viernes, 17 de enero de 2014

¿Se puede escalar en El Vellón?

El título de la entrada es una pregunta que suelo lanzar a Google y a la cual no siempre encuentro una respuesta actualizada.

 Contribuyendo a la información general sobre el mundo de la escalada y actualizando la cuestión al día de ayer 16 de enero de 2014, la respuesta es No,   con las excepciones del sector la Buhardilla o Los Bloques.

Hasta hacía una semana se podía escalar en los sectores principales hasta la vía "El Escorpión", las lluvias de los últimos días han subido el agua anegando prácticamente todos los pies de vía.

Foto tomada el 4 de enero de 2014, aunque no lo parezca el pie de vía aun permitía ciertas licencias.
Las fotos son de hace una semana, cuando el nivel del embalse aun daba cierta cancha a las aventuras verticales.
El día 16 de enero este estrecho pie de vía estaba anegado

Los distintos aspectos estacionales de este lugar siempre merecen el paseo.

martes, 14 de enero de 2014

...Los días malos...

...Pues sí, en la escalada, como en cualquier otro ámbito de la vida, no todo es coser y cantar.  También hay días malos, días imprevistos en los que nada sale como debiera, en los que no todo es divertido, y en los que cuesta entender porque se tuercen las cosas.

Estos días, excepcionales claro está,  a veces avisan con, por ejemplo, un inesperado mal humor al levantarse o, simplemente eso que no está muy claro, pero que definimos como  "tener mal cuerpo".

Otras veces, sin embargo, no hay síntomas previos que nos hagan subir la guardia o que nos hagan "verlas venir".   Te levantas animado, te ves fuerte en una aproximación larga y llegas con ganas, dispuesto a vivir las experiencias que llevas imaginando durante la semana laboral... Pero entonces la  vía de calentamiento que has hecho millones de veces y a la que nunca has dado valor, se pone rebelde y te dice, como si te guardase rencor "Tu proyecto del día, soy yo"

Otras veces es tu chica, con la que te entiendes a las mil maravillas, la persona a la que más quieres en el mundo, con la que todo fluye, a la que de repente pierdes el punto y acabas por desesperar o por ser desesperado... a veces es un amigo cabezón, o el cabezón del amigo de tu amigo... o en los peores días una anárquica combinación de todo lo anterior.  

El protocolo de actuación, pasa por la pronta identificación de que se está en uno de esos días.  Darse cuenta rápidamente, es vital para poder salvar algún mueble de la jornada, de lo contrario caerás en un maremagnum de dimes y diretes en el que se dirán y se oirán cosas que nadie piensa ni quiere decir realmente.

Una vez detectado el día "marrón", hay que encapsularlo para que todo lo anormal que suceda durante sus 24 horas muera con el y no contagie a los días venideros: Si no te mueves en la roca, no hay que frustrarse, mejor tomárselo como un entrenamiento y dar todo en cada pegue, ensayar las caídas, determinados gestos... cualquier cosa que sume y nos aporte recursos para cuando vuelvan las musas...  En el caso del amigo o novia poseída lo mejor es paciencia, evitar conversaciones delicadas o preguntas absurdas...  Lo agradecerás cuando sea a ti a quien le pique el  bicho del día rarito.

miércoles, 1 de enero de 2014

Five Ten Anasazi de cordones verde o Anasazi Lace Up - verde

Anasazi Lace Up - verde

Tenía ganas de dedicar unas líneas a este modelo de pie de gato de Five Ten, pero aunque los adquirí en 2011, hasta ahora no los había rodado lo suficiente como para  sacar conclusiones de cierto peso. Lo que vas a leer aquí se fundamenta en un uso frecuente (2 días por semana) en los últimos 3 meses y  esporádico en los anteriores 21, en vías tanto de caliza como de granito a partir del 6b.

Este análisis no es el que más trabajo de campo lleva detrás, ni yo he estado en mi mejor momento como escalador, así que es posible que con un uso más intensivo revise esta entrada y matice algunas de sus conclusiones.

La primera, es que me hubiera venido bien no apurar tanto con la talla.  Cuando los compré estaba escalando a mi máximo nivel (7a ensayado) y quería un par de gatos que sustituyeran a mis viejos y fantásticos Five Ten Anasazi de Velcro (hoy, ante el aumento de la gama Anasazi habría que especificar  "Five Ten Anasazi VCS - Golden Tan")  y, que además sirvieran para alternarlos con mis favoritos Sportiva Miura.  Si hubiera seguido mi criterio habitual con los gatos de la marca,  me hubiera comprado la talla 42,5 pero aquí me dio por apurar a la 42, y evidentemente, me equivoqué.

En Five Ten, medio número menos que la talla de calle, es más que suficiente para obtener unos gatos ajustados y soportables.  La piel sintética que utilizan tiene la peculiaridad de casi no ceder y domarlos supuso para mi un  suplicio que no duró solo dos días.

Por tanto, no puedo hablar de su comodidad inicial, ya que mi estupidez me llevo a pasar un tiempo sufriendo las de Caín, pero si de otros aspectos a los que me referiré ahora:

Sus cordones son algo toscos y lleva un tiempo ceñirlos convenientemente, por contra, no se aflojan nunca y reparten muy bien la presión a lo largo del pie.

La lengueta tiene cosido un mullido con un tacto muy agradable y cuenta con poros para facilitar la evacuación del sudor... Esto mitiga  un aspecto bastante desagradable de los Anasazi de Velcro, el olor a pie podrido que adquirían casi desde el comienzo de su uso. 

La horma que marca la personalidad del gato, es ligeramente asimétrica, culmina en una puntera bastante afilada y presenta una buena capacidad de canteo.  Bien para pequeñas ñapas que haya que puntear y no excelente para cantear sobre ellas.  Al menos, no excelente si los comparamos con sus hermanos de velcro, que los mejoran en este aspecto.

La suela que traen de fábrica es la Five Ten Onyx. A a mi no me gusta. Me resultó demasiado blanda y por tanto demasiado específica para escalar con mucho frío. En los Brezos hace un par de años cuando ya empezaba a asomarse la primavera, la degradación de las gomas con cada patinazo era más que evidente.  Es la suela que antes he tenido que sustituir desde que escalo.   Quizás sea una suela que con mucho frío aguante bien en adherencia pura o en caliza, pero no en placas de granito en las que haya que apurar regletas o ñapitas, además de flexar por su baja consistencia, se deshace como la goma de borrar.

Siempre he recauchutado los gatos de la marca Five Ten con las suelas de la casa Stealth C4 y los demás con las distintas gamas de Vibram.   La C4 es una muy buena goma que no tiene  nada que envidiar a la XS Grip, sin embargo, esta vez estaba tan decepcionado con la Onyx, que cometí una herejía y recauchute los Anasazi Verde con suelas de la competencia, las Vibram Edge, cuyas características  antagónicas a las de la Onyx son dureza, duración y diversidad de usos.

En cuanto a la entresuela, estos gatos son poco flexibles de primeras y el hecho de haberlos comprado pequeños enfatiza aun más esa sensación. He tenido que esperar a rodarlos lo suficiente y a que cedieran un poco para poder sentirme agusto con ellos en placas de adherencia. Pero si la dureza de la entresuela puede ser un handicap en vías de adherencia pura,  es todo lo contrario en el resto de tipos de escalada y garantiza una mayor duración al gato. 

La sensación del pie en el gato es, a pesar de la talla, de un ajuste bien pensado y los dolores derivados del error en la talla solo se manifestaban rotundos en vías de adherencia que no permitieran descargar al pie de parte del peso del escalador.

Resumiendo:

-Talla:  Como regla general estará bien medio número menos que la de calle. La piel sintética del gato apenas cederá.
-Horma adecuada para un ancho de pie estándar. Su asimetría no acusada y la puntera afilada se adaptará bien a aquellos que tengan el 2º dedo del pie más largo que el gordo.
-Cordones: Los cordones son un poco coñazo de ajustar y desajustar, pero cumplen su misión muy bien y no se aflojan durante la escalada.
 -Entresuela: De primeras algo dura. A larga, es más una cualidad que un defecto.  El gato necesita rodaje para dar su cien por cien, pero también durará más sin deshormarse.
-Suela: La Onyx es una suela más blanda que la C4 y por tanto en teoría más adherente y en la práctica (sin ningún genero de dudas) mucho menos duradera.  A mí no me ha gustado nada.  Pero eso no la desacredita.  Solo soy un usuario más.   Tino Nuñez es un profesional de esto y le leí una vez un comentario suyo en un blog en el que recomendaba esta suela. Coleto, otra voz autorizada, siempre recomienda en la gama de Five Ten, la Stealth C4 antes que la Onyx. Yo comparto su opinión.
Anasazi lace up Verde-Material: Piel artificial. El tacto está muy conseguido, parece menos artificial que la de los Anasazi  velcro de toda la vida y transpira mejor.
-Uso: técnico. Este gato no está hecho para entrenar en el roco, ni para ser machacado en quintos o 6a. Tampoco es el gato ideal para largas trepadas en clásicas.  Estos son gatos pensados para apretar el grado y fulminar los proyectos.
-Rendimiento:  Lo más subjetivo y lo más probable que revise con el tiempo... De todos los anteriores modelos escribí tras un uso mucho mayor...  En general bueno, pero inferior al Miura en capacidad de punteo y canteo.   También me pareció inferior en este aspecto al Anasazi de Velcro. Inferior a estos pepinos no quiere decir que no sea un excelente material y no haya quien encuentre en ellos la herramienta ideal para encadenarlo todo.   El rendimiento es algo subjetivo que depende mucho de los gustos y de a lo que te acostumbres.
-Precio: En este caso soy poco útil, los compré en Andorra en noviembre de 2011, en la tienda Alpesport y me costaron 75 euros.  Barrabés los tiene en su web hoy, enero de 2014, por 109 euros.
-Apreciación: Si los Miura no te van bien por tener el 2º dedo del pie más largo que el gordo, puede que estos gatos te vayan como un guante, porque son bien ceñidos y la horma de Five Ten siempre se a adapatado mejor a ese tipo de pies que los gatos más asimétricos de la Sportiva.
-Valoración final:  Un gato polivalente limitado por su suela,  robusto, bien construido que transpira bien y con un buen look, pero que no aporta mayores prestaciones en cuanto al rendimiento puro que los clásicos  Five Ten de velcro.  A mi me gustan, pero aun siendo fan y buen cliente de Five Ten, no lo suficiente como para repetir con ellos.

"Las joyas de Leganés"

Una de las cosas que suelo hacer, cuando me peleo con una vía o cuando tengo pensado ir a un sector, es poner el nombre de la vía o del sector en cuestión en Google, y ver que dice la gente de esos objetivos que me "inquietan".

En honor a la verdad, en el inicio de este blog, contribuir a la información sobre este particular, fue una de las motivaciones, y aun sigue siéndolo:


El sábado 28 de diciembre, con la Pedriza sorprendentemente vacía, nos dejamos caer de nuevo por Musgogénesis Inferior a materializar la realización de "Las joyas de Leganés" (6c+), una vía que en 2010 ya sufrió mi acoso y auto derribo.  Las vías que tienen el paso duro al principio son para mi frustrantes, pues los resbalones, patinazos y demás se hacen casi a ras del suelo y dejan una sensación ridícula que no se tiene si haces eso mismo un par de metros más arriba.

Antes de convertirse en un sector de escalada, las paredes de Musgogénesis debbieron tener un aspecto general parecido al de  este "reducto".

Tres años más tarde, el 22 de diciembre de 2013, regresamos bien acompañados al lugar del crimen, y volvemos a analizar el escenario para una nueva revisión de los hechos, lo que culmina en una secuencia que desplazaba la vía de la categoría de "Imposible" a "Factible" y desde entonces queda  pendiente entre ceja y ceja.
Gema

La vía concentra toda su dificultad en los pocos metros que lleva el alcanzar el segundo seguro, en el que por cierto, conviene tener la 2ª cinta puesta (y que sea tirando a larga), para poderla chapar bien desde zona segura y no jugarse una mala caída.

Los dos pasos duros aglutinan en metro y medio mini ñapas, regletinas y un movimiento específico con el que hay que dar:  A vista es 6c+, con la secuencia aprendida es bastante más asequible, quizás 6b+ o 6b. El resto de la vía es fácil.
 

De Musgogénesis Inferior ya solo me queda por encadenar "Fernandización", pero para volver a encadenar un 7a aun me queda mucho trigo por cortar.


Fernandización (7a), micro vía pendiente y al límite de mis posibilidades

Sale el 2013 y entra en su lugar el 2014.

Mientras aporreo las teclas de mi ordenador de sobremesa, en la otra habitación el 2013 yace cadáver.  El rey ha muerto, larga vida al rey.

Mientras muchos escupen sobre su cara, otros, menos castigados por la crisis, hacemos un balance menos negativo.  El 2014 debe ser un año mejor para este país.  Es imperativo o la fortuna individual de algunos, acabará asociándose a la del resto del pasaje de un barco que se hunde.   Es imperativo, pero no es ni mucho menos una certeza.  El timonel es un inepto... pero también el capitán, el segundo de abordo y los que pretenden tomar el mando... No nos dejamos engañar, la crisis económica es sólo un síntoma más de la crisis de honradez.

Las rocas siguen en pie y nosotros de momento también, el 2013 tuvo detalles con nosotros y fuimos a despedirlo como sabemos.

La previsión del 31 de diciembre era de lluvia débil y niebla, y eso encontramos.   AEMET, si sabes buscar, lo clava.  La previsión también decía que la evolución climatologica sería tendente a la no precipitación, y a ese clavo nos agarramos.

En el parking de Quebrantaherraduras creímos apostar a caballo perdedor:  Niebla densa mezclada a ratos con chirimiri, suelo empapado y ambiente húmedo.  Tentados estuvimos de dejar los bártulos en el maletero y unir nuestros intereses a los de Antonio...  La pereza y una previsión aun menos alagüeña para el fin de semana nos mantuvo en la idea original.

La realidad puede sacar los colores a cualquier  elucubración... No eramos los únicos apostantes y además, con matices,  se podía escalar. Había un par de chicos haciendo búlder y una cordada metida en "Kyra" (6b).  Nosotros disponíamos de "Casa de los bichos" (6a) y poco más tarde también de "Kyra" y su prolongación "El que ronque paga" (6c). Todas ellas vías de canto y netamente desplomadas. 

El desplome mantenía la roca de ambas vías a resguardo de la humedad, pero la niebla  hacía que estuviera helada.  Dimos 5 pegues cada uno y aunqué allí ya no quedaba nadie más que nosotros, no fuimos capaces de ser lo suficientemente fuertes mentalmente como para dar un sexto pegue que nos hubiera hecho culminar un gran entrenamiento además de una buena jornada.

Al nuevo 2014 le pido lo que le pedimos todos, y lo que le pedimos a todos, y a modo particular, circunscrito al ámbito de la escalada un poco más de fuerza mental para Gema y para mí.

A todo el que se pase por aquí, y haya sido bueno, le deseo un ¡Feliz Año 2014!



El sendero hacia la niebla, en Quebrantaherraduras, como alegoría de un año que se extingue.




miércoles, 25 de diciembre de 2013

...De cuando no solo se vuelve a escribir en un blog... Navidad 2013.



...El ser humano cuenta entre sus cualidades, con una indiscutible,  objetiva y alejada de cualquier debate, que es la capacidad de adaptación.  Nos adaptamos a casi todo: al frío, al calor, a lo bueno, a lo malo, a lo que nos gusta y a lo que no.  Es obvio que la facilidad de adaptación es mayor si la circunstancia en particular nos es favorable, pero esto no deja de ser ni bueno ni malo ni todo lo contrario.  Sin querer filosofar mucho y como todos sabemos, la rutina de lo bueno también tiene su lado malo.

Uno se puede acostumbrar a renunciar a algo que le gusta, como a salir al monte o a no escalar. Al principio le cuesta, luego se resigna y al final se va olvidando de lo mucho que le gustaba o de porque no podía pasar sin las sensaciones que le aportaba.   Pasado un plazo, un día las cadenas vuelven a aflojarse y vuelve a ser dueño de parte de su tiempo.   Entonces, puede que de  vértigo (como dice Sabina) volver a lugares donde fuiste feliz. Sientes pereza, dudas y hasta miedo de haber perdido el sitio. Ya no te consideras a ti mismo un escalador y quizás ya no vuelvas a serlo.  Quizás haya cambiado todo.

Hablo en tercera persona, pero es también mi historia, el volver a encadenar un 7a no era la cuestión, la cuestión era, si seríamos capaces de volver a juntar las piezas del puzle, de volver a encontrar el sitio que un día tuvimos que dejar y si nos volverían a saber igual las raciones y las cañas en El Manolo, La Jara o el Sol Horrin.

Después de año y medio de haberme alejado gradualmente de todo lo que tuviera que ver con la escalada, Pepa había engordado y parecía más vieja, Gema y yo no compartíamos más que una pequeña parte del fin de semana y mi única válvula de escape era la bici.  Todo lo ocupaban los malditos libros y entre otras, la bendita ley 30/1992.

El día 1 de junio se aflojaron mis cadenas, a finales de julio cruzando el desfiladero de La Hermida me enteré de que esas cadenas tardarían en volverse a apretar, y un anuncio en el Boletín del 30 de septiembre me liberó de ellas para siempre.  Para entonces ya nos habíamos quitado algún kilo de encima y a las suelas de nuestras botas un par de milímetros de goma.   La Pedriza y Picos son buenos lugares para "renaturalizarse"... y aunque estábamos en el camino, no escalábamos.

Quirós, la escuela de escuelas  en mi particular jerarquía de lugares (excluyendo a La Pedriza), nos vio volvernos a poner los pies de gato, pero solo fue algo fugaz... no era el momento aún.  La Pedriza en pleno agosto nos vio intentarlo de nuevo, pero la cosa seguía sin coger ritmo, aun así, nosotros seguíamos sudando la gota gorda rumbo a sectores sombríos como La Cueva de La Mora o Cancho Islazo, y un día dejamos de ir contracorriente y volvimos a Patones y ya no dejamos de fallar a nuestra cita semanal con la roca.  Por el camino, a pesar de no ser yo un tío especialmente sociable, apareció "El Sota" a pocos metros del refugio de Collado Jermoso y volvió a repetir con nosotros nuestra conexión asturiana: Manu.


El Domingo, en una pequeña glorieta junto al Casa Julián en La Pedriza, pasaban los minutos junto a Zulema, Javi, Susana, Enok, y por supuesto Gema y Pepa.   El Moli y Virginia estaban en camino y yo me desesperaba con buen humor porque eran las doce y no arrancábamos a ninguna parte.   No todos ellos son amigos, pero todos sin excepción son gente muy querida y tan necesaria en la escalada como la propia roca.

Un poco de "cara de acelga", muchas risas más tarde y tres pegues a un 6c+ que en mi mejor momento me había resultado imposible, me vuelven a poner en el camino, "Soy capaz de hacer esto" que más da si la encadeno hoy o mañana o ningún día, esto es lo que me gusta hacer, este es mi sitio y esta gente que va y viene es mi gente.
Molina y Javi visualizan los pasos de "Carnes Prietas" y "Huesos Duros" en La Bola junto a Musgogénesis.

Uno se llega a acostumbrar a cosas extrañas, pero cuando vuelve a ganarse su espacio en el lugar en el que le gusta estar y  recupera lugares, personas y hábitos,  entonces  esas costumbres suponen su modo de vida y el espacio que ocupan los límites de su libertad.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Pedriza: Risco de las Bellotas - Guadalix: Peñarrubia

RISCO DE LAS BELLOTAS

...Repetir visita al "Risco de las Bellotas" era algo  pendiente desde que anduvimos por allí el 8 de febrero de 2011 con Javi y Susana.

De aquella vez, además de los gratos recuerdos que acompañan a todas y cada una de las jornadas roqueras que hemos compartido con ellos, quedaron otros asociados principalmente a la vía Alba Marina, (un clásico 6a de tres tiradas) que bajo el regustillo agradable de lo realizado, no se correspondían exactamente con la realidad.

No es un tópico decir que la mente es el principal músculo de la escalada.  Si estás fuerte de coco, subes independientemente de tu estado físico, y si no lo estás, lo normal es que pequeños inconvenientes se traduzcan pronto en un "¡Pilla! o  en un  ¡Bájame!

Tener buen coco no depende de las horas de entrenamiento en el roco, ni tan siquiera exclusivamente de  los días que se suba a escalar (aunque evidentemente esto si tiene más relevancia).  Tener un buen o mal coco puede derivar de causas no reconocibles y que no pasan de lo puntual,  pero también de otras que consisten simplemente en la capacidad de normalización de determinadas situaciones en las que pasamos miedo.

De la Alba Marina yo recordaba un primer largo fácil, sobreequipado con espit, y un segundo con distanciamiento entre seguros y  paso duro de adherencia con caída delicada por ser pendular sobre un espit hecho polvo.

Este sábado no estaba planeado volver a escalar esta vía, pero me vengo abajo intentando chapar el primer seguro de "Con pelos a los lados", que está lejos y aunque no parece difícil, la caída es de las de hacerse papilla. Así que intentamos templar nervios en terreno conocido.

El primer largo de la Alba Marina es casi como lo recordaba, espit cercanos y facilidades de pago en todos sus pasos.  Después del turno de Gema vuelvo a intentarlo, esta vez del tirón hasta la 2ª reunión, los seguros en este largo están bastante más cerca de lo que recordaba y el espit que protege el paso clave, aunque no tiene buena pinta, al menos no se mueve y no está lejos del anterior... Vamos que no era para tanto. Superar el pasito y salir corriendo hasta la "reu" es como coser y cantar. ¡Chupao!

Con la cuerda de 80 metros y con cuidado, soy descolgado hasta el primer seguro de "Con Pelos a los Lados". Desde la vira de roca que hace las veces de zócalo, toco el labio externo de la fisura y noto canto; la cosa es delicada por la caída,  pero el movimiento no es para nada terrorífico. Ahora conozco el tacto del canto y cuento con una cinta larga que reduce las distancias a sensaciones que puedo manejar.


Con Pelos a los lados me dice entre otras cosas que además de no estar en forma (que me lo dicen todas) que soy un tío muy poco polivalente escalando y que no se moverme si me sacas de lo más deportivo.  Me lo dice claramente, porque a ratos voy por dentro de la fisura, a ratos escalo en bavaresa y a ratos voy en Off Width y en todo momento resoplo como jabalí. Además a poco más de media pared desaparecen los seguros...  Así que me tiro por su variante plaquera "Cagando agua", que será 6b+,  pero también una vía en la que se lo que tengo que hacer y no me intimida la separación entre seguros.

Cagando agua tiene un descuelgue intermedio que uso pensando en un segundo pegue en el que incluir el segundo largo.  Llegado el momento, no soy capaz de chapar el primer seguro después de la reunión así que me fijo de nuevo en "Con Pelos a los Lados",  un único espit en medio de la fisura y luego parece que todo acaba en un tumbarral fácil.   Dicho y hecho, la reunión de destino es la del tercer largo de la "Alba Marina", pero como la instalación está bastante venida a menos y cerca de la de "Qué duro caga mi niño", es esta la que uso para volver al suelo.

Un último pegue para demontarlo todo, me sirve de nuevo para exponerme a mis miedos, que es la única manera que funciona de entrenar el autocontrol y normalizar situaciones que me intimidan.

En el pegue logro encadenar alguna secuencia y otras quedan pendientes aun de resolver, pero sobre todo, dejo casi virgen la parte en la que la fisura se ensancha y se escala como un Off Width.

Habrá nuevas visitas al risco, no sólo porque es un lugar tranquilo con una aproximación que requiere un esfuerzo que nos gusta a los tres, sino también, porque una cosa es no encadenar y otra muy distinta no saber escalar.  Este risco tiene cosas que enseñarnos y que queremos aprender, el tiempo que nos lleve y si lo logramos ya veremos

PEÑARRUBIA

Después de Leiva no nos apetecía nada dejar de lado la caliza.  En este regreso a la escalada, Gema y yo coincidimos en no obcecarnos en un único tipo de roca y alternar las escuelas.  Me encanta el granito pero echo mucho de menos los desplomes que son más habituales en roca caliza. Para escalarlos a parte de una buena técnica, hace falta mucha fuerza en los brazos y para tener fuerza en los brazos, entre otras posibilidades, hay que escalar desplomes.

Patones sigue siendo el mejor lugar para escalar vías de canto en Madrid, pero escalar a la sombra, en ese cañón haciendo un sol tan espléndido y no soplando nada de viento, hacía que tuvieramos como primera opción encima de la mesa la de esta escuela satélite de El Vellón a la que también suele caracterizar la habitual soledad y silencio.

Era una buena idea, pero las buenas ideas rara vez tienen un único padre.   Cuando llegamos allí ya hay una cordada. Mientras nos ponemos los arneses y de más fanfarria llegan un grupo de chicos y, luego aquello acaba convirtiéndose en algo parecido a una concentración.

La escuela es pequeña y, un número considerable de sus vías no son nada atractivas para la integridad física por acumular handicaps conocidos como panales de abejas y bloques que se mueven, cuestiones estas que las anula a efectos prácticos. 

No hubo que pedir número, pero casi.

Antonio, Almudena y Zule compartían escuela con nosotros y poco a poco fuimos mezclándonos para escalar.


De nuevo marro un primer pegue "a vista" a un 6a, la vía nº 7 del sector derecho, esta vez no tengo escusa, esta vía es exactamente lo que se me daba bien.  Una vía desplomada de 8 metros. El ego me suelta un "Qué malo eres", pero la razón me consuela, "Vamos a más"

En el 2º pegue pues eso, se fue para la libreta constituyendo el encadenamiento número 31 de los últimos doce meses.

Como otras opciones más sencillas no estaban disponibles, acabamos por puro descarte debajo de "Tocho Desplome" 6b+, que al principio me pareció imposible, y luego factible y siempre una vía cojonuda, de esas que aparecen marcadas en rojo en las guías.

En la Pedri, "Con Pelos a los Lados" me había dicho que si me sacan de lo habitual no se escalar, lo que me dice "Tocho Desplome" es que si quiero disfrutar escalando vías como esta, no me queda otra que entrenar, y me mandó el mártes a sacarme un bono en el roco.

Después de 4 pegues y observar como Antonio resolvía sencillamente los pasos que yo no había visto, di por finalizada mi exhibición.

Una cosa que si hacemos de manera excelente en la escalada, es acabar las sesiones deportivas tomando raciones en los bares. En Guadalix no conocíamos ninguno y Zulema tuvo que llamar al equipo de asesores, para que nos recomendaran uno:  La Tabernita, en la Calle Mayor 76, nos acogió con los brazos abiertos y nos pusieron lo que necesitábamos.   Mucha amabilidad, precio razonable, buena calidad y el tamaño de las raciones justo. Habemus bar en Guadalix.