dispuestos a recuperar el buen karma yendo a cenar a un  sitio recomendado por la Lonely Planet y  ajustado a nuetros bolsillos: el Lung Eed, pero tampoco nos sale bien.


Después de andar, andar y andar, y cuando apuntito estábamos de dejar atrás Chiang Rai, preguntamos en el último lugar donde se veía presencia humana,  una especie de cabaret/garito de Lady Boys.  Las tres personas de la puerta muy amablemente y algo alucinados de vernos por allí,  determinan que hemos cogido una dirección equivocada y que estamos a tomar por saco del restaurante en cuestión.


Decepcionados desandamos lo andado, cenamos un tentempié en una terraza de un bar cercano al hotel  y tomamos el rumbo al Mercadillo Nocturno para dar un voltio y terminar de llenar el estómago. Tampoco triunfamos, cuando llegamos aun queda ambiente, pero muchos puestos han cerrado o están cerrando, echamos un ojo a los puestos de comida y no termino de decidirme, al final escojo un kebab en el que tardan un mundo en servirnos y cuando por fin llega está incomible. No, no es mi día.

Gema, sin embargo triunfa con un smoothie, un combinado de frutas mezclado con leche y hielo. Está tan ricos  y  son tan sanos que desde ese momento reemplezan a la  Coca Cola como mi primera alternativa al agua.

7 de octubre de 2017 - sábado

El día empieza a ritmo de gymkana, nos lo hemos ganado a pulso. A las dos tenemos que estar en el aeropuerto para tomar nuestro vuelo de las tres a Bangkok y para esa hora tenemos que haber hecho las visitas imprescindibles a Chiang Rai.

A las 8:15 estamos en un autobús local recorriendo los 15 kilómetros que nos separan del Templo Blanco, no mucho antes habíamos desayunado en el Tourist Inn, un desayuno con una pinta fantástica que no hemos podido disfrutar.  La prisa es veneno y estoy envenenado.

Templo Blanco, en tailandés  Wat Rong khun. El color blanco simboliza la pureza del budismo y los cristales incrustrados de las estatuas, la sabiduría de buda que brilla en todos los rincones.













Cuando llegamos al Templo Blanco ya estamos otra vez de buen humor, y es que aun estando inacabado, es seguro que éste sería el templo de Tailandia que yo recomendaría  no perderse bajo ninguna circunstancia.  Es espléndido, artístico, armónico, estravagante, gamberro, místico y divertido, y todo ello sin dejar de ser un templo budista.

Sin entender ni compartir muchas de las cosas que intentan hacer pasar por arte ni a los caraduras que intentan hacernos creer que son artistas, creo que esto es arte y que su creador, Chalermchai Kositpipa, es un artista del copón.


Estas manos que piden ayuda angustiosas a ambos lados del puente de la reencarnación, representan el dolor. A media que vamos cruzando el puente y superando las tentaciones se alcanza la felicidad al lierarse del sufrimiento humano.
Dos estatuas flanquean la entrada al puente, son Rahus y representan la muerte. Ellas deciden quienes cruzan el puente  que lleva desde la muerte  a  la vida a través de la reencarnación.


Puente de la reencarnación, a ambos lados el dolor humano y en su estremo más alejado, las estatuas de los Rahus que deciden sobre la vida de los hombres.  Al fondo la puerta del cielo que da entrada al Ubusot
  Es interesante apuntar que el templo se empezó a construir en 1997 y que aunque la fecha de finaliación es incierta, parece ser que podría estenderse hasta el año 2070.



No todo es blanco en el Wat Rong khun.

Tras la visita al Templo Blanco, regresamos a Chian Rai en el autobús interurbano. Caminando  hacia el hotel negociamos con un conductor de Tuk-Tuk el resto de visitas de la mañana: el  Templo Azul y  la  Casa Negra y finalmente el transporte al aeropuerto. Nos sale bien la jugada, el precio es más que razonable y además nos custodia el equipaje durante nuestras visitas.



Inagurado en 2016 el Wat Rong Suea Ten (Casa del tigre danzante) más conocido como  Templo Azul fue construido sobre las ruinas de otro templo anterior. Su arquitecto, Phuta Kabkaeweador había trabajado en las obras del Templo Blanco a las órdenes Chalermchai Kositpipa lo que explica la similitud del estilo de las pinturas y murales interiores.  Según él propio Phuta Kabkaewador, otra de sus influencias es Thawan Duchanee autor de la Casa Negra de cuya obra toma inspiración para algunos de los elementos del templo como los dragones de su entrada.



Dentro del templo, al final del gran hall, encontramos una colosal imagen blanca de Buda de 6,5 metros de altura en la posición Bhumisparsha Mudra, sentado con las piernas cruzadas, la mano derecha señalando hacia abajo, hacia la tierra, los dedos rozando el suelo, y la mano izquierda señalando hacia arriba, hacia el cielo, como una flor abierta.


El azul indigo es el color predominante y el caracteriza a este templo. El color azul representa el Dharma, el código moral de Buda, pero también está asociado con la sabiduría, el infinito, la pureza y la sanación.

La visita al conocido como Templo Azul es gratuita y merece mucho la pena.  Comparado con el Templo Blanco o la Casa Negra es de dimensiones mucho más modestas y la visita se hace rápido, pero eso no quiere decir ni mucho menos que su visita sea algo prescindible.  A nosotros, de hecho nos gustó más que la Casa Negra.

Tras finalizar la visita a la Casa Azul, nuestro conductor de Tuk Tuk nos llevó hasta la Casa Negra. Este señor era un hombre serio, muy correcto y que hizo muy bien su trabajo.  Lo que le regateamos en un principio, se lo dimos al final de propina y aun siento que nos quedamos cortos.



La Casa Negra o Baandam Museum es obra de Thawan Duchanee, fallecido en 2014.  Es la otra cara de la moneda del Templo Blanco.  Si el templo blanco es luz, pulcritud y revelación, la casa negra es oscuridad, misterio y desconcierto.





Lo que llamamos la casa negra, es en realidad un recinto con construcciones diversas, la mayoría fabricadas con madera pintada de color negro  y huesos y  pieles de animales utilizados para mobiliario o como elementos decorativos.

Vista de manera descontextualizada, el conjunto parece algo repetitivo, sillas y mesas iguales repartidas por las distintas construcciones, las pieles de animales, las lámparas... La sorpresa inicial se va desinflando poco a poco.  Me gusta lo oscuro, lo siniestro, pero no entiendo lo que veo, le falta un hilo conductor para darle sentido.



Entrada al edificio principal de la Casa Negra.  La estructura y las dimensiones son espectaculares. Me gusto mucho la gama cromática de los negros, los marrones y la madera sin pintar.


Mesa de banquete en la casa principal




No todo es visitable, como estas edificaciones.  Eso lo hace aun más desconcertante.  No dejo de preguntarme ¿Qué estoy viendo?


Esta especie de submarino enterrado y la documentación en Internet me da la pista para entender el lugar.
Thawan Duchanee era un artista integral, además de arquitecto, era pintor y escultor.  La Casa Negra no siempre fue un museo, o al menos no sólo un museo.  Aquí vivió Thawan. Concretamente y según he leído en Internet, en la casa con forma de submarino que puede verse sobre estas líneas.

Thawan Duchanee en su Casa Negra
Contextualizada la Casa Negra como la residencia de un artista, empiezo a entender de que iba esto.  Las pinturas de Thawan son muy coloristas con un toque daliniano muy chulo, y debían de resaltar sobre los tonos negros del complejo.  Me imagino exposiciones, reuniones con otros artistas, quizás talleres con alumnos y ayudantes en torno a una de esas mesas corridas ,y todo el ajetreo cultural correspondiente.  Visto así, le veo todo el sentido del mundo.  Thawan Duchanee vivía en su propia casa museo, aquí creaba y exponía lo que creaba, lo que se visita ahora es sólo un museo vacío.  Falta Thawan y sobre todo, su obra pictórica.

Finalizada la visita, ya sólo queda comprar algo para comer y que nuestro Tuk-Tuk nos lleve al aeropuerto.  Ponemos aquí el punto final a la primera semana de viaje, y a la parte más turística del mismo, nos quedan tres semanas de vacaciones y estamos deseando ponernos el arnés y los pies de gato. La península de Phra Nang nos espera, estamos deseosos de montar nuestro campo base en Tonsai y reecontrarnos con el modo de vida que más nos gusta.

Epílogo

No fuimos capaces de encontrar ni en Chiang Mai ni en Chiang Rai  la esencia Tai de la que me había hablado José Luís, uno de mis compañeros de colegio recientemente recuperados, o quizás sí, pero no fuimos conscientes de que nos iba penetrando poco a poco a medida que nos despojábamos de la prisa madrileña y las angustias de un año que no había estado rodando fácil.  En Tailandia se vive muy, muy bien, eso no sale en una foto ni es fácil de apreciar los primeros días, pero es algo que te va calando y te hace afrontar las peripecias de cada jornada sin miedo y con una sonrisa cada vez más fácil.  Si la esencia Tai es sentirse feliz 24 horas al día, allí, en el Norte, empezamos a sentir sus efectos y pronto nos colonizaría hasta redondear un viaje inolvidable.

Continua en Escalando en Tailandia 2017. Regreso a la Península de Phra Nang (Railay/Tonsai). Parte II: Escalada.