Después de Dios, la casa de Quirós.
Existen otros lugares bellos en el mundo, pero el nuestro es éste. No
nacimos aquí y tampoco vivimos en este valle, ni siquiera tenemos escriturado a
nuestro nombre un trozo de tierra, una casa, un establo o una cabaña. Lo único
que podemos alegar es que las cosas pertenecen a quien más las quiere, pero
nuestro título de pertenencia no está depositado en ningún registro de la
propiedad... Más bien el valle nos posee a nosotros, primero me embrujó a mí en
aquel primer viaje con Omar y Jonás... y luego, yo he intentado atraer a él a
las personas que más he querido... Conmigo en sus vidas Gema y Pepa no tenían
ninguna oportunidad de escapar a su hechizo.
Hechizados y seducidos nos hemos mantenido constantes año tras año desde el
momento del primer flechazo, pero la idea de que poco podía
sorprendernos ya del concejo de Quirós empezaba a germinar en nuestras
cabezas, si bien, las ideas equivocadas no deberían echar raíces muy
profundas y en este caso, tardamos poco en descubrir que el camino no acaba
donde pensábamos y que razón tenía Sócrates cuando en boca de Platón nos hizo
saber que no sabemos nada.
No es la primera vez que, en vez de mirar hacia las paredes rocosas de El
Llano, al girarnos para contemplar el embalse de Valdemurio y su entorno,
nuestros ojos se detienen en una montaña de
cima plana y alargada que, imponente domina el horizonte. No, no
era la primera vez, pero en esta ocasión
algo la pone en el radar, y como si todo estuviera escrito, diversas
conversaciones cruzadas a pie de "El Escalón" parecen hacerse oír con
el único propósito de empujar la ascensión de "
El Alpamayo asturiano"
a la cabeza de nuestras obsesiones realizables.
A veces las señales del destino son tan abrumadoras que hasta pueden hacer
dudar, pero el destino también tiene recursos
para dar empujoncitos sin que se note, su
recurso en
nuestro caso, es un miembro
de una cordada próxima que, al referirse a Peña Rueda, dice las tres fases que
terminan de hacer virar nuestro rumbo en su dirección: "
Está en Quirós,
se sale desde Lindes y en esta época se sube andando".
Peña Rueda se puso así por
delante de nuestro regreso a Picos o de la visita a Peña Ubiña con quien en
algún momento llegamos a confundirla.
Al día siguiente, decidimos acercarnos a
Lindes sin prisas y con la única intención de
reconocer el terreno que íbamos a pisar. Lindes es uno de los dos pueblos más
apartados de Quirós, y así, un viejo dicho, se refiere a su antigüo aislamiento
de esta manera: "
Lindes y Cortés de
Quirós, la última palabra de la voz".
La carretera parte de Santa Marina, y tras atravesar 11 Km de bosque y minúsculas
parroquias, llega a Lindes, atraviesa el pueblo hasta el final y muere junto al
camino que cogeremos para ir a Peña Rueda.
Allí
mismo, junto a la estética iglesia de Santo Tomás (1930), existe una pradera en
la que se puede aparcar. A pesar de ser
un pueblo "semiabandonado" como lo describe alguien en Internet, no
somos el único vehículo estacionado allí.
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| Iglesia de Santo tomás |
Son las dos de la tarde, el sol aprieta desde lo
más alto de su trayecto y las sombras donde cobijarse escasean.
Dos tipos van y vienen ocupados en sus tareas. Nos relajamos cuando se toman
con tranquilidad la obsesión de Pepa por incordiar a los gatos. Quieren
conversación y nos abordan con un saludo,
antes de preguntar, nos facilitan información sobre la ascensión donde iniciar
la ruta y la dirección buena a tomar tras la primera bifurcación del camino;
también nos recomiendan no hacerla esa tarde, dormir allí y madrugar para
evitar la exposición al sol y también, que al bajar nos tomemos la cerveza de
celebración en su bar.
La información es útil y bien recibida pero ¿Hay un bar? Pues sí, Lindes
cuenta con una pequeña "cantina" que ocupa el edificio de la antigüa
escuela y descubierto este hecho no creemos necesario esperar a la ascensión
para tomarnos ya una cerveza. El hombre al que seguimos dentro es el
"barman" y el otro le estaba echando una mano con la
reconstrucción de la chimenea.
Los bares, independientemente de su tamaño, son siempre origen de encuentros
y de información interesante. Allí nos enteramos de que Lindes, incluyendo todos
sus edificios, la iglesia, ese bar y los terrenos que lo rodean incluyendo Peña
Rueda, pertenece desde muchos años atrás a una misma familia de antigüos
"señoritos", y que de hecho, nuestra visita coincidía con la
presencia de uno de ellos en la parroquia.
Tras una fase de tanteo con respecto a las diferentes opiniones que nos sugieren
las fotos antigüas de las paredes del bar, con el cadáver de algunos osos y sus
felices "abatidores", llegamos a la conclusión de que, es posible el
encuentro entre posturas diferentes siempre y cuando se cumpla en tiempo y
forma lo comprometido por todas las partes.
Por hacer tiempo y por quitarnos del castigo del sol, tomamos el mismo
camino que nos llevará a Peña Rueda pero en sentido descenso, que atravesando
un hayedo, nos deja en 20 minutos en un río con caudal escaso, pero suficiente
para refrescarse y meter las piernas hasta las rodillas. El agua fría las
dejará perfectas para exigirlas al día siguiente.
El lugar es solitario y Pepa está inquieta, pero al mismo tiempo es bonito y
agradable. Comemos allí y nos entretenemos despejando una zona del río de
piedras. Cuando las nubes cubren el poco sol que se filtra hasta allí nos
retiramos sobre nuestros pasos dispuestos a cenar pronto y prepararlo todo para
el día siguiente.
Peña Rueda tiene 2.152
metros, el camino a la cima no es evidente y ocupamos
parte de la tarde en descargarnos de Wikiloc una ruta fiable que copiar al GPS
del móvil, lo logramos aquí:
http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=10100155.
Por cierto, hay poca cobertura en Lindes, el único lugar con buena recepción
está en una especie de escombrera junto a la fachada izquierda de la iglesia,
para acceder a ella puede ser necesario reiniciar el móvil un par de veces,
pero en el lugar adecuado, se pilla hasta 3G.
No os dejéis fiar de aquellos que os digan que el trayecto es muy fácil de
seguir y que está muy marcado, no es así, sin conocer la zona y sin mapa no lo
hubiéramos logrado sin el track. No hay marcas de PR, GR o similar. Un
primer poste en el pueblo indica el sentido en el que hay que tomar el camino y
un segundo poste a unos 20 minutos desdobla el camino, hacia la cima de Peña
Rueda hay que tomar el de la derecha que es difuso al principio, luego quizás
haya alguna zona sin hitos
y senderos
que a veces se difuminan justo antes de un giro de 90º.
Con el track descargado en el móvil desde wikiloc y el GPS con pilas por si
nos quedásemos sin batería, cenamos tranquilos y nos recogemos pronto. Ponemos
el despertador a las 6 de la mañana.
No somos muy de madrugar, cuando suena la alarma aun es de noche, nos
retorcemos y nos concedemos media hora más de sueño.
A la segunda sí va la vencida nos
despertamos, hacemos café y tomamos un par de sandwich casi sin hambre, pero
por tener las pilas bien cargadas.
El camino siempre va en ascenso, y casi lo agradecemos. A la salida del
pueblo hay un abrevadero y una fuente, pero vamos hasta arriba de agua (3 litros cada uno), así
que no nos detenemos y seguimos cogiendo ritmo.
Esta primera parte discurre en medio de un bosque, el sendero es bonito de
andar, no comprendo como Sito pudo decir que esta ascensión no merece la pena.
Atravesamos un primer enclave ganadero, y poco más tarde otro.
Tenemos precaución por Pepa, las vacas
asturianas están muy escamadas con el tema de los lobos y la consideran una
amenaza.
Pedro Yubero, su veterinario y
también un gran aficionado a Picos, nos ha advertido varias veces del
asunto.
Un par de vacas salen al paso a
pesar de que Pepa va atada, blandir un buen palo al aire y un par de voces en
tono pastor las hacen cambiar de idea.
Llegamos a una falsa planicie y el
camino, que ya se había convertido en sendero desaparece. Veo los picos de mi
alrededor e imagino que Peña Rueda es uno de los de la izquierda, Gema cree que
hay que seguir de frente.
Recurrimos al
track, y es justo la opción que ninguno de los dos había considerado, hay que
hacer un giro de 90º a la derecha e ir campo a través hasta recuperar el
sendero que hemos perdido unos cincuenta metros atrás.
Con la dirección clara y ya en una resoyante
ascensión, volvemos a perder el camino en un nuevo giro, pero ganada la meseta
es fácil retomarlo gracias al track.
A partir de aquí los hitos siguen la cornisa de la montaña en dirección
lógica de ascenso, ya no necesitamos consultar más el track pues es evidente,
pero si miramos ciertas referencias como distancia y altura, para controlar
nuestras fuerzas.
La cornisa se vuelve a veces más pina, para relajarse y volver a ponerse
pina... Es evidente que estamos cerca, y así es, por fin llegamos al vértice
geodésico de la cumbre.
Hemos tardado
algo menos de 3 horas.
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| Autofoto de cumbre |
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| Restos del vértice Geodésico de la cumbre |
Bajo nuestros pies, un mar de nubes no nos impiden disfrutar de una buena
vista de cumbre, podríamos seguir el track haciendo la circular, pero nos
inquieta ir a ciegas por un terreno no registrado por el track log, tampoco
queremos andar por andar sin visibilidad alguna, y nuestras piernas y patas,
simplemente con el hecho de volver por donde hemos venido, ya se van a llevar
un buen tute, así que decidimos esta opción tras tomarnos una barrita y visitar
la cercana trinchera de la Guerra Civil.
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| Cima de Peña Rueda desde la trinchera de la Guerra Civil |
Bajamos a buen paso, y cuando el terreno lo permite trotamos, Pepa disfruta
como una cachorrita y se la ve comandar la bajada con un extraño movimiento
circular de rabo... su máxima expresión de felicidad.
5 horas y media después de haber iniciado la excursión, retornamos a Lindes,
nos cambiamos la camiseta por una seca de algodón y las zapatillas five ten por
nuestras crocs, ya solo falta tomarse la cerveza de celebración.
En el bar nos reciben con alegría y nosotros nos alegramos un montón de
celebrar con ellos nuestra aventura.
Nos
sugieren repetir visita en invierno cuando la nieve llega en el pueblo a más de
un metro de altura y no decimos que no, por qué ¿y si sí?
Por nosotros encantados. De momento
nos vamos a Caldas a darnos un homenaje de despedida en su balneario de aguas
termales.
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| Gema contempla la cima de Peña Rueda desde el mirador de La Cobertoria |