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jueves, 6 de agosto de 2015

Peña Rueda

Después de Dios, la casa de Quirós.

Existen otros lugares bellos en el mundo, pero el nuestro es éste.  No nacimos aquí y tampoco vivimos en este valle, ni siquiera tenemos escriturado a nuestro nombre un trozo de tierra, una casa, un establo o una cabaña. Lo único que podemos alegar es que las cosas pertenecen a quien más las quiere, pero nuestro título de pertenencia no está depositado en ningún registro de la propiedad... Más bien el valle nos posee a nosotros, primero me embrujó a mí en aquel primer viaje con Omar y Jonás... y luego, yo he intentado atraer a él a las personas que más he querido... Conmigo en sus vidas Gema y Pepa no tenían ninguna oportunidad de escapar a su hechizo.

Hechizados y seducidos nos hemos mantenido constantes año tras año desde el momento del primer flechazo, pero  la idea de que  poco podía sorprendernos ya del concejo de Quirós empezaba a germinar en nuestras cabezas,  si bien, las ideas equivocadas no deberían echar raíces muy profundas y en este caso, tardamos poco en descubrir que el camino no acaba donde pensábamos y que razón tenía Sócrates cuando en boca de Platón nos hizo saber que no sabemos nada.

No es la primera vez que, en vez de mirar hacia las paredes rocosas de El Llano, al girarnos para contemplar el embalse de Valdemurio y su entorno,  nuestros ojos se detienen en una montaña de cima  plana y alargada que, imponente domina  el horizonte. No, no era la primera vez, pero en esta ocasión  algo la pone en el radar, y como si todo estuviera escrito, diversas conversaciones cruzadas a pie de "El Escalón" parecen hacerse oír con el único propósito de empujar la ascensión de "El Alpamayo asturiano" a la cabeza de nuestras obsesiones realizables.



A veces las señales del destino son tan abrumadoras que hasta pueden hacer dudar, pero el destino también tiene recursos  para dar empujoncitos sin que se note, su recurso en  nuestro caso, es un miembro de una cordada próxima que, al referirse a Peña Rueda, dice las tres fases que terminan de hacer virar nuestro rumbo en su dirección: "Está en Quirós, se sale desde Lindes y en esta época se sube andando".

Peña Rueda  se puso así por delante de nuestro regreso a Picos o de la visita a Peña Ubiña con quien en algún momento llegamos a confundirla.

Al día siguiente, decidimos acercarnos a  Lindes sin prisas y con la única intención de reconocer el terreno que íbamos a pisar. Lindes es uno de los dos pueblos más apartados de Quirós, y así, un viejo dicho, se refiere a su antigüo aislamiento de esta manera: "Lindes y Cortés de Quirós, la última palabra de la voz".

La carretera parte de Santa Marina, y tras atravesar 11 Km de bosque y minúsculas parroquias, llega a Lindes, atraviesa el pueblo hasta el final y muere junto al camino que cogeremos para ir a Peña Rueda.

Allí mismo, junto a la estética iglesia de Santo Tomás (1930), existe una pradera en la que se puede aparcar.  A pesar de ser un pueblo "semiabandonado" como lo describe alguien en Internet, no somos el único vehículo estacionado allí.   
Iglesia de Santo tomás

Son las dos de la tarde, el sol aprieta desde lo más alto de su trayecto y las sombras donde cobijarse escasean.

Dos tipos van y vienen ocupados en sus tareas. Nos relajamos cuando se toman con tranquilidad la obsesión de Pepa por incordiar a los gatos. Quieren conversación y nos abordan con un saludo,  antes de preguntar, nos facilitan información sobre la ascensión donde iniciar la ruta y la dirección buena a tomar tras la primera bifurcación del camino; también nos recomiendan no hacerla esa tarde, dormir allí y madrugar para evitar la exposición al sol y también, que al bajar nos tomemos la cerveza de celebración en su bar.

La información es útil y bien recibida pero ¿Hay un bar? Pues sí, Lindes cuenta con una pequeña "cantina" que ocupa el edificio de la antigüa escuela y descubierto este hecho no creemos necesario esperar a la ascensión para tomarnos ya una cerveza. El hombre al que seguimos dentro es el "barman" y el otro  le estaba echando una mano  con la reconstrucción de la chimenea.

Los bares, independientemente de su tamaño, son siempre origen de encuentros y de información interesante. Allí nos enteramos de que Lindes, incluyendo todos sus edificios, la iglesia, ese bar y los terrenos que lo rodean incluyendo Peña Rueda, pertenece desde muchos años atrás a una misma familia de antigüos "señoritos", y que de hecho, nuestra visita coincidía con la presencia de uno de ellos en la parroquia.

Tras una fase de tanteo con respecto a las diferentes opiniones que nos sugieren las fotos antigüas de las paredes del bar, con el cadáver de algunos osos y sus felices "abatidores", llegamos a la conclusión de que, es posible el encuentro entre posturas diferentes siempre y cuando se cumpla en tiempo y forma lo comprometido por todas las partes.

Por hacer tiempo y por quitarnos del castigo del sol, tomamos el mismo camino que nos llevará a Peña Rueda pero en sentido descenso, que atravesando un hayedo, nos deja en 20 minutos en un río con caudal escaso, pero suficiente para refrescarse y meter las piernas hasta las rodillas. El agua fría las dejará perfectas para exigirlas al día siguiente.

El lugar es solitario y Pepa está inquieta, pero al mismo tiempo es bonito y agradable. Comemos allí y nos entretenemos despejando una zona del río de piedras.  Cuando las nubes cubren el poco sol que se filtra hasta allí nos retiramos sobre nuestros pasos dispuestos a cenar pronto y prepararlo todo para el día siguiente.

Peña Rueda tiene 2.152 metros, el camino a la cima no es evidente y ocupamos parte de la tarde en descargarnos de Wikiloc una ruta fiable que copiar al GPS del móvil, lo logramos aquí: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=10100155.  Por cierto, hay poca cobertura en Lindes, el único lugar con buena recepción está en una especie de escombrera junto a la fachada izquierda de la iglesia, para acceder a ella puede ser necesario reiniciar el móvil un par de veces, pero en el lugar adecuado, se pilla hasta 3G.


No os dejéis fiar de aquellos que os digan que el trayecto es muy fácil de seguir y que está muy marcado, no es así, sin conocer la zona y sin mapa no lo hubiéramos logrado sin el track.  No hay marcas de PR, GR o similar. Un primer poste en el pueblo indica el sentido en el que hay que tomar el camino y un segundo poste a unos 20 minutos desdobla el camino, hacia la cima de Peña Rueda hay que tomar el de la derecha que es difuso al principio, luego quizás haya alguna zona sin hitos  y senderos que a veces se difuminan justo antes de un giro de 90º.

Con el track descargado en el móvil desde wikiloc y el GPS con pilas por si nos quedásemos sin batería, cenamos tranquilos y nos recogemos pronto. Ponemos el despertador a las 6 de la mañana. 
No somos muy de madrugar, cuando suena la alarma aun es de noche, nos retorcemos y nos concedemos media hora más de sueño.  A la segunda sí va la vencida nos despertamos, hacemos café y tomamos un par de sandwich casi sin hambre, pero por tener las pilas bien cargadas. 

El camino siempre va en ascenso, y casi lo agradecemos. A la salida del pueblo hay un abrevadero y una fuente, pero vamos hasta arriba de agua (3 litros cada uno), así que no nos detenemos y seguimos cogiendo ritmo.  

Esta primera parte discurre en medio de un bosque, el sendero es bonito de andar, no comprendo como Sito pudo decir que esta ascensión no merece la pena.

Atravesamos un primer enclave ganadero, y poco más tarde otro.  Tenemos precaución por Pepa, las vacas asturianas están muy escamadas con el tema de los lobos y la consideran una amenaza.  Pedro Yubero, su veterinario y también un gran aficionado a Picos, nos ha advertido varias veces del asunto.  Un par de vacas salen al paso a pesar de que Pepa va atada, blandir un buen palo al aire y un par de voces en tono pastor las hacen cambiar de idea.

 Llegamos a una falsa planicie y el camino, que ya se había convertido en sendero desaparece. Veo los picos de mi alrededor e imagino que Peña Rueda es uno de los de la izquierda, Gema cree que hay que seguir de frente.  Recurrimos al track, y es justo la opción que ninguno de los dos había considerado, hay que hacer un giro de 90º a la derecha e ir campo a través hasta recuperar el sendero que hemos perdido unos cincuenta metros atrás.   Con la dirección clara y ya en una resoyante ascensión, volvemos a perder el camino en un nuevo giro, pero ganada la meseta es fácil retomarlo gracias al track.

A partir de aquí los hitos siguen la cornisa de la montaña en dirección lógica de ascenso, ya no necesitamos consultar más el track pues es evidente, pero si miramos ciertas referencias como distancia y altura, para controlar nuestras fuerzas.

La cornisa se vuelve a veces más pina, para relajarse y volver a ponerse pina... Es evidente que estamos cerca, y así es, por fin llegamos al vértice geodésico de la cumbre.  Hemos tardado algo menos de 3 horas.
Autofoto de cumbre
 
Restos del vértice Geodésico de la cumbre
Bajo nuestros pies, un mar de nubes no nos impiden disfrutar de una buena vista de cumbre, podríamos seguir el track haciendo la circular, pero nos inquieta ir a ciegas por un terreno no registrado por el track log, tampoco queremos andar por andar sin visibilidad alguna, y nuestras piernas y patas, simplemente con el hecho de volver por donde hemos venido, ya se van a llevar un buen tute, así que decidimos esta opción tras tomarnos una barrita y visitar la cercana trinchera de la Guerra Civil.

Cima de Peña Rueda desde la trinchera de la Guerra Civil

Bajamos a buen paso, y cuando el terreno lo permite trotamos, Pepa disfruta como una cachorrita y se la ve comandar la bajada con un extraño movimiento circular de rabo... su máxima expresión de felicidad.

5 horas y media después de haber iniciado la excursión, retornamos a Lindes, nos cambiamos la camiseta por una seca de algodón y las zapatillas five ten por nuestras crocs, ya solo falta tomarse la cerveza de celebración.  

En el bar nos reciben con alegría y nosotros nos alegramos un montón de celebrar con ellos nuestra aventura.  Nos sugieren repetir visita en invierno cuando la nieve llega en el pueblo a más de un metro de altura y no decimos que no, por qué ¿y si sí?

Por nosotros encantados. De momento nos vamos a Caldas a darnos un homenaje de despedida en su balneario de aguas termales.

Gema contempla la cima de Peña Rueda desde el mirador de La Cobertoria

jueves, 5 de septiembre de 2013

Asturias: Julio 2013 - 3ª Parte: El Picu Mayor

Martes, 2 de julio de 2013.  Sigo moqueando. El maldito catarro, gripe o lo que sea no afloja.  Estoy mejor, pero no estoy bien.  Quizá un buen plan montañero y una buena sudada ayuden a exorcizar los virus.

Nos calzamos las Five Ten y nos vestimos de excursionistas. Tenemos ganas de conocer la cima del "Picu Mayor", también conocido por los no locales como "El Gorrión".  Pico imponente, que preside el valle de Quirós.

Así que ni demasiado pronto ni demasiado tarde dejamos a pie nuestro campo base en "Las Agüeras" y cruzamos la carretera en dirección a Villaorille. Un cartel antes de cruzar el puente de acceso al pueblo marca la ruta: el PR-Q3 Villaorille-Cueva de la Canal-Picu Mayor
El Picu Mayor o Gorrión (1.235 mts.), preside el  valle.  Este cartel a la entrada de Villaorille, otro en el centro  del pueblo y la marca blanca y amarilla de la Cueva, fueron las únicas balizas del PR que vimos en toda la ruta.
Joaquín, uno de sus cinco habitantes fijos, nos aporta más información y un par de alternativas... Elegimos la ruta "normal" que parte de una pista al final del pueblo y que en rumbo Norte va bordeando la cordillera del Picu Mayor hasta cambiar de vertiente por una cueva escavada en la roca.

Según vamos dejando atrás Villaorille, la pista va internándose en una zona boscosa de gran belleza.   y poco a poco comienza a desdibujarse hasta convertirse en un sendero que desembarca a los pies de un pedrero.

Cuando ya pensábamos que nos iba a tocar sudar la gota gorda pedrero arriba, unas cerradas zetas, se nos presentan salvadoras y nos confirman lo que ya sospechábamos: que la pista y el sendero que hemos dejado atrás, constituían antes un único camino carretero que daba servicio a la antigua economía ganadera del valle.

Quirós es desde luego el paraíso de cualquier etnógrafo con un mínimo de curiosidad. Ahora no es fácil imaginar el valle lleno de gente, de  niños naciendo, envejeciendo y muriendo aquí.  Pero aun a día de hoy, están muy presentes las huellas de su pasado minero. Tuvieron tren, industria y una economía rural próspera.  Hoy los pueblos se quedan vacíos y las casas que se restauran son casi en su totalidad segundas residencias de urbanitas o quirosanos emigrados a la vecina capital ovetense.

Al terminar de sortear las zetas, el camino está tan desdibujado que dudamos si estaremos yendo en la buena dirección.  Unos mastines nos detectan desde un collado y nos ladran amenazadores.  Están lejos pero aparentemente en algún momento hemos de tomar su dirección. Seguimos avanzando un poco preocupados y dispuestos a darnos la vuelta ante una eventual escalada de tensión.  Finalmente damos con la cueva, y la tercera y última marca blanca y amarilla de toda la ruta. Pintura no es que se haya derrochado precisamente. Nos animamos por confirmar que estamos en la buena dirección, pero las facilidades acababan de terminarse. 

La otra cara de la sierra está exultante de vegetación.  El 2013 venía equipado con una de las primaveras más lluviosas que se recuerdan.  La lluvia y la ausencia de tránsito humano han constituido el soporte necesario para llevar al viejo bosque a un inesperado apogeo.

 No hay palabras para describir tanta belleza, de verdad que no las hay. Hemos visto cosas bellas, pero esto es una exhibición... Helechos de casi metro y medio, el musgo tapizando las rocas, los árboles...  es imposible de describir y emocionar, hay que verlo, llenarse los pies de barro y mojarse los calcetines, hay que soportar el sudor que empapa nuestra piel por el bochorno de toda esta humedad y por el esfuerzo del paseo, hay que saber valorar que los paisajes más bellos suelen ser los menos cómodos y este no es una excepción.  Es el precio a pagar y es un precio bastante justo.


El apoteosis es la llegada a la braña de Quintaneiru.  Está abandonada, como casi todas ellas. La actividad ganadera ha disminuido tanto que los pueblos se despoblaron, se descuidaron los caminos y ahora solo se yerguen como monumentos a la memoria de un pasado rural en el que la vida en las ciudades no era más que un modo de vida alternativo.

Braña de Quintaneiru


A partir de aquí nos despistamos, seguimos un camino que no lleva una dirección coherente y que al poco comienza a descender... pronto comprendemos que hemos de dar la vuelta. Regresamos a la braña de Quintaneiru y reponemos fuerzas, dudamos sobre que hacer y aunque probamos alguna que otra alternativa nos acabamos dando por vencidos y satisfechos.  Mi cuerpo ha respondido hasta este punto pero no me quedan más pilas que las necesarias para volver.

Estamos contentos, la ruta ha sido preciosa y nos quedamos con ganas de a rematarla.

Epílogo

Joaquín nos pregunta en Villaorille  que tal nos ha ido, le resumimos nuestra aventura y nos aclara donde nos despistamos y la dirección correcta que deberíamos haber seguido desde la Braña.

Le debemos de caer bien, o más sencillamente tiene ganas de hablar y nos cuenta historias que para mi son un regalo:  De como era la vida allí cuando el era niño, de las carretas tiradas por bueyes primero y luego por caballos que subían a la Braña, de los trabajos comunales de los vecinos para mantener en buen estado los caminos y lo unidos que estaban... La gran mayoría emigró a la ciudad, sólo el resistió la tentación ovetense para seguir orgulloso en su pueblo ganándose la vida con sus gallinas y sus vacas.

lunes, 22 de julio de 2013

Asturias: Julio 2013 - 2ª parte "Gulpiyuri y Playa de la Huelga"

Son las 9 de la mañana, el despertador nos arranca definitivamente de los brazos de Morfeo, tenemos mucho que hacer.  Para comenzar un largo desayuno en nuestra mesa favorita del área recreativa de las Agüeras.  El almuerzo incluye café con leche en polvo y tostadas con mantequilla y mermelada.  La señorita Pepis tomará lo de siempre que no pueda evitarlo. El tema de conversación: Hacia donde encaminar nuestros pasos.  El tiempo nublado pretende ser un factor de decisión.

El señor Isidro, con el que coincidimos en la fuente, influye:  "Va a hacer un buen día".  Gema y yo miramos al cielo y luego nos sonreímos:  El día amenaza lluvia, pero don Isidro quiere que levantemos el vuelo.   Es tan sutil la formula empleada, que nos parece hasta tierna.  Me sigo encontrando sin fuerzas para alternativas más físicas y quiero repetir visita a Gulpiyuri.  Gema menciona que nos separan casi 100 Km.  pero el espacio-tiempo ha cobrado otra dimensión y nos ponemos en marcha.

Durante el trayecto, a veces chispea (orbaya) y nos animamos pensando que quizás dispongamos de Gulpiyuri para nosotros solos.  Casi acertamos.  Solo nos acompaña una pareja joven que nos mira con el mismo pensamiento receloso que nosotros les dedicamos: "Qué bien si os hubierais quedado en vuestra casa

La marea está baja, tan baja que casi no hay mar.  Recordemos que Gulpiyuri es una espectacular playa de interior (Sin haberla visto, visualizar el concepto no es nada fácil), hacerla una foto en estas condiciones es como ponerse en el carnet de identidad una  en la que vuelves del monte después de una semana asalvajado, con la ropa sucia  y sin ducharte... Si, eres tú, pero no hay que hacerse tanta publicidad.

Aun así disfrutamos (los tres) de un buen bocata de lomo y, a pesar del frío, nos bañamos lo que se dejaba el mar, hasta los tobillos. Jugar a "Atrapar a Pepa" es tarea suficiente para entrar en calor y liberar todas las endorfinas disponibles.

Cuando nos saciamos de Gulpiyuri nos subimos de nuevo a la furgo y recorremos por una pista llena de baches, la distancia que nos separa de una playa de ensueño: La Playa de la Huelga.

Si Gulpiyuri es mágica, la Playa de la Huelga es cum laude en belleza. Cierra los ojos. Imagina que aparcas el coche en una pradera de exultante verdor destinada a la siembra. Ahora recorres andando unos pocos metros por una pista que desemboca en un arroyo de agua totalmente cristalina que viene de un viejo molino en medio del bosque y que sale  al encuentro del mar en una franja de arena tostada.  A pocos metros de la orilla un arco de roca sirve de cobijo a las aves...  _No estás solo, tu chica te acompaña y juntos contempláis como tu perro juega con las olas.


Este lugar existe, se llama Playa de la huelga y ojalá nadie venga nunca a conocerlo.   En su defecto, si acudís, disfrutadlo y no permitáis que queden mas huellas de vuestro paso que las que dejéis efimeramente en la arena. (Perdonar que sea pesado con la no excepcionalidad de lo que gente normalmente cívica entiende como excepcionable, lo del papel higiénico o las cáscaras de las naranjas... Que no cuesta nada meterlos en una bolsa y luego tirarlos a un contendor)
 
El arroyo que desemboca en el mar es en realidad el Río San Cecilio.


El característico arco de roca se llama "Castro de las Gaviotas", mis fotos no están mal, pero si quieres ver la playa desde objetivos más profesionales visita: http://seraporfotos.blogspot.com.es/2013/03/manana-playera.html

No es nuestra mejor foto pero no me importaría repetir este momento 50 millones de veces en mi vida.
 Después de que sintieramos que era el momento de partir, partimos de vuelta a Quirós, a nuestro lugar en Las Agüeras y para encaminar nuestros pies en el tradicional paseo por Villaorille donde un pequeño hormigueo me recorre el estómago, quizás debí haber sido valiente y comprar aquella preciosa casa en ruinas. Quizás si o quizás no.  La han vendido y tampoco es motivo de tristeza, nuestro rinconcito en las Agüeras y nuestra casa rodante son privilegios suficientes que un día podemos no tener.  Carpe Diem.



Asturias: Julio 2013 - 1ª Parte "La llegada"

 Un día cualquiera, pongamos un 29 de junio, te levantas y sigues teniendo fiebre, tu nariz hinchada y enrojecida como un tomate continua chorreando mocos en el enésimo Kleenex de la semana, y sigues apostando toda tu fe a ese gran invento de la humanidad denominado Frenadol.

Ese día en el que te sientes bastante lejos de tu mejor versión, resulta que  es el primero de los únicos 12 que tienes de vacaciones en todo el año y quizás los únicos 12 días libres y remunerados de los últimos dos. Así que sin ofrecer concesiones a un cuerpo que te pide a gritos tirarse en el sillón, nos ponemos pesadamente en movimiento a golpe de un despertador menos severo de lo habitual y, un par de horas más tarde nos hallamos subidos en la furgoneta dirección al Paraiso, también denominado por algunos como simplemente "Asturias".

Escapamos de Madrid justo antes de que arrivase la ola de calor brutal que convierte los meses de julio y agosto en un, escógase entre: "Aquí no hay quien viva" o "Sálvese quien pueda"

Gema, la Pepa y yo, no echaremos de menos ni un solo segundo de estos doce días, nuestra por otra parte, también querida tierra madrileña.

Esta vez no tenemos un plan, solo tres directrices: Quiros, Picos y lo que nos apetezca al ritmo que nos plazca.  No tenemos prisa por llegar, las vacaciones son en si mismas "un viaje" que arranca desde el mismo momento en el que empiezas a meter trastos en la furgoneta y que acaban cuando los sacas.   Por una vez obviamos los atajos en forma de peajes, y nos lanzamos a la experiencia de los puertos de montaña.   Como diría el anuncio ¡...Acierto!

El Puerto de los Leones, Pajares y La Cobertoria  nos confirman que nos gusta conducir, que no nos gusta pagar por quintuplicado lo que ya se nos ha descontado en impuestos, y que hay lugares por los que merece la pena pasar.

Coronando la Cobertoria encontramos una empinada pista de tierra señalizando la ubicacion de la "Necropolis Megalítica de la Cobertoria".  Nos interesa todo lo que tenga que ver con Quirós y por si fuera poco es la hora de comerse un bocadillo, razones no nos faltan para meter primera y orientar el morro de la furgo hacia lo alto de la empinada pista.



Prau Llagüezos: Por casualidad dimos con este trozo de paraíso donde el primer domingo de julio se celebra la fiesta del cordero.  Recomiendo leer el siguiente enlace que resume la historia del refugio y de dicha fiesta, porque no tiene desperdicio: http://www.vivirasturias.com/asturias/quiros/fiesta-del-cordero-en-el-prau-llaguezos/es
 La pista termina en una pradera de cuento, el "Prau Llagüenzos", jalonada de acevos, cabañita incluida y manada de caballos Asturcones.  Por muy tarugo que seas con la fotografía, con que dispares al azar obtendras hermosas fotos y estarás viviendo un sitio encantador... únicamente somos incapaces de dar con las construcciones megalíticas.

El asturcón o pony asturiano pertenece a las razas que habitan desde antaño en los macizos montañosos que van desde la Cordillera Cantábrica a los Pirineos, al menos hay seis subtipos: el asturcón en Asturias, el garrano de Portugal, el caballo galaico en Galicia,  el losito en el norte de Burgos y Palencia, el monchito en Cantabria y la pottoka que pervive en áreas de Navarra y País Vasco.  [texto extraído de la web http://www.senderismoenasturias.es/asturcon.htm, recomiendo su lectura completa]

Nos sentamos a la sombra de un Acevo y a pesar de pincharnos varias veces el culo por sus molestas hojas disfrutamos del bocata y de la naturaleza.   De nuestro paso no quedará mas huella que el recuerdo imborrable en nuestra memoria y las fotografías tomadas, así debe ser.  Así debería de ser en cualquier caso y sin excepción (no, no vale dejar el papel higiénico ni las cáscaras de las naranjas)

 Poco a poco, y a pesar de estar griposo, empiezo a ser consciente de donde estoy y de lo que me gusta estar aquí, se que Gema no comparte al 100% esta pasión por este lugar llamado Quirós, pero al menos si cuento con su 75% y el 100% del de Pepa.   Las mentes analíticas, realistas y prácticas se meten menos ostias contra el suelo y me evitan a mi, impulsivo, pasional y a menudo irracional envestir contra molinos de viento.  Al final es una simbiosis como otra cualquiera.

Tras un emocionante regreso a la carretera y un poco más de diésel quemado, aparcamos en el parkin de Aciera. En seguida empiezan los reencuentros "Jose Antonio" en el mismo lugar de la última vez controlando el cotarro del parkin, Coqui y Carlos "El de Oviedo" en la misma mesa, con la misma jarra de cerveza y bolsa de patatas de sobre. Alberto detrás del mostrador. Sí, nos falta Araceli que se ha jubilado, pero como Quirós marca un guión con marcada tendencia a las historias agradables,  pronto salta al escenario y podemos cumplir el ritual de plantarla dos besos "uno por mejilla" que diría el gran Sabina.

Puede que a criterio de Pepa faltara algún gato... pero el recuento nunca fue demasiado oficial por lo difícil de su relación.

Mar y Manuel han tomado caminos diferentes, pero en nuestro camino siempre los dos.  En este capítulo en concreto, sólo pudimos contar con Manuel.  Él solo se bastó para destrozar los límites del concepto hospitalidad.   Hemos quedado en una deuda de amistad difícil de saldar.

Después de compartir una divertida cerveza con Coqui y Carlos a costa de las experiencias por Noruega de éste último, nos retiramos a descansar a nuestro rinconcito favorito de Las Agüeras,  donde seríamos observados con resignación por el señor Isidro, que no nos reconoció de otras veces y al que no pudimos a pesar de esforzarnos en ello, de evitar perturbar un mínimo en su cotidiana tranquilidad.
Las Agüeras es una parroquia del concejo asturiano de Quirós (España), y un lugar de dicha parroquia. Su templo parroquial está dedicado a San Vicente.
La parroquia alberga una población de 172 habitantes y ocupa una extensión de 15,89 km². [fuente: Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Las_Ag%C3%BCeras

Continuará...

jueves, 11 de agosto de 2011

Vaciones 2011 II: Asturias: Quirós y Picos.

... Durante nuestra estancia en Almería  alcanzamos una profundidad máxima de -19,5 metros en la inmersión en El Crater de San Andrés.  Después de hacer parada y fonda en Madrid los objetivos verticales sólo tenían el signo más delante.

Guardados en el armario quedaron las máscaras, los tubos, las aletas y los escarpines. En su lugar, el suelo del salón se fue cubriendo con  todo el variopinto material de escalada y montaña del que disponemos. El criterio es el de siempre... Ante la duda nos lo llevamos todo, luego, ya veremos.

Atrás quedaba el blues de las profundidades almerienses, mientras ante nosotros, se nos abría un no menos emocionante paraiso vertical de Rock and Roll rocoso asturiano..

Con la noche envolviéndolo todo,  echamos el freno de mano en el parking de Aciera.  Jose Antonio abroncaba a unos incautos que no se habían pasado por el bar "ni a decir buenos días"... Se nos escapa una sonrisa: Nos alegramos de verle en plena forma.

Estamos medio muertos, así que tras unos fideos "al camping gas" nos metemos en el sobre, pegamos el sello y hasta el día siguiente.

Comienza aquí un período de largos desayunos, de aproximaciones a la escuela de El Llano, de reencuentros con amigos y conocidos y de exploración del entorno...   El domingo nace nublado, así que con mas pachorra que calma subimos al Escalón.  Hay ambiente y en boca de todos está el fatal accidente de Sergio.  Con una sensación mala en el estómago, nos plantamos ante la roca en un dudoso estado de forma anímico y físico...

Poco a poco, día a día, a medida que la mente y el cuerpo se van poniendo a tono vamos recuperando el placer de escalar.   De menos a más, repetimos todas las vías que ya tenemos en la libreta y alguna que aunque no consta ya hemos probado; canto a canto, paso a paso, busco las sensaciones que tanto me enganchan.

Gema suda miedo.   El atasco mental es difícil de explicar.   En su interior lo intenta, pero fuera sus músculos no se mueven.   Aun así la lucha de cada día nos hace sentir bien. Ninguna frustración resiste a la sensación de hacer lo que te apetece en cada momento. 

El mártes por fin visitamos Somiedo,  era una de las cláusulas condición sine quanum, para viajar a Asturias. 

De camino, aconsejados por Manuel, paramos en Teverga para aprovisionarnos de bollos preñados y empanada en la recomendable panadería "La Rápida". Precios populares y gran calidad en sus productos. La vida es fácil cuando los colegas te abren huella en estos asuntos.

En  Pola de Somiedo existe un Centro de Interpretación y Recepción de Visitantes donde nos facilitan un mapa y nos proponen un trekking que nos llevará a conocer desde "Valle de Lago" (el pueblo)  el Lago del Valle (el lago)   PR.AS - 15.1 este último,  es con sus 24 hectáreas, el de mayor superficie de Asturias

Durante el camino atravésamos algunas brañas, que al contratio de lo que yo pensaba no es el nombre de la cabaña con el característico techo de paja sino el de los terrenos ricos en pastos y agua de los puertos, donde se llevaba al ganado desde la primavera y hasta el otoño.  Algunas de las construcciones de estas brañas son las típicas edificaciones  rústicas, hechas de piedra y paja que principalmente servían para guardar el ganado, aunque en algunas también, se guardaba la paja o servían  de dormitorio al propio pastor.


Además de otras especies más habituales como el venado y el rebeco, en Somiedo encuentran su habitat otras más difíciles de ver como el urogallo, el oso pardo y el lobo... Aunque no será precisamente en esta ruta donde más posibilidades tendremos de avistarlos.



Prolongamos la excursión dando la vuelta al lago para observarlo en toda su perspectiva.  No nos sobra ninguno de los pasos dados.

A la vuelta de Somiedo, pasamos un par de días más escalando en Quirós, poco a poco nos hemos ido poniendo en forma y nuestras piernas nos llevan a pie de vía con menos dificultad.  Manuel nos informa de que hay previstos un mínimo de tres días de buen tiempo. Es el momento de ir a Picos.

En Poncebos, el parking del funicular nos sirve de campo base. Un cartel prohibe expresamente la pernocta de autocarabanas y rulottes... No nos incluímos en ninguna de esas categorías, aun así intentamos no llamar demasiado la atención y como se ve en la foto, pasamos totalmente desapercibidos.


Empieza ahora la parte más aventurera de nuestra estancia en Asturias, y la primera dificultad con la que nos encontramos fue decidir que llevar.   Una vez más pecamos de novatos y llenamos las mochilas a reventar. En realidad no sabemos resolver la cuestión acerca de si hacíamos bien llevando más cosas por el hecho de ser novatos y por tanto más propensos a meternos en líos o si por ser novatos llevábamos cosas de más y por ello íbamos a ser más propensos a meternos en líos... Qué parece lo mismo, pero no lo es.

Lo que sí teníamos claro es que Pepa llevaría su comida, la correa, sus botas y una pomada que nos habían recomendado para sus pezuñas.   También sopesamos la posibilidad de que llevara su propia agua, pero nos dió pena al verla tan poquita cosa  y dejamos esa botella en el coche.



La primera etapa nos llevó en casi 14 kilómetros desde Poncebos,  a 226 metros sobre el nivel del mar, hasta el refugio Jose Ramón Lueje, en el Jou de Cabrones, a 2.083 metros, pasando por Bulnes, la Canal de Amuesa y las Cuestas del Trave... tenemos los waypoint y el camino esta marcado... solo queda sudarlo.

La Canal de Amuesa no presenta ninguna dificultad técnica, pero sí una gran inclinación que unida al desnivel acumulado desde Poncebos la hace especialmente dura.  Además pica el sol y es el día en el que porteamos más peso ya que llevamos íntegra la comida para varios días.

Una de estas construcciones fue el antiguo refugio vigón

Ganar el Collado de la Cima nos supuso un gran esfuerzo pero allí estábamos... nos detenemos unos minutos para  tomarnos un respiro y aprovechamos para hacerle algunas fotos a la Majada de Amuesa donde estaba el antigüo Refugio Vigón hoy en desuso.  La tranquilidad dura poco porque las vacas tienen terneros jóvenes y andan mosquedas con la Pepa.   Repuesto el resuello nos ponemos en marcha hacia nuestro destino antes de que acaben por envestirla.



Hemos superado el desnivel más pronunciado, pero aun nos quedan más de 600 metros hasta alcanzar la cota del Refugio de Cabrones. Las Cuestas del Trave, más suaves, nos permiten avanzar mucho más antes de darnos los descansos.






El sendero, tras las Campas del Trave da paso a un caos de bloques donde hay que estar atento a los hitos y a las marcas blancas y amarillas para no desorientarse.

Algunos pequeños pasos conflictivos están protegidos por una cuerda a modo de pasamanos.  No son difíciles pero las cuerdas añaden un nesario plus de seguridad.   Otros requerirán nuestra habilidad para destrepar algunas placas bien marcadas.

Después de un solitario ascenso comenzamos a cruzarnos con algunos montañeros, sin preguntar caemos en la cuenta de que debemos estar muy cerca de nuestro destino y así es, una vez cruzado un pequeño collado aparece ante nuestros ojos el Refugio Juan Ramon Lueje.  Hemos tardado 6 horas y media desde Poncebos, un horario razonable y estamos muy contentos.


Una vez en el Refugio lo primero que hacemos tras ser recibidos por el guarda, un tío hospitalario y que además trata muy bien a Pepa, es hidratarnos convenientemente a base de Coca-Colas.

Tras un pequeño periodo de recuperación buscamos un sitio para plantar la tienda e instalarnos.    

Cenamos pronto, miramos los mapas y repasamos el itinerario del día siguiente... todo ello sin demasiada concentración pues estamos muy agotados y nos quedamos fritos tras contemplar la puesta de sol con las primeras sombras del anochecer.  
Puesta de sol sobre las Agujas de Cabrones